El partidor presidencial está listo: serán trece los candidatos que finalmente emprenderán la carrera por la Casa de Nariño, de la mano de coequiperos que escogieron esta semana y con quienes ayer se inscribieron ante la Registraduría Nacional.
Los resultados de las consultas interpartidistas del pasado domingo fueron clave para conformar ese partidor.
En primer lugar, la Gran Consulta por Colombia, porque dejó a Paloma Valencia con muchas posibilidades de convertirse en la primera mujer en ocupar la Presidencia de la República, al sumar 3.236.286 votos.
Pero también porque prácticamente le dio el derecho a Juan Daniel Oviedo de convertirse en la fórmula a la Vicepresidencia de la hoy senadora por el Centro Democrático, al alcanzar 1.255.510 votos.
Sin embargo, esta decisión ameritó dos encuentros a puerta cerrada entre los protagonistas y una cierta presión a ambos por parte de varios de los otros integrantes de la consulta de la centro derecha.
Por el contrario, una de las primeras fórmulas a la Vicepresidencia que conoció el país de manera formal fue la Abelardo de la Espriella, quien se inclinó por el exministro de Hacienda José Manuel Restrepo.
Allí el punto a resaltar fue que la inscripción de la ‘llave’ del movimiento político Defensores de la Patria se realizó en la ciudad de Cali y no en la capital del país, como se acostumbra.
En cuanto a la escogencia de Restrepo, el analista político y profesor de la Universidad Javeriana Felipe Jaramillo considera que responde a una necesidad de mantener la cohesión de la derecha de cara a los comicios del 31 de mayo y evitar su “fraccionamiento y dispersión”.
Según él, los resultados obtenidos por Paloma Valencia le plantean tres desafíos a la campaña de De la Espriella.
El primero es la erupción de la senadora como su principal contrincante, de cara a una segunda vuelta, y el segundo es la necesidad de superar los comentarios supuestamente homofóbicos del candidato en contra de Juan Daniel Oviedo.
“El llamado a la moderación también puede interpretarse como un intento de mitigar el daño político generado por ese episodio y evitar que esa tensión se traduzca en una pérdida adicional de apoyos”, plantea Jaramillo.
Y el tercer reto de la campaña de Abelardo de la Espriella tiene que ver con la amplia votación que obtuvo el Pacto Histórico para el Congreso de la República, que podría ser un anticipo de lo que viene en las presidenciales.
“De la Espriella necesita simultáneamente disputar el liderazgo del bloque de derecha frente a Paloma Valencia, reducir el costo político de su confrontación con Oviedo y evitar que las tensiones internas erosionen el respaldo electoral de ese sector político”, agrega.
Las consultas interpartidistas también dejaron en el partidor a Roy Barreras, quien llega disminuido a la contienda por la Presidencia porque solo logró sumar 595.978 votos en la consulta del Frente por la Vida, cuando su proyección era mucho mayor.
Para Carlos Charry, director del Doctorado en Estudios Sociales de la Universidad del Rosario, esa votación fue el resultado del llamado que hicieron el presidente Gustavo Petro y otras figuras de la izquierda a sus bases para que no votaran esa consulta.
También asegura que, además de haber dejado un mal precedente en términos de participación ciudadana y diversidad y debate político, esa postura podría llevar a que la aspiración de Iván Cepeda se convierta en una campaña cerrada en sí misma.
Para Charry, el anuncio de la fórmula de Cepeda, que quedó en manos de la senadora indígena Aída Quilcué, es prueba del objetivo que tiene el progresismo para las próximas elecciones.
“Ellos van a trabajar principalmente por reforzar y radicalizar el voto de izquierda ampliando sus bases. No van a buscar votos al centro. Por lo menos, no en este momento de la campaña”, indica.
Y añade que, de llegar a la segunda vuelta, esta estrategia podría cambiar, abriéndose a la búsqueda de otros sectores del espectro político nacional.
Frente a la amenaza que podría suponer esta figura ante una posible atomización de los votantes de Cepeda, Felipe Jaramillo piensa que, pese a la experiencia de Roy Barreras en el mundo de la política, en la actualidad no es mucho lo que podría incidir.
“En este momento no parece existir un escenario político claro en el que Roy pueda representar una amenaza real para Iván Cepeda. Los resultados de la consulta mostraron un respaldo electoral muy limitado, lo que sugiere que la capacidad de Barreras para movilizar votos de manera autónoma es reducida”, sostiene el analista.
¿Qué aportan las fórmulas vicepresidenciales?
El senador y politólogo Ariel Ávila explica que generalmente la escogencia de las fórmulas vicepresidenciales se hace como un acto simbólico o con el interés de que sumen votos.
“En este caso, creo que las tres campañas (Cepeda, De la Espriella y Valencia) están buscando símbolos. Aída Quilcué encarna la lucha indígena, su esposo fue asesinado por el Ejército. Creo que es un símbolo que afianza a la izquierda, pero no la hace crecer”, comenta.
Frente a José Manuel Restrepo