Integrantes de las pandillas Mara Salvatrucha y Mara 18 exhiben sus tatuajes y símbolos mientras conviven en prisiones de máxima seguridad en El Salvador y Estados Unidos. Algunos enfrentan condenas que ascienden a los 47 años de prisión por cargos de asesinato, extorsión y reclutamiento de menores. En sus cuerpos llevan los números y palabras que identifican las 'clicas' o células a las que pertenecen.