La Casa Blanca impulsa una nueva estrategia enfocada en los registros de ciudadanos por estado de cara a las elecciones.
Según lo expuesto por el gobierno de Donald Trump, la medida busca bloquear la participación de extranjeros en los comicios, un fenómeno que el mandatario califica como un problema masivo.
Esta iniciativa revive los esfuerzos de su primer periodo presidencial, cuando intentó incluir una casilla sobre la condición ciudadana en el censo nacional, y se alinea con un proyecto de ley de identificación de votantes que actualmente se encuentra frenado en el Legislativo.
La orden ejecutiva ya enfrenta resistencia en los tribunales por parte de sectores demócratas y organizaciones civiles. El argumento central de las demandas es que la Casa Blanca carece de facultades constitucionales para intervenir de esta forma en los procesos electorales.
Incluso, durante los litigios iniciales, los mismos representantes del Departamento de Justicia admitieron que las bases de datos resultantes no serían del todo confiables para depurar los censos de votantes.
El plan también choca de frente con las normativas vigentes sobre la protección de datos personales. Leyes que datan de 1970 prohíben estrictamente el intercambio de información confidencial entre dependencias públicas sin una autorización previa por escrito o un marco muy específico.
Esto se da en el marco de recibir a miles de extranjeros gracias al Mundial 2026.
Precisamente, en el barrio de Little Haiti, como en otros lugares de la ciudad, la alcaldía de Nueva York intenta vincular sus barrios de inmigrantes con el Mundial de fútbol, a pesar del clima de abatimiento que se ha instalado en comunidades fragilizadas por la política migratoria del gobierno de Donald Trump.
En esta zona de Flatbush, en Brooklyn, que recuerda en cierto modo a Puerto Príncipe, unas calles comerciales antaño animadas están hoy notablemente más tranquilas.
Desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump, en enero de 2025, Mahalia Desrosiers, jefa de proyecto de la asociación local Little Haiti BK, ha visto cómo algunos comercios cerraban sus puertas, aunque el barrio no haya sido objeto de redadas policiales como en otras ciudades.
Pero con Haití participando por primera vez en el Mundial en 52 años, el acontecimiento podría “dar a la gente una sensación de vida, de esperanza, de energía”, dice a la AFP.
“Los haitianos van a poner su bandera por todas partes. Vamos a pintar esta ciudad de rojo y azul”, se entusiasma.
Antes del pitido inicial el 11 de junio, equipos de la alcaldía de la ciudad, dirigida por el demócrata Zohran Mamdani, nacido en una familia inmigrante de origen indio, recorren las distintas comunidades para sensibilizarlas sobre las oportunidades comerciales vinculadas a la máxima cita del fútbol.
Información de AFP.