Entre 2012 y 2014, 307 miembros de la comunidad han sido asesinados. Líderes dicen estar en medio de dos fuegos: las Farc y la Fuerza Pública. Preocupación.

Al otro lado de la línea Gabriel Paví confiesa tener miedo. Teme enterrar a más compañeros indígenas. Teme que las constantes amenazas de los grupos armados callen la voz de su pueblo Nasa. El consejero de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (Acin) advierte que su comunidad hoy es perseguida por una sola razón: la defensa de su territorio. “Nosotros nunca hemos querido hacer parte de esta guerra, por eso siempre les hemos pedido a los grupos armados que abandonen nuestra tierra”, dice preocupado el hombre que el pasado domingo fue el encargado de dirigir el juicio contra los siete guerrilleros detenidos por el asesinato de dos guardias. Por estos días, cuenta Gabriel, él no es el único que tiene miedo. En cada resguardo, en cada vereda, en cada municipio del norte del Cauca la comunidad teme un nuevo ataque. Y es que en menos de 48 horas, los violentos asesinaron a tres miembros de la Guardia Indígena. Las primeras víctimas fueron Manuel Antonio Tumiñá y Daniel Coicué, quienes fueron atacados el pasado miércoles 5 de noviembre en zona rural de Toribío, cuando les pidieron a guerrilleros de las Farc que desmotaran las vallas que habían instalado en alusión a sus cabecillas dados de baja. Dos días después, apareció muerto, en el municipio de Caloto, José Libardo Pacho, de 26 años de edad.A estos recientes homicidios se suma la muerte, el pasado 22 de octubre, del comunero Fabio José Alegría Dagua, quien también fue atacado en Caloto por hombres armados. Y la lista de víctimas continúa y alcanza cifras alarmantes. Entre el 2012 y el 2014, han sido asesinados 307 miembros de la comunidad indígena en el norte del Cauca. Estas estadísticas, según un informe de la Acin, revelan “un plan de exterminio de los diversos grupos armados  contra  los pueblos indígenas”.Lo más grave es que las cifras de homicidios podrían aumentar, teniendo en cuenta que el pasado viernes se conoció un panfleto firmado por las Farc en el que declaran “objetivo militar” a 26 líderes, autoridades tradicionales  y tres comunicadores indígenas del norte del Cauca.Asimismo, en septiembre pasado empezó a circular en los municipios de Santander de Quilichao, Buenos Aires y Caloto otro panfleto en el que las bandas criminales amenazan a los líderes que se oponen a la minería ilegal en estas zonas del departamento. El Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric) se declaró preocupado por el acoso del que están siendo víctimas los dirigentes de los pueblos Nasa. En un comunicado, la entidad manifestó que, debido a las amenazas de diferentes grupos armados, como ‘Rastrojos’, ‘Águilas Negras’, Farc e incluso la misma Fuerza Pública, “exigimos a las instituciones del Gobierno Nacional tomar medidas frente a estos hechos y garantizar el derecho a la vida”.Amenazas de lado y ladoEn medio de dos fuegos. Así se declara la comunidad indígena del Cauca. Sus líderes denuncian que el pueblo Nasa es atacado por lado y lado. Mientras los guerrilleros los llaman “sapos” y los acusan de colaborar con la Fuerza Pública, algunos sectores los critican por su supuesta complicidad con las Farc.Entonces, ¿de qué lado están? Para Marcos Yules la respuesta es una sola: del bando de la paz. El exgobernador del resguardo de Toribío insiste en que su comunidad siempre ha sido neutral y ha rechazado con la misma dureza tanto a las Farc como a la Fuerza Pública. El líder recuerda que su pueblo ha sido muy crítico con la guerrilla, al denunciar sus abusos. “Nos hemos enfrentado a ellos, incluso les hemos arrebatado a los menores que reclutan, y por eso mismo han matado y amenazado a tantos compañeros”. Y con el Ejército, reconoce Yules, también han sido implacables. Su fuerte rechazo a la presencia de los militares en el territorio quedó evidenciado en julio del 2012, cuando la Guardia Indígena retiró a la fuerza a los soldados que custodiaban el Cerro de Berlín en Toribío, un sitio sagrado para los indígenas. En ese momento, las comunidades del Cauca ya no fueron atacadas por las Farc, pero sí recibieron señalamientos de diferentes autoridades por su rechazo a la Fuerza Pública y su presunto silencio frente a la presencia de la guerrilla en su territorio. “Entonces, nosotros somos señalados y atacados por todos lados. Unos nos llaman sapos del Ejército y otros colaboradores de la guerrilla”, afirma Marcos Yules, quien advierte que en medio de esos dos fuegos, su pueblo Nasa se está extinguiendo.