El universo de la cosmética atraviesa una transformación profunda guiada por la exigencia de un consumidor que prioriza la comodidad y los resultados rápidos.
Para comprender el rumbo de estas dinámicas estéticas, conversamos con Helen Rojas, Trainer Coordinator de MAC Cosmetics Colombia, sobre las técnicas que definen el presente y los hábitos que marcarán la transición hacia las próximas temporadas.
¿Estamos presenciando el fin definitivo de los maquillajes cargados o se trata simplemente de una etapa de transición?
No se trata de una desaparición del estilo más elaborado, sino de una notable ampliación de posibilidades cotidianas. Hoy conviven perfectamente los días de coberturas sutiles con jornadas dedicadas a propuestas de mayor producción.
El cambio real radica en el criterio técnico: el éxito de un acabado natural no depende de aplicar menos cantidad por obligación, sino de saber distribuir el producto con mayor intención y en capas sumamente finas.
Bajo esta premisa, ¿la prioridad actual del mercado es que los cosméticos actúen también como tratamientos de cuidado facial?
Definitivamente, los límites entre color y tratamiento se han desvanecido. El público ya no percibe el cuidado cutáneo y la cosmética como universos aislados; se buscan soluciones integrales que unifiquen el tono mientras garantizan una hidratación prolongada. La evolución del sector apunta a que las fórmulas no solo ofrezcan un aspecto estético óptimo, sino que se sientan confortables sobre la textura real de la piel.
Los formatos compactos en barra ganan terreno frente a los productos fluidos tradicionales, ¿a qué responde este fenómeno?
El formato en barra responde de forma directa a la practicidad que exigen las nuevas generaciones. Su gran ventaja es la portabilidad y la precisión, ya que permite colocar el producto exactamente donde se necesita trabajar. Sin embargo, el envase no determina por sí solo el nivel de cobertura; la clave sigue estando en la versatilidad de la fórmula y en la libertad de difuminar tanto con herramientas profesionales como con las yemas de los dedos.
¿Cómo es posible lograr que convivan el control de la oleosidad con un acabado luminoso y fresco?
El secreto profesional está en romper la vieja regla de aplicar el mismo acabado en la totalidad del rostro. Hoy es posible controlar los brillos indeseados de forma localizada en la zona central —frente, nariz y mentón— empleando una cantidad mínima de polvo, mientras se mantiene un efecto satinado en los puntos altos de las mejillas. Este equilibrio de texturas es vital para adaptar las tendencias globales a entornos con variables climáticas extremas de humedad o altura.
Con miras a las próximas temporadas, ¿cuáles serán las pautas cromáticas y estéticas que sobrevivirán?
Caminamos hacia una paleta de color mucho más profunda y sofisticada, liderada por matices ciruela, marrones, rosas amaderados y tonos berry. Más allá de un pigmento en particular, lo fundamental será la técnica de aplicación: veremos labios con bordes difuminados, rubores integrados orgánicamente y el regreso del brillo cristalino no pegajoso. Del pasado se conserva la defensa de las cejas orgánicas y la piel fresca, pero dejando atrás las estéticas genéricas e idénticas.
El futuro de la belleza es profundamente individual; la tendencia que sobrevivirá es la piel auténtica y personalizada que convive con acentos de color, permitiendo que cada persona se reconozca frente al espejo.
Como reflejo de este cambio, firmas de trayectoria en grandes pasarelas han adaptado su conocimiento técnico avanzado para simplificarlo, ofreciendo opciones multifuncionales diseñadas para resolver un aspecto fresco y pulido en rutinas ágiles de pocos minutos.