La Fuerza de Tarea Conjunta Hércules del Ejército Nacional ha destruido de manera controlada más de 400 artefactos explosivos instalados por grupos armados organizados en el Pacífico sur nariñense en lo que va corrido de 2026, en una labor silenciosa pero determinante que ha evitado que estos elementos continúen poniendo en riesgo la vida de comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes que habitan esa región del país.
El balance operacional acumulado hasta la fecha incluye la neutralización de 332 dispositivos explosivos improvisados y 74 minas antipersona, artefactos que habían sido instalados de manera indiscriminada en caminos veredales, zonas agrícolas y corredores estratégicos utilizados a diario por los habitantes de esa subregión del departamento de Nariño. La cifra total supera los 400 artefactos destruidos, un resultado que las autoridades militares calificaron como uno de los más significativos en materia de desminado y neutralización de explosivos registrados en ese territorio en los últimos años.
Detrás de cada artefacto destruido hay una historia concreta de vida protegida. Un niño que puede caminar con mayor tranquilidad hacia su escuela sin el riesgo de pisar una mina en el camino. Un campesino que puede regresar a sus cultivos sin el temor de que una explosión le arranque una extremidad o la vida. Una familia que conserva la esperanza de que su territorio puede ser, algún día, un lugar más seguro. Esa dimensión humana es la que da verdadero sentido a una labor que, más allá de las cifras operacionales, tiene como único propósito preservar la vida de quienes han aprendido a convivir con la amenaza de los explosivos durante décadas de conflicto armado.
Los resultados han sido posibles gracias al trabajo permanente de los equipos especializados en Explosivos y Demoliciones, EXDE, del Ejército Nacional, cuyos integrantes recorren extensas zonas rurales del Pacífico nariñense para localizar, identificar y destruir estos artefactos bajo estrictos protocolos técnicos y de seguridad. La labor exige preparación especializada, años de experiencia, disciplina operacional y un profundo compromiso con la protección de la vida, en un entorno geográfico complejo donde la selva, los ríos y las condiciones del terreno dificultan cada intervención.
Cada operación de desactivación o destrucción controlada demanda planificación cuidadosa y coordinación entre los distintos elementos de la unidad militar. Los equipos EXDE deben evaluar el tipo de artefacto, su estado, el entorno inmediato y los riesgos para los civiles antes de proceder, en un proceso que puede tomar horas y que en todos los casos prioriza la seguridad de las personas sobre cualquier otro objetivo. El resultado acumulado de más de 400 destrucciones controladas en lo que va de 2026 refleja el ritmo sostenido con el que estos equipos operan en el terreno.
La magnitud del problema que enfrentan las comunidades del Pacífico sur nariñense queda en evidencia con estas cifras. Los grupos armados organizados que operan en esa región han utilizado los artefactos explosivos como herramienta de control territorial, sembrando el miedo en las comunidades y limitando la movilidad de los habitantes en sus propios territorios. Las minas antipersona y los dispositivos improvisados instalados en caminos y zonas agrícolas han cobrado víctimas civiles y militares a lo largo de los años, generando heridas, mutilaciones y muertes que marcan para siempre la vida de las familias afectadas.
Frente a esta realidad, el Ejército Nacional hizo un llamado urgente a la población civil para que no manipule objetos extraños o abandonados en caminos, parcelas, zonas boscosas o cualquier área de tránsito habitual. Ante cualquier hallazgo sospechoso, la recomendación es clara: alejarse del lugar de inmediato, no intentar mover ni examinar el objeto, y reportar el hallazgo a las autoridades militares o policiales más cercanas para que el personal especializado realice una intervención segura y controlada.
De esta manera, la Fuerza de Tarea Hércules reiteró su compromiso de continuar desarrollando operaciones en el Pacífico sur nariñense con el propósito de proteger a las comunidades, fortalecer la presencia institucional del Estado en esa región y contribuir a que los habitantes puedan vivir, trabajar y transitar en condiciones de mayor seguridad. La neutralización de estos 400 artefactos en lo que va de 2026 es un paso en esa dirección, pero también un recordatorio de la magnitud del reto que aún queda por delante en uno de los territorios más afectados por el conflicto armado en Colombia.