Especial para El País, podcast literario Que Vivan los Libros

¿Aura, cómo empezaste en el oficio de librera?

Yo entré a la Librería Nacional en 1981. Antes de eso tuve una librería llamada Letras, que abrimos en 1974 y cerramos en el 81, quedaba en una casa del señor Evangelista Quintana, que curiosamente es el autor de ‘La Alegría de Leer’, donde hoy está el Banco de la República. O sea que llevo 52 años en el oficio.

¿Cómo fue tu inicio con los libros?

Mi papá era muy buen lector, tenía muy buena biblioteca. Nos impuso mucho la lectura, pero esa no era mi afición y nunca pensé que fuera a ser librera. Yo estudié arquitectura, me enamoré y vine a Cali detrás de un novio que se propuso montar la librería Letras. Yo vivía en Medellín. Estuve siete años y la librería empezó a decaer, pues cerraron las importaciones, que eran nuestro fuerte, y no pudimos seguir. Entonces Felipe Ossa me ofreció trabajar en la Nacional.

Aura Bustamante llegó a Cali en los años 70. | Foto: El País

¿Qué vio él en ti?

En ese momento yo tenía muy buena relación con los profesores de las universidades, y seguramente ellos le hablaron de mí. Felipe fue a ver quién era yo, y encontró una librera principiante y empírica completamente, pero era muy simpática, muy buena para atender gente. En la sede de Unicentro me conseguí a todos los profesores como amigos y clientes de la librería y participaba en cosas como el Centro Psicoanalítico, que fue muy importante en esa época, con Estanislao Zuleta y los psicoanalistas. Yo era la que los proveía los libros, eran clientes y se volvieron mis amigos de toda la vida. Todos ya fallecieron.

Te tocaron los grandes momentos de cambio de las librerías en Colombia, y de la L Nacional específicamente. ¿Cómo fue eso?

Primero me tocó la apertura de las librerías con café, una de las grandes innovaciones, porque antes las librerías no tenían cafeterías. Don Jesús María Ordóñez, fundador de la Librería Nacional, lo hizo en Barranquilla y lo importó a Cali, y la gente estaba fascinada, sorprendida, pues iba por un helado y un café y salía con un libro. También fueron muy importantes las revistas. La Nacional llegó a ser el mayor importador de revistas que había en Colombia, en todos los temas y en varios idiomas, y eso atrajo a muchísima gente.

Te tocó la llegada a los centros comerciales…

Se le ocurrió al fundador en los años 80. Otra gran innovación de la Librería Nacional fue el autoservicio. Uno antes iba a una librería, se paraba frente a un mostrador y mostraban el librito, pero medio lo podía ver y, para colmos, los libros no tenían reseñas en las contracarátulas. El autoservicio acercó a la gente al libro, muchas personas venían, leían y doblaban la esquinita del libro para recordar por dónde iban y volvían al día siguiente, y así, hasta terminar el libro. Todavía la gente hace eso. También fue importante poner los muebles especiales de los niños, para formar lectores tempranos. Y lo más importante: la página web. Yo creo que en Colombia fuimos la primera librería con tienda virtual, cuando empezó el comercio electrónico, y hoy somos muy fuertes en eso.

“Los libros son una cosa muy especial, muchas veces llegan las novelas de autores que uno cree que se van a vender muy bien y no, no pasa nada, mientras hay otros que se siguen vendiendo en cantidades”, dice Aura. | Foto: El País

¿Cómo afrontaron la pandemia?

En la pandemia no había flujo de caja, porque la gente no podía ir a las librerías. Entonces fortalecimos la tienda virtual, y eso nos ayudó muchísimo. Mandábamos a una sola persona por sede, muy bien protegida, para que sacara los libros y los enviábamos a domicilio con todos los protocolos de bioseguridad y los permisos de la Alcaldía. Fue muy traumático, catastrófico, pero resistimos, porque la librería tenía reservitas. No sacamos a ninguna persona, no cerramos ninguna librería, y en cada ciudad teníamos una librería que proveía a la tienda virtual.

