Nacido en Puebla, México, en el seno de una numerosa y humilde familia de diez hermanos, cuenta que descubrió desde muy niño que su destino estaba ligado a la actuación. Criado bajo la magia de la televisión clásica de los años 70, transformó los juegos con sus muñecos de acción en una carrera profesional que hoy acumula décadas de éxito.
Bendecido con una voz potente y un ritmo natural inigualable, fue bautizado por su maestro como el candidato perfecto para interpretar a los grandes villanos, generales y presidentes de la pantalla. En esta entrevista, el actor desentraña los misterios de su profesión, la importancia del acento neutro y los sacrificios diarios para mantener vivo su instrumento de trabajo.
¿Cómo empieza tu carrera en el doblaje? ¿Desde niño ya empezabas a hacer imitaciones o en qué momento lo descubres?
¿Sabes qué pasa? Que el trabajo con la voz no es algo, pienso yo, que se decida, o por lo menos no se decidía en 1970 —yo nací en el 65—. Pero yo jugaba con mis muñecos de acción; incluso le pedía ayuda a mis hermanas, somos una familia de diez hermanos (siete hombres y tres mujeres, todos de Puebla, una ciudad colonial). Jugaba con los muñecos y jugaba a hacer historias. Creo que desde niño nací con esa cosa de la imaginación que es básica, es la herramienta necesaria para un actor. Un actor que no tiene imaginación no sirve para esto, porque todo el tiempo lo que hacemos es trabajar con ella. Jugaba a ponerle una voz diferente a cada personaje.
¿Qué programas te cautivaban en esa época?
Fui un niño de televisión, me encantaba. Veía Mi bella genio, Hechizada, La familia Monster, Los Locos Addams, El túnel del tiempo, Perdidos en el espacio. Todas esas series me marcaron para lo que soy yo como actor de doblaje. Al escuchar esas voces tan bonitas, yo pensaba que no existía ese tipo de trabajo, creía que así eran los actores originales y que simplemente hablaban en español. Para mí esa fue la magia. Y esa es la misma magia que yo he querido transmitir a través de mis trabajos: que la gente se olvide de que la obra está doblada y la disfrute como si estuvieran hablando en su propio idioma.
¿Hubo alguien que te descubriera en este medio?
Sí, mi maestro de doblaje, el maestro Jorge Sánchez Fogarty, que en paz descanse (él hacía a Mandibulín, un tiburón de una serie animada que siempre decía “medio me respetas”). Él nos dio clase cuando yo estaba en tercer año de la escuela de actuación. Tenía por norma irnos a ver cuando hacíamos los exámenes de teatro. Yo estudié actuación a nivel técnico, que son solo tres años, donde veíamos análisis de texto, producción, maquillaje, voz y dicción, canto y doblaje. Él me dijo: “Yo ya te vi en el teatro y me encantó tu trabajo. Tienes una voz que puede funcionar, pero necesitas aprender a sincronizar, que es seguir el movimiento de los labios de los actores. Si lo logras aprender rápido, vas a trabajar conmigo”. Yo entré al taller y el primer día empecé a doblar. Me dijo: “¿Ves? Esto lo traes o no lo traes. Se llama ritmo”.
Es decir, ¿no todos los actores sirven para el doblaje?
No, no todos. Y no todos los actores de doblaje sirven para el teatro o la televisión. La actuación es un tronco común. Digamos que es como estudiar medicina: estudias la carrera general y luego te especializas en perinatología o audiología. En la actuación te especializas en radio, televisión, cine o doblaje. El doblaje es una especialización de la actuación. Mi mismo maestro me dijo: “Tienes una voz muy fuerte, entonces te van a dar siempre los villanos, los presidentes de los países, los generales o los superhéroes”. Y mi primer personaje fue un villano en una serie llamada La superabuela, que curiosamente solo pasó en Colombia. Ahí fue mi debut.
¿Cuáles fueron esas recomendaciones de tu maestro, y las tuyas propias con el tiempo, para cuidar la voz?
Algo muy importante: los cambios de temperatura. Si vas a tomar algo frío, toma frío todo el tiempo. Si es caliente, todo el tiempo caliente. Pero no puedes combinar algo frío —como un delicioso jugo de lúpulo— con un café caliente. Ese choque térmico le hace daño a las cuerdas vocales, porque son un músculo. Si les pones frío y calor seguidos, reaccionan y se pueden inflamar. También con los cambios climáticos al salir del estudio a la calle: si hace frío, te tapas para que no te dé el “chiflón” o el cambio brusco. Una vez aclimatado, ya puedes andar tranquilo.
¿Todos los días debes practicar un personaje o hacer ejercicios específicos para la voz?
Parezco loco, porque en las mañanas siempre tenemos que hacer ejercicios de calentamiento. Primero, aunque se vea muy feo, se saca la lengua lo más que se pueda y se mueve para calentar los músculos de la garganta y la cara. Después, por lo menos unos cinco minutitos haciendo sonidos con la letra “U”. Eso calienta las cuerdas y las hace vibrar. Es como el precalentamiento de la gente que va a correr. Esto ayuda a que no te cambie la voz drásticamente con los años. La voz se va modificando porque es un músculo, pero si lo sigues trabajando, lo mantienes bien y tonificado, igual que una persona mayor que ha hecho ejercicio toda su vida. Las cuerdas son membranas musculosas.
Generalmente conocemos mucho el doblaje mexicano por el famoso “lenguaje neutro”. ¿Cómo funciona eso?
El llamado lenguaje neutro no es otra cosa más que pronunciar todas las letras. En la mayoría de los países de Hispanoamérica, incluso en algunas regiones de México, tendemos a comernos ciertos sonidos de las letras o a tener una musicalidad y un acento muy especial al hablar. El único que ha sido aceptado a nivel continental es el neutro, que coincide con la forma en que hablamos en la zona centro de México. Para nosotros no es algo que practiquemos formalmente, así es como hablamos naturalmente.
¿Haces casting para cada personaje o te los asignan directamente?
Hay películas donde dicen directamente: “Bueno, este personaje lo hace Liam Neeson, ¿quién lo ha hecho siempre? Gerardo Reyero, dáselo a él”. Pero en otras ocasiones dicen: “Es Liam Neeson, pero necesitamos que haga casting con otros dos o tres compañeros que también lo han interpretado, a ver a quién le queda mejor para esta película en específico”.
A los actores de doblaje les pasa como a los actores comunes que la gente los aborda en la calle y les pide hacer la voz de un personaje?
Ahora más con las redes sociales. Las redes nos sacaron del anonimato a todos los actores de doblaje. Antes éramos los eternos desconocidos enterrados en un estudio de grabación, pero ahora en la calle es muy fácil que nos reconozcan. A veces, no por la cara, sino en cuanto empezamos a hablar. La gente reacciona y dice: “Su voz se me hace conocida”. Es algo muy especial.
¿Te ha servido de algo hablar como Liam Neeson ante algún apuro de pronto?
Te cuento una anécdota: Un día estábamos desayunando mi mamá, mi hermana y yo en su casa. Mi mamá siempre tenía el teléfono a un lado por cualquier cosa; sonó, contestó y vi que se puso pálida. Empezó a ponerse muy nerviosa diciendo: “Señor, ¿pero por qué me dice eso? No, señor, por favor...”. Mi hermana le pidió el teléfono y cuando ella atendió, también se puso a llorar.
Ya desesperado les pedí el teléfono. Cuando me lo puse al oído, el tipo me soltó: “Le estoy diciendo a tu hermana que los voy a matar, yo sé quiénes son, dónde viven y si no me dan tanto dinero...”. La clásica extorsión. Lo primero que se me ocurrió fue poner la voz de Liam Neeson y decirle la línea de Búsqueda Implacable: “No sé quién es usted...”. No me dejó terminar la frase. A la mitad me colgó y no volvió a llamar. Así que sí sirvió. Lo hubiera podido amenazar como Freezer diciéndole: “Mira, maldita sabandija terrible, dejas a mi familia en paz o te destruyo”, pero la de Neeson funcionó perfecto.
Entre 30.000 personajes en tu carrera, ¿cuál es tu ‘top 5’ de los más queridos?
Es difícil porque todos son como tus hijos, y a veces los que uno quiere no son los mismos que el público elige. Pero, por supuesto, Freezer (Dragon Ball Z) está en el número uno; es mi personaje icónico, el más conocido a nivel mundial, incluso en Estados Unidos y España. En segundo lugar pondría a Capitanazo (La Casa de los Dibujos). En tercer lugar a Darien / Tuxedo Mask (Sailor Moon). En el cuarto lugar se cuela mi favorito de favoritos, que es V de V de Venganza. Y yo creo que en el quinto está Liam Neeson. No sé qué tiene mi voz, pero siempre me ponen personajes perversos —sobre todo sexualmente perversos— y a la gente le fascina.
Cuando empezaste en esto, ¿cómo lo tomó tu familia?
Yo estudié originalmente para ser maestro de primaria. Quería estar al frente de un grupo divirtiéndolos, porque en ese entonces no tenía noción de lo que era ser un actor. Pero en la escuela normal conocí el teatro, me enamoré y descubrí mi verdadera vocación. Le dije a mi papá: “Voy a terminar la carrera por disciplina, pero yo quiero ser actor”. Él se decepcionó un poco porque siempre quiso un hijo profesor.
A mis padres tampoco les pareció que dejara la casa para irme a Ciudad de México, porque éramos una familia de muy escasos recursos y no tenían cómo apoyarme económicamente. Les dije: “No necesito su dinero, solo mándenme su bendición”. Al final, el universo conspiró a mi favor y me dio todo en bandeja de plata.
Para entender el proceso de forma sencilla, ¿cómo es una jornada de grabación en el estudio?
Llegas a una cabina totalmente acústica con un micrófono, audífonos y una pantalla. En la pantalla ves el video de lo que vas a doblar y al lado tienes el texto. Cuando yo empecé en esto, usábamos atriles grandes con guiones en papel y grabábamos hasta cinco actores al mismo tiempo frente al micrófono; si uno se equivocaba, había que repetir todo.
México es un referente internacional en esto porque tenemos una tradición de más de 80 años y un entrenamiento que nos da mucha rapidez. En el estudio ensayamos la escena una vez y la grabamos inmediatamente; pasamos a la siguiente, ensayamos y grabamos. No hay espacio para decir: “Hoy no traigo buena dicción” o “Me siento flojo”. Es un trabajo de mucha precisión.
¿Te toca estudiar los personajes con mucha anticipación?
En toda mi carrera solo hubo dos películas que pude ver con anticipación por la dificultad técnica que implicaban: La Máscara y V de Venganza. En La Máscara, la dificultad radicaba en la gesticulación de Jim Carrey. Él usaba unos dientes postizos enormes y yo tenía que interpretar a dos personajes opuestos: el Stanley Ipkiss apocadito y debilucho, y luego el personaje extravagante de la máscara.
Para lograr ese efecto no usé ninguna prótesis, hay que hacerlo todo cambiando la posición de la boca e imaginando que tienes esos dientes grandes para decir: “¡Esto sí que tenía mucho picante, es magnífico!”.
¿Puedes hacer imitaciones de voces?
Yo nunca he sido imitador; los que lo hacen tienen mis respetos, pero en el doblaje lo importante es conocer tu propia voz porque es tu herramienta de trabajo. Nosotros no imitamos al actor original, lo que hacemos es que hable en español dándole una identidad.
Por ejemplo, si yo hablo normal no sueno igual a Liam Neeson. Para poder empatar con su imagen en pantalla tengo que colocar la voz de otra manera: hablar con más aire, usar un tono más nasal y hablar suavecito para lograr ese tono suyo tan característico. Colocamos la voz para el personaje, pero la esencia sigue siendo nuestra.