La creencia popular de que los gatos son seres independientes, que no sienten apego y que ofrecen a sus amos la gran ventaja de que prácticamente se cuidan solos, no es más que un mito.

Un mito que generalmente lleva a sus dueños a ignorar o normalizar síntomas o comportamientos a través de los cuales los felinos podrían estar advirtiendo problemas serios de salud.

Médicos veterinarios de varios países se dieron cita en Bogotá a comienzos de mes durante el IX Simposio Internacional sobre Medicina Biorreguladora de Sistemas, organizado por Laboratorios Heel Colombia. | Foto: El País

La medicina moderna ha demostrado que los gatos son unas de las especies más susceptibles al estrés y que nada más alejado de la realidad que asimilar o creer que un felino gordo, que pasa todo el día durmiendo y que no molesta es porque es feliz.

Fue ese uno de los temas que se abordó en el IX Simposio Internacional de Medicina Biorreguladora de Sistemas en los Animales, organizado por laboratorios Heel Colombia, donde decenas de expertos en medicina veterinaria hablaron del distrés en las mascotas, la disfunción intestinal, el deterioro geriátrico, la diabetes, la ortopedia, la epilepsia y el Síndrome de Pandora.

Letizia Zufriategui, médica veterinaria y docente de la Universidad Nacional de La Plata, en Argentina, indicó que el Síndrome de Pandora es un término que no refiere a una única patología, sino un conjunto de afecciones multisistémicas crónicas que no se manifiesta con llanto, sino con inactividad y una marcada tendencia a la obesidad.

“El primer signo de estrés en el gato es la depresión. Los gatos que están distresados, en estrés crónico, tienen tendencia a la obesidad y un paciente obeso suele ser un paciente deprimido que sufre en silencio. Que puede tener afecciones de intestino, urinarias, puede tener asma, predisposición a infecciones en general y una de las formas terminales del distrés crónico es la manifestación clínica de tumores”, indicó la doctora Zufriategui.

Letizia Zufriategui, médica veterinaria y docente de la Universidad Nacional de La Plata, en Argentina, se refirió durante el Simposio Internacional organizado por Heel Colombia, al Síndrome de Pandora. | Foto: El País

Sandra Melina López, veterinaria caleña con especialidad en medicina felina, destacó que “a diferencia de los perros, el gato cualquier cambio en su entorno le produce estrés, ¿por qué? Porque es una especie monótona; neofóbica, que no le gustan los cambios. Y si nosotros no tenemos en cuenta ese comportamiento del gato, pues le vamos a generar estrés".

“El Síndrome de Pandora se puede volver un dolor de cabeza si no tenemos en cuenta el punto, muy importante en esta patología, que es el estrés. Siento que un plus en mis pacientes es la medicina biorreguladora porque tenemos medicamentos que controlan el estrés, que ayuda a que el gato mejore, que regula el sistema del cortisol y eso nos da una buena alternativa”, señaló Sandra López.

Frente al tratamiento del Síndrome de Pandora, la argentina Letizia Zufriategui indicó que es complejo porque en realidad lo que se debe hacer es educar al tutor desde temprano, en consultas primarias para que realmente el tutor sepa qué tiene un gato.

“Y voy a decir algo que parece una obviedad, pero un gato no es un perro. Estamos mucho más acostumbrados a interpretar de qué manera se comporta un perro que a interpretar de qué manera tiene que comportarse un gato. Y a partir de ahí a nosotros nos encanta que nos traiga la pelotita, por ejemplo. Eso lo hace un perro, no un gato. Que nos siga. Si queremos tener un gato, tenemos que saber de qué manera se comporta”, indicó la experta argentina.

Médicos veterinarios de varios países se dieron cita en Bogotá a comienzos de mes durante el IX Simposio Internacional sobre Medicina Biorreguladora de Sistemas, organizado por Laboratorios Heel Colombia. | Foto: El País

Detalló, a modo de recomendación, que un gato necesita 30 m² de superficie para sí mismo. “Si estamos hablando de un departamento en una ciudad grande, estamos hablando por ahí de 45 m² para tres individuos que viven en el mismo lugar. Entonces, ya a partir de ahí hay un estrés territorial. No le damos de comer en tiempo y forma como comería un gato que comería ocho veces por día, por ende, generamos un estrés de ansiedad digestivo también”.

“Los veterinarios tuvimos un montón de afecciones relacionadas con el síndrome de de Pandora y con el distrés durante la pandemia del Covid. ¿Por qué? Porque de pronto los gatos estaban invadidos, tenían gente las 24 horas y el gato no es un animal gregario, el gato es un animal solitario; entonces realmente se estresaron por eso“.