El hallazgo de dos personas sin vida dentro de un apartamento en el sector turístico de El Rodadero encendió las alarmas de las autoridades locales. Las víctimas fueron identificadas como Sonia Imelda Piloneta Tapias y su hijo Benjamín Bautista Piloneta, de 22 años, quienes residían en el inmueble desde hacía varios meses.
Un guarda de seguridad del edificio fue quien dio la alerta inicial a las patrullas. Tras la inspección técnica al lugar de los hechos, el secretario de Gobierno de Santa Marta, Camilo George, indicó que los cadáveres no presentaban signos visibles de violencia física, por lo que los exámenes forenses serán determinantes para esclarecer el hecho.
Entre los elementos incautados por el equipo de peritos destaca un documento escrito hallado muy cerca de las víctimas. Manuel Murillo, director de la Fiscalía Seccional Magdalena, confirmó que este hallazgo permitió descartar la hipótesis de un accidente, abriendo paso a la verificación de posible homicidio o suicidio.
Los investigadores analizan minuciosamente el papel para establecer su autenticidad y verificar si fue redactado por alguno de los fallecidos o si se trató de una alteración provocada por un tercero. De forma paralela, la recolección de pruebas se ha trasladado al ámbito tecnológico.
Un computador portátil y varios teléfonos celulares encontrados en la habitación están siendo sometidos a extracción de datos. Los expertos buscan mensajes recientes, historial de navegación en internet y registros de llamadas que permitan reconstruir las últimas horas con vida de ambos ciudadanos bogotanos.
Respecto a Medicina Legal, la entidad trabaja en exámenes toxicológicos para determinar si la ingesta de alguna sustancia química causó el deceso. La Fiscalía aclaró que cualquier conclusión formal depende exclusivamente del informe científico detallado que entregue el instituto en las próximas horas.
Sobre su estancia en la capital del Magdalena, se logró verificar que la mujer y el joven no estaban en condición de turistas. Llevaban cerca de seis meses radicada en el sector, donde el joven laboraba bajo la modalidad virtual para sostener a su madre.
Los vecinos de la unidad residencial manifestaron que madre e hijo mantenían un estilo de vida extremadamente reservado. Quienes interactuaron con ellos aseguraron que se limitaban a cruzar saludos cordiales, sin entablar relaciones profundas ni compartir detalles sobre sus vidas privadas.
En las instalaciones forenses, el caso suma otro punto de incertidumbre ante la falta de allegados. Hasta el momento, nadie se ha presentado a reclamar los restos mortales ni a solicitar información sobre el avance de las indagaciones en la ciudad.
El organismo judicial señaló que el padre del joven y los progenitores de la mujer ya habían fallecido. A pesar de haber rastreado vínculos familiares en las ciudades de Bogotá y Santander, las gestiones telefónicas y de verificación no han arrojado un contacto efectivo hasta la fecha.