¿Te asustabas cuando vaticinaban el final del libro en papel?

Sí, claro, todos nos asustamos. Todos empezamos a pensar: esto se nos va a acabar, pero muy rápido nos dimos cuenta que el libro de papel tenía mucho futuro, porque leer en impreso es un hábito muy difícil de cambiar. El papel tiene un atractivo muy especial, lo puedes llevar a cualquier parte, lo puedes arrugar, lo puedes leer acostado, parado, sentado, lo llevas a la playa, lo llevas en los buses, nadie te va a robar el libro, en cambio los aparatos electrónicos tienen limitaciones y se les acaba batería.

A nivel mundial, la lectura en plataformas digitales es 9 % en los países más industrializados y tecnificados. Y en Colombia está entre 2 % y 3 %. Es muy poquito. Obviamente, yo sé que va a ir aumentando, pero ha habido un fortalecimiento de la lectura y de la venta del libro.

Aura Bustamante es la librera más antigua de Colombia, con 52 años en el oficio. | Foto: El País

¿Qué se vende bien hoy?

A la gente le gustan todos los libros sobre inteligencia artificial, porque quiere saber qué está pasando. También se venden bien los de actualidad colombiana y mundial, porque a la gente le encanta estar al día.

Sí, hay muchas noticias en redes sociales, pero la gente quiere tener el libro en sus manos, y hay analistas y autores con mucho prestigio a los que la gente quiere leer.

¿La gente joven está leyendo?

Sí, la gente joven está leyendo mucho, y las mujeres leemos mucho más que antes. Antes era como una cosa muy para hombres mayores, hoy leen mucho las mujeres y los pelados. Los jóvenes están leyendo mucho en las categorías de 18 a 25 años y de 25 a 35. Hay otro target muy importante, los niños; nosotros abrimos una hora del cuento cada mes en Palmetto y llevamos 60 niños de distintos colegios o instituciones y les leemos cuentos, les damos helado, y los niños no olvidan esos semilleros, son pelados que nunca en la vida se vuelven a ir de las librerías.

¿Ya te pensionaste?

Ya me pensioné, pero sigo colaborando hace como ocho o diez años: seguí trabajando medio tiempo porque me gusta mi trabajo, porque esto ha sido mi vida, nadie me obliga, ni lo necesito. Simplemente me gusta. Es parte de mi vida. Claro, todo el mundo me dice “ya no más”, pero mientras tenga ánimos y salud, aquí estaré colaborando con esta gran empresa.

¿Cómo es tu estilo de trabajo?

Soy muy acelerada y muy práctica. Me gusta todo rápido, inmediato. Soy de buen genio, pero soy estricta.

¿Cómo cambió el mundo editorial para las mujeres en estos años?

Hay muchas más libreras, más editoras, y buenísima cantidad de mujeres escritoras. Antes no podían escribir con el nombre de ellas, tenían que buscar seudónimos porque no las publicaban, mientras que ahora hay mujeres maravillosas que escriben, colombianas e internacionales, y cantidades de premios Nobel.

¿Hoy el mundo del libro es mejor que cuando empezaste?

Es distinto. Antes había muchos libros de filosofía y ciencias, pero hoy caben todos los temas habidos y por haber. Hoy hay muchos libros de superación, un fenómeno tremendo. Muchos libros de tendencias, de alimentación, de dietas, de estilo de vida, cuya demanda es altísima por la necesidad que siente la gente de cuidarse y vivir sano.

De toda tu historia como librera, ¿cuál recuerdas que ha sido el mayor fenómeno literario?

Todos los libros de García Márquez. Eso era una fantasía porque, cuando salía una nueva novela suya, sabríamos que se harían filas enormes, y teníamos que estar preparados. Pero también está la Biblia, que nunca se deja de vender, y El Hombre en Busca de Sentido, de Víctor Frankl.

Todas las semanas reviso los listados de libros y me sorprende siempre que en primero, segundo o tercer lugar está ‘El hombre en busca de sentido’...

Siempre se ha vendido. Es un libro que está en primera fila todos los años y es muy importante, porque la gente siempre estará en búsqueda del sentido de la vida. En cambio, hay otros que llegan y pasan. Fenómenos como ¡Quién se ha llevado a mi queso’. Uno como librero no sabe ni por qué se trepan y llegan a bestsellers de la noche a la mañana. Clásicos como El Quijote se venden uno o dos ejemplares todos los días a través de los años, los clásicos son los clásicos, y siempre los tenemos que tener, como Pedro Páramo.

¿Hay gustos distintos por ciudad?

Y por sede. No leen lo mismo en la sede de Unicentro que en la Librería Nacional del oeste. El lector del oeste busca libros y autores más de moda, de tendencia; en el sur están las universidades y los colegios, entonces se venden más libros de conocimiento o los clásicos. Pero a la larga se vende de todo.

En 85 años de la librería, ¿hoy en cuántas ciudades están?

En Medellín tenemos nueve; en Pereira, una; en Cali tenemos ocho, y en Bogotá tenemos nueve; en Barranquilla tenemos tres; en Cartagena, una; en Bucaramanga, una. Y la virtual.

Tres cosas que has aprendido como librera…

Que todos los libros pueden ser buenos en ventas, uno no puede guiarse por su propio gusto, porque hay libros para todos. Si uno solo vende las corbatas del color que le gustan a uno, es un mal vendedor. Segundo, que hay que estudiar mucho dónde se van a montar los negocios. Y en una librería son clave las personas que atienden y asesoran a la gente: deben tener buen trato, ser muy atentos, ágiles, resolver, dar soluciones a los clientes. Pero si no tienes esa actitud de servicio y de atención, de ir, buscar y averiguar, no estás en nada.

Del 23 de octubre al 2 de noviembre volveremos a tener la Feria del Libro CaliLee, lo cual es un milagro después de todo lo que ha pasado este año...

Es una gran noticia porque nos distrae un poquito, nos llama a pensar en otra cosa, a ver que la vida sigue. Hay que seguir trabajando, viviendo y leyendo, porque los libros siempre nos darán un alivio que muy pocas cosas aportan. Los libros son la mejor compañía. Vos podés estar sola, completamente sola y aburrida y triste. Tomás un libro y te morís de felicidad, y estás hasta las tres o cuatro de la mañana leyendo porque te encantó el autor y la trama.

En cualquier momento, en cualquier situación, siempre el libro nos salva. Vamos para que nos distraigamos, para encontrarnos con los amigos, con la gente, con los autores que vienen y con ellos en sus páginas.

¿Tú crees que eres la librera de más antigua de Colombia?

El mayor era Felipe Ossa, llevaba más tiempo que yo. Y entre las mujeres estuvo Aura López, de Medellín, nos confundían por el nombre, e incluso una sala de la Fiesta del Libro de Medellín lleva su nombre. Nos conocimos y fuimos amigas, pero hace mucho tiempo murió y ahora tengo el liderazgo.

Dato clave

La sede de la Librería Nacional en la Plaza de Cayzedo ha resultado muy afectada en flujo de ventas por los cierres viales de las calles vecinas, después del terremoto. No obstante, sigue abierta.

En frases

“Cuando salió ‘En agosto nos vemos’, el libro póstumo de García Márquez, se dispararon las ventas. Pensábamos que ya no veríamos otra novela suya, y mira”.

“Acaba de llegar un libro que se llama ‘El canto del cisne’, sobre la vida de Lady Di, y se va a vender mucho. Los libros súper ventas son salvadores para las librerías, son éxitos muy puntuales que nos permiten seguir”.