En medio del debate nacional por la suspensión del decreto del salario mínimo, el candidato al Senado Daniel Gómez, por el partido Nuevo Liberalismo, dio a conocer su postura frente a esta coyuntura económica que atraviesa el país.
Gómez, quien es economista con más de 20 años de trayectoria en el sector público, destacó su paso como vicepresidente del Consejo Privado de Competitividad y como subdirector del Departamento Nacional de Planeación, donde participó en la creación de Ingreso Solidario.
En entrevista con El País, el candidato indicó que el debate debe abordarse desde criterios técnicos y de sostenibilidad.
Candidato, ¿cuál es su postura frente a la suspensión del decreto del salario mínimo?
El decreto del salario mínimo fue un gran error del Gobierno. No se ajusta a ningún tipo de análisis técnico de sostenibilidad. Es un aumento que está desencompasado completamente de la realidad social y económica del país. Yo creo que este debate no es una lucha entre empresas y trabajadores, sino entre la productividad del país y el bienestar de toda la sociedad. Un aumento desmedido del salario mínimo no está ayudando a los trabajadores, está excluyéndolos de participar en el mercado laboral.
Frente a la decisión del Consejo de Estado, considero que si está actuando en derecho demuestra que las instituciones funcionan y que la separación de poderes debe respetarse. También pienso lo mismo del papel de la Corte Constitucional y del Banco de la República: no podemos pedirles que ponderen los efectos políticos de sus decisiones. Aun así, es una situación muy desafortunada porque siembra incertidumbre y crea tensiones sociales.
Colombia vive una fuerte polarización política. ¿Cómo puede aportar desde el Senado para reducirla?
El Senado tiene que ser el sitio donde diferentes visiones de país se lleven, se discutan y se expongan. Creo que los congresistas debemos representar esas ideas del país que soñamos con discursos buenos, retórica y persuasión para construir acuerdos a partir de ellas. El Senado tiene que ayudar a eliminar la polarización, no desconociendo las diferencias, sino reconociéndolas, logrando acuerdos mínimos y sabiendo cómo convivir con ella.
Muchos ciudadanos hoy sienten desconfianza frente a los políticos, ¿qué haría usted diferente para recuperar esa credibilidad en los ciudadanos?
La confianza se recupera con un Estado abierto y transparente, con eficiencia en el gasto público y con monitoreo, seguimiento y evaluación tanto de lo que hace como de lo que deja de hacer el Gobierno y el Congreso.
Necesitamos entender realmente el impacto de las leyes, porque es imposible tener un país funcional con normas obsoletas, que no funcionan o que incluso producen resultados contrarios a los que se buscan.
Por eso creo que recuperar la confianza implica más transparencia, mayor participación efectiva de la ciudadanía, evaluación constante de políticas y leyes, y una depuración normativa que permita que se cumplan las reglas útiles y no sigamos acumulando simples “saludos a la bandera” que terminan generando efectos indeseados.
Finalmente, el eje de su propuesta es la educación, ¿cómo responde esa iniciativa a las necesidades reales de las personas?
Para mí el tema central es el de las oportunidades y la equidad. Muchas de las desigualdades en Colombia nacen desde la primera infancia, desde lo que yo llamo la lotería de la cuna: no es lo mismo nacer en una zona apartada que en una gran ciudad. Entonces ahí el Estado tiene un rol fundamental que es nivelar las oportunidades, garantizando nutrición, estimulación temprana, cuidado y condiciones básicas para el desarrollo.
También creo que la educación media, décimo y once, ha estado abandonada en la política educativa. Es una etapa decisiva porque allí los jóvenes definen su futuro y muchos, por dificultades económicas, terminan desertando para trabajar. Necesitamos reducir esa deserción y ofrecer más opciones: formación técnica, tecnológica, universitaria o emprendimiento. La idea es ampliar posibilidades reales para que cada joven pueda construir su proyecto de vida según sus capacidades y aspiraciones.