En cinco diligencias de registro y allanamiento, integrantes de la Policía capturaron a seis presuntos integrantes del grupo delincuencial común organizado o banda delincuencial Los del Chino, entre ellos a su cabecilla, alias Tarranta.

La estructura, que operaba en los sectores de la Galería y La Marranera, trabajaba en esquema de ‘outsourcing’ para La Inmaculada, la organización criminal que desde hace más de una década controla el microtráfico, la extorsión y el sicariato en el municipio.

Unidades de la Seccional de Investigación Criminal, Sijín y del Modelo Nacional de Servicio de Policía Orientado a las Personas y los Territorios durante una de las cinco diligencias de registro y allanamiento ejecutadas en Tuluá. La intervención permitió la captura de seis presuntos integrantes del grupo delincuencial común organizado Los del Chino, que expendía estupefacientes en los sectores de la Galería y La Marranera por encargo de La Inmaculada. | Foto: Policía Nacional

Y es que la Policía Nacional, a través de la Seccional de Investigación Criminal, Sijín, y en coordinación con el Modelo de Servicio de Policía Orientado a las Personas y los Territorios, materializó las capturas por orden judicial contra los presuntos integrantes de esta banda.

Los seis capturados fueron judicializados por el delito de concierto para delinquir con fines de fabricación, porte y tráfico de estupefacientes. Entre ellos se encuentra alias Tarranta, de 54 años de edad, señalado cabecilla de la organización y presunto coordinador de las ganancias criminales obtenidas mediante el tráfico de estupefacientes.

De acuerdo con la investigación, la estructura llevaba cerca de cuatro años delinquiendo y concentraba su accionar en los sectores de la Galería y La Marranera, puntos neurálgicos del comercio y del microtráfico en la zona céntrica de la localidad, de donde se derivaban otros hechos criminales que afectaban la seguridad y la convivencia.

Los capturados registran antecedentes por concierto para delinquir con fines de tráfico de estupefacientes, lo que, sumado a los elementos materiales probatorios recaudados, evidencia su presunta vinculación con la estructura criminal. Tras ser presentados ante la autoridad competente y surtidas las audiencias de legalización, un juez de control de garantías les impuso medida privativa de la libertad en centro penitenciario y carcelario.

El operativo cobra especial relevancia por la estructura a la que estaba asociado el grupo. La Inmaculada, conocida también como La Oficina de Tuluá, es el grupo delincuencial organizado que mantiene asediado al municipio desde hace más de una década.

Como es de recordar, nació a comienzos de la década de 2010 en el barrio La Inmaculada, de la mano de exintegrantes de Los Rastrojos y bajo el liderazgo de Óscar Darío Restrepo, alias El Porrón, capturado en 2015. Desde entonces, la organización quedó en manos de los hermanos Andrés Felipe y Mauricio Marín Silva, alias Pipe Tuluá y Nacho.

Pipe Tuluá, su máximo cabecilla, fue condenado a 30 años de prisión y continuó dirigiendo la organización desde la cárcel La Picota, en Bogotá; a comienzos de 2026 fue extraditado a Estados Unidos, país que lo requería. Su hermano Nacho, segundo al mando, fue capturado en febrero de 2024 en zona rural de Tuluá.

Las autoridades atribuyen a esta estructura el control territorial del microtráfico en sectores como 7 Canchas, Villa Liliana, La 25, Diablos Rojos y la Transversal 12, además de la Galería y La Marranera, donde operaba a través de grupos satélite como Los del Chino. Su accionar no se limita a la venta de estupefacientes: la Fiscalía y la Policía la señalan de extorsionar a comerciantes de alimentos, apuestas y supermercados; de homicidios selectivos y sicariato; de préstamos ilegales ‘gota a gota’; de lavado de activos y del reclutamiento e instrumentalización de menores de edad, utilizados como ‘campaneros’, expendedores e incluso sicarios.

Los sectores de la Galería y La Marranera, epicentro del expendio de estupefacientes que controlaba la estructura desarticulada, por eso con este resultado, la Policía afecta el eslabón de comercialización de droga que financia a La Inmaculada, organización criminal que delinque en Tuluá desde hace más de una década. | Foto: Montaje realizado por El País con foto Policía Nacional / Mapa Exclusivo El País

El accionar de La Inmaculada ha marcado algunos de los episodios más violentos recientes de la región. En junio de 2022, el motín en la cárcel de Tuluá que terminó en un incendio y dejó 52 reclusos muertos fue atribuido, en las investigaciones, a una disputa entre facciones por el control del microtráfico dentro y fuera del penal, en la que participaron integrantes de la organización. En febrero de 2024, tras la captura de ‘Nacho’, la banda desató una ola de terror que dejó un agente de tránsito asesinado y varios vehículos, entre ellos taxis, incinerados, lo que obligó a reforzar la presencia de la Fuerza Pública en el municipio.

La estructura también ha sido señalada de amenazar y atentar contra el alcalde de Tuluá, Gustavo Vélez, y de estar detrás del homicidio de dos concejales y de una funcionaria de la Alcaldía. En diciembre de 2024, la Fiscalía ocupó con fines de extinción de dominio 21 bienes —viviendas, vehículos, motocicletas, un establecimiento de comercio y sociedades— avaluados en cerca de $1.605 millones, que habrían sido adquiridos con rentas de la extorsión y el narcotráfico y puestos a nombre de familiares y allegados de los cabecillas.

Pese a los golpes recibidos, la organización conserva capacidad de daño. Según la Policía del Valle, solo en 2023 se reportaron 127 capturas de sus integrantes, la incautación de 66 armas de fuego y de una tonelada de estupefacientes; y con el refuerzo de unos 200 uniformados a comienzos de 2024 se incautaron cerca de 800 kilos de droga y casi 30 armas más.

Origen de la banda: a comienzos de la década de 2010, en el barrio La Inmaculada de Tuluá, con exintegrantes de Los Rastrojos; primer líder alias El Porrón, capturado en 2015 y luego los hermanos Marín Silva, Pipe Tuluá y Nacho. | Foto: Policía Nacional

El caso de Los del Chino confirma una de las estrategias con las que La Inmaculada se ha blindado frente a los operativos: tercerizar la venta callejera de estupefacientes en esta ciudad del centro del Valle.

En lugar de comercializar de manera directa, la organización entrega a estructuras satélite el manejo de los puntos de expendio en zonas específicas, mientras concentra el control de las rentas criminales y la extorsión. Así, cabecillas como Tarranta administraban las ganancias del tráfico local sin aparecer como parte visible de la cadena de mando de La Inmaculada.

Con este resultado, la Policía Nacional asesta un golpe directo al eslabón de comercialización de estupefacientes en el corazón del Valle del Cauca y afecta las rentas criminales que financian la violencia de La Inmaculada. Las autoridades reiteraron que continuarán con las acciones investigativas y operativas para desarticular por completo esta organización y proteger a la población, en especial a los niños, niñas y adolescentes, principales víctimas del microtráfico.