No trabajar en el Shabat (los días sábados), no tener rencor y no vengarse, no recoger una uva que cayó sola, no comer carne cocinada con leche, no comer animales prohibidos (cerdo, reptiles, aves rapases), comer solo animales sacrificados en ritual, comer solo peces con escamas y aletas, no comer pan con levadura durante el Pésaj (pascua), no hacerse marcas rituales en el cuerpo, no afeitarse la barba, purificarse en la mikvé después de la niddá (menstruación), estos son algunos de los 613 mitzvot que Moshé (Moisés) entregó a los israelitas en la Torá. Son los mandamientos o preceptos que regulan en su totalidad la vida dentro del judaísmo.

Entre las distintas vertientes de esta tradición religiosa, los que obedecen con mayor rigor las leyes de la Torá son los judíos ortodoxos, caracterizados por su devoción, austeridad, apego a los rituales y trabajo comunitario.

Las comunidades de conversos judíos ortodoxos en Cali y Colombia tienen la particularidad de estar formadas por personas de diversos orígenes culturales. | Foto: ThisTopia

En Israel y Estados Unidos, Inglaterra y Holanda, entre otros países donde lograron establecerse hay comunidades de judíos ortodoxos que vienen de linajes familiares muy antiguos, pero al margen de su fe heredada, en otros partes del mundo surgieron comunidades de conversos, familias que abrazaron la Torá y viven bajo su estricta guía.

En Cali, este particular movimiento religioso viene creciendo, hay por lo menos 200 familias conversas al judaísmo ortodoxo, formadas por personas que no nacieron en esta tradición semita, pero que formaron comunidades muy estables que empiezan a ser reconocidas.

Una familia caleña de judíos ortodoxos conversos es la protagonista del documental Torah Tropical, dirigido por Ezra Axelrod, Gloria Nancy Monsalve y Jimmy Ferguson, que llegó a las salas de cine colombianas esta semana.

El largometraje, que estuvo de gira por más de 25 festivales internacionales, entre ellos, el Festival de Cine Judío de San Francisco en 2024, sigue la cotidianidad de la familia formada por Isska Dvash y Menajem Aguirre, dedicados a la panadería kosher y miembros de la comunidad Beith David, ubicada en el barrio El Guabal.

Isska y Menajem se casaron bajo el ritual judaico, por lo que él debió realizarse antes la circuncisión, una condición ineludible dentro de la ortodoxia judía: sus hijas se llaman Ruth y Jaia Aguirre.

Torah Tropical se estrenó el 8 de octubre en cines, está en cartelera. | Foto: ThisTopia

Entre 2021 y 2022, la familia decide realizar un viaje a Israel, con el anhelo de cumplir la aliyá, es decir, migrar a la tierra prometida. La expectativa, los preparativos, dudas y riesgos por el viaje, son parte del centro dramático de la historia que, de forma paralela, abre preguntas de fondo sobre la fe.

Si tenemos libertad de culto, en países democráticos como Colombia, ¿todas las religiones son accesibles o hay unas más abiertas que otras? Si somos libres de seguir un camino espiritual sin intermediarios, ¿quién decide si podemos ser reconocidos como parte de algún grupo religioso? ¿Qué pasa con nuestra creencia si no somos aceptados por la burocracia del culto? ¿Es necesario tener la aprobación de una jerarquía para practicar una determinada religión?

El documental evita caer en el proselitismo religioso o juzgar otros credos, incluso podría considerarse crítico con el judaísmo y con Israel, por la forma en que concluye. Esto, sin embargo, no es impedimento para mostrar genuino interés por una comunidad judía ortodoxa que surgió espontáneamente en tierra caliente, y por una familia que consolidó una vida espiritual según la Torá.

Como sostiene Ezra Axelrod, productor y codirector de Torah Tropical, “una de las intenciones de la película es entender el trance espiritual que Isska y Menajem viven en el territorio a través de esta práctica religiosa, mostrando que el judaísmo no es una sola cosa, hay diversidad y mestizajes, y más allá de los linajes también es una cultura basada en la Torá, un estilo de vida espiritual muy comunitario y resiliente que aquí en Cali, con sus desafíos y contradicciones, decidieron asumir algunas familias”.

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Ezra Axelrod tiene 40 años y en su pasaporte aparecen dos nacionalidades: estadounidense y colombiano.

“Espero algún día llegar al punto de que me tomen por colombiano cuando abro la boca. Debo mejorar mucho mi acento para que dejen de hablarme en inglés en la calle, ¿me entendés?”, dice en un curioso español ‘agringado’ con acento caleño.

Nació en Ohio, Estados Unidos, dentro de una familia judía formada por refugiados que llegaron antes de la Segunda Guerra Mundial y creció de forma secular, la corriente del judaísmo menos dogmática en el acatamiento de los mitzvot.

Ezra Axelrod, productor y codirector de Torah Tropical, también compuso la banda sonora del documental. Además, la producción contó con un 95 % de talento caleño y la banda sonora fue grabada en los estudios de la Universidad Icesi. | Foto: ThisTopia

Cuando estudiaba para ser compositor de bandas sonoras en el Middlebury College, de Vermont, conoció a David Restrepo, un caleño con el que empezó una relación sentimental. Debido a la prohibición del matrimonio gay en aquellos años, Ezra y David viajaron a Londres donde lograron casarse, permaneciendo por una década en Inglaterra.

Hace 10 años decidieron radicarse definitivamente en Cali, donde fundaron la productora ThisTopia, cuya ópera prima es Torah Tropical.

El director descubrió la historia de Isska y Menajem por su amiga Heidi Paster, una fotógrafa que estuvo documentando por 6 años a las comunidades de judíos emergentes en Latinoamérica, y para el 2021 publicó un fotoensayo sobre el tema en The Washington Post, donde aparece la familia de judíos ortodoxos caleños.

“Cuando vi las fotos de Heidi, inmediatamente reconocí que allí había una película y supe que teníamos que hacerla nosotros con ThisTopia”, recuerda Ezra.

“La consultamos por quienes podrían ser los protagonistas del documental y ella nos sugirió a la familia de Isska y Menajem, por su naturalidad y que, además, ya estaban un poco acostumbrados a las cámaras. Desde el comienzo me quedé impactado por la comodidad con la que seguían las costumbres ortodoxas, la confianza en lo que creían y la honestidad con que dejaron ver su intimidad”, detalla.

El documental fue grabado en Cali, La Cumbre e Israel, entre 2021 y 2022. | Foto: ThisTopia

Gracias al rodaje, ahora la familia y el director son amigos cercanos, “gracias a ellos me acerqué más a la Torá y redescubrí la espiritualidad de mi propia cultura”, afirma el director.

Para él, después de todo su proceso espiritual, “Isska y Menajem son judíos, ellos han hecho una transición, pero no es que alguien te dé pertenencia, uno encuentra un espacio en el que se reconoce, y ellos asumieron una cultura y una vida basada en la Torá, de modo que son judíos. Yo creo que hay una forma de volverte judío siendo converso, pero no es algo que alguien te entregue”.

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En el pasado se llamaban Paola Gallego y Óscar Aguirre, pero desde que comenzaron su vida en el judaísmo ortodoxo adoptaron nombres hebreos. El nombre de ella, Isska o Yiska, significa “la que ve” o “la vidente”. Y el nombre de él, Menajem, puede traducirse como “el que brinda consuelo”.

Menajem llegó a Cali desplazado por la violencia en el departamento del Meta, aprendió el oficio de panadero y por interés propio comenzó a estudiar la Torá, aprendió hebrero de forma autodidacta y, ahora que tiene su propia familia, todos los días dedica tiempo a transcribir el libro sagrado, como indica uno de los mitzvot, “todo varón judío debe escribir una Sefer Torá” que herederá a su linaje familiar.

El Panadero K, así se llama la panadería de Isska y Menajem, ubicada en el barrio Primero de Mayo, se especializa en preparaciones kosher. Info: 3176330080. | Foto: ThisTopia

Isska es caleña, estudió diseño de modas y publicidad, pero durante parte de su juventud estuvo vinculada a la música, como cantante de algunas agrupaciones, también trabajó en la producción audiovisual, así conoció a su esposo.

“Mi mamá me sugirió que fuera a trabajar en una programa de televisión que estaba haciendo una comunidad religiosa, yo llegué para aportar desde lo profesional, no me interesaba su creencia, entre ellos estaba Menajem que lideraba un grupo de personas que se habían convertido al judaísmo”, recuerda Isska.

Aclara que “en ese tiempo yo no entendía nada del judaísmo, pero como yo los entrevisté para hacer el piloto del programa en un canal local, ellos hablaban de cómo es esta cultura, ahí empecé a aprender y a interesarme, así que por mi parte empecé a investigar, luego hicimos programas radiales, y seguí investigando ya con una afinidad por la vida judía, luego comencé a salir con Menajem y descubrimos que compartíamos este interés, al poco tiempo ya éramos una pareja”.

Menajem Aguirre aprendió hebreo de forma autodidacta y se dedicó a estudiar la Torá por su cuenta, acercándose a la ortodoxia judía, ahora es auxiliar del rabino en la comunidad religiosa Eshel Avraham de Cali. | Foto: ThisTopia

En el documental queda evidenciada la devoción de estos judíos ortodoxos conversos, personas que por diferentes circunstancias transitaron por el catolicismo y otros por sectas protestantes, pero que ahora parecen haber encontrado una estabilidad dentro del dogma judío.

Cada mañana, antes del amanecer, Menajem sale de su hogar a la Casa Judía, donde se reúne con otros varones para hacer la Shajarit, oración matutina, para la que deben vestirse con todos los elementos rituales: kipá, talit (manto), tefilín (estuche que llevan en la frente), tzitzit (flecos de cuatro puntas), y un talit katán (poncho judío).

En las casas de todos estos hombres tienen fijada, en el lado derecho de sus puertas de ingreso, la mezuzá (estuche con pasajes de la Torá) que tocan o besan al ingreso como gesto de devoción.

Isska Dvash también participó en la banda sonora del documental cantando algunos salmos en hebreo, actualmente trabaja con Ezra Axelrod en un trabajo discográfico con música judía. | Foto: ThisTopia

Ya son 11 años viviendo bajo este purismo religioso, ahora la familia hace parte de la comunidad Eshel Avraham, que es guiada por un rabino estadounidense y su auxiliar en Cali es el propio Menajem.

Como mujer dentro de la ortodoxia judía, la perspectiva de Isska es que “practicar una vida judía, con tantas normas, parece pesado desde afuera, pero este tipo de comunidad, me parece que blinda a las familias, permite que se fortalezcan y brinda seguridad entre tanto caos”.

“Me encuentro con gente que dice: ‘Es que son machistas’, pero lo que yo he experimentado es que la mujer es exaltada, valorada y amada, y los hijos son cuidados con devoción, todo eso es valioso para nosotros. A mí me han criticado mucho, pero el judaísmo yo lo vivo con mucho agrado”, concluye.

Ante la fe incondicional de esta familia, ¿quién negaría que son judíos? ¿Alguien sería capaz de impedirles la entrada a la tierra prometida?