Brasil, Uruguay y Colombia atraviesan un mismo debate: cómo convertir el cuidado (de niños, personas mayores y población con discapacidad) en una responsabilidad del Estado y no solo de las mujeres que, históricamente, lo han asumido de forma gratuita. Funcionarias de tres ciudades compartieron sus experiencias en un panel sobre políticas públicas en el sur global.

El encuentro se dio en el marco de la 34ª conferencia anual de la Asociación Internacional de Economía Feminista (IAFFE), que por primera vez se realizó en Colombia gracias a la gestión del Observatorio para la Equidad de las Mujeres y la Mesa de Economía Feminista de Bogotá, con el respaldo de APC Colombia, Open Society Foundations, Fundación WWB Colombia y Oxfam Colombia.

Las tres experiencias parten de una misma premisa: el cuidado es trabajo, aunque casi nunca se pague ni se reconozca como tal. En Belo Horizonte, Brasil, la asesora municipal Leandra Costa explicó el primer pilar de su política: “El primer pilar ha sido reconocer el cuidado como un trabajo, porque es todo lo que sostiene nuestra vida. Reconocer es nombrarlo”.

Costa añadió que el segundo eje es reducir la carga sobre las cuidadoras: “Tenemos información de que las cuidadoras, tanto familiares no remuneradas como las que no reciben remuneración, a veces están recargadas con el trabajo de cuidado y no tienen oportunidades”. En Brasil, dijo, esa discusión está atravesada por género y raza.

El dato que respalda la urgencia es contundente: según cifras del gobierno federal, el 64% de las mujeres brasileñas que no logran acceder a un empleo lo atribuyen a las cargas de cuidado en casa. Belo Horizonte fue la primera ciudad del país en aprobar, en 2024, una política municipal que reconoce el cuidado como un derecho.

En Canelones, Uruguay, la apuesta ha sido distinta pero complementaria. La directora de Desarrollo Humano de la intendencia, Gabriela Garrido, explicó la filosofía detrás del sistema: “Apostamos por el cuidado remunerado y desfamiliarizar la política de cuidado para que las mujeres tengan más oportunidades. Tenemos un sistema integral de cuidados, no son políticas fragmentadas”.

Leandra Costa, asesora municipal de Belo Horizonte, Brasil, expuso la importancia de 'nombrar' el cuidado para reconocerlo como un trabajo y reducir la carga sobre las cuidadoras, un debate profundamente marcado por el género y la raza en su país. | Foto: El País.

Garrido destacó el crecimiento del programa dedicado a la primera infancia, que pasó de tener 20 centros en 2005 a 100 en 2020, hasta lograr cobertura universal para niños de 0 a 3 años. Subrayó además la calidad del servicio: “Son servicios de calidad, no políticas pobres para la pobreza”.

En Colombia, la Subsecretaría de Equidad de Género de Cali presentó Cuidarte, un sistema que nació de un decreto de la administración anterior y que la actual alcaldía terminó de materializar. La subsecretaria Natalia Oviedo describió cómo se adaptó el modelo a la ciudad: “Comenzamos a pensarnos el sistema de cuidados desde lo que tenemos: organizaciones de cuidados, infraestructura, personas con discapacidad”.

Oviedo explicó que Cali combina un enfoque cultural con atención a la ruralidad: “Cómo logramos llegar a la ruralidad que muchas veces también llega a lo urbano, por eso creamos ecosistemas Cuidarte también en lo rural, con lo que ahí había”.

Hoy funcionan diez espacios, que ofrecen tres tipos de servicios: espacios de “respiro” con actividades lúdicas, formación técnica en alianza con el SENA, y acompañamiento para emprendimientos que den autonomía económica a las mujeres. Cerca de 6.400 mujeres han pasado por estos espacios en más de tres ocasiones, según cifras de la Subsecretaría.

Oviedo resumió el sentido último del programa: “Cuidamos a quienes ellas cuidan... para que algún día el cuidado no sea igual a mujer, sino igual a seres humanos”. Es, dijo, una forma de cambiar los imaginarios colectivos sobre quién debe asumir esta responsabilidad.

Gabriela Garrido, directora de Desarrollo Humano de Canelones, Uruguay, destacó el compromiso de su municipio por la 'desfamiliarización' del cuidado, ofreciendo servicios universales y de calidad para la primera infancia que permitan a las mujeres acceder a más oportunidades. | Foto: El País.

Detrás de estas políticas locales también hay cooperación entre países. Mónica Barrios, de la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional (APC Colombia), explicó que el más reciente Plan Nacional de Desarrollo incluyó por primera vez un capítulo específico de cooperación con enfoque de género, lo que multiplicó los recursos movilizados para este tema en un 218%.

Uno de los resultados fue el encuentro “Colombia enseña a Colombia”, con apoyo del BID, en el que ciudades como Bogotá, Cartagena, Pereira y Cali intercambiaron aprendizajes. Barrios lo resumió así: “El tema de cooperación feminista no había permeado la cooperación internacional, hoy sí”.

Natalia Oviedo, subsecretaria de Equidad de Género de Cali, presentó 'Cuidarte', un sistema integral que adapta la infraestructura y los servicios a las realidades urbanas y rurales de la ciudad, con el objetivo de cambiar los imaginarios colectivos y blindar el programa jurídicamente. | Foto: El País.

Soraya Husain, directora de Investigación de la Fundación WWB Colombia, entidad con más de 45 años de trabajo en la reducción de brechas de género, insistió en la importancia de los datos: “Para poder generar incidencia en política pública se necesitan datos con enfoque de género y que incluyan las voces de las mujeres”.

Husain mencionó que la fundación ha financiado más de 140 proyectos de investigación sobre cuidado, con una inversión superior a los dos millones de dólares. “Es muy importante reconocer las formas de cuidar en los territorios y ponerlo en diálogo”, explicó, describiendo su enfoque de investigación-acción-participación.

Pese a los avances, las tres funcionarias coincidieron en que el reto no está resuelto. Costa fue clara sobre la meta de Brasil: “Pretendemos construir una política de cuidado de Estado, no de gobiernos locales”, para que la política sobreviva a los cambios de administración.

Garrido planteó algo similar para Uruguay: “Queremos que la gente de los municipios entienda el cuidado como un derecho, se empoderen y reclamen el derecho. La única manera de no ir atrás es que la gente reclame ese derecho”.

Oviedo, por su parte, señaló que en Cali la prioridad es blindar el programa jurídicamente: “El proyecto de acuerdo para que esto se vuelva una ley de ciudad, porque está transformando la vida de las mujeres cuidadoras”. También trabajan en un sistema propio de información para medir su impacto.

El mensaje de fondo es el mismo: mientras el cuidado siga siendo sinónimo de mujer y no de ser humano, la desigualdad de género seguirá teniendo una de sus raíces más profundas sin resolver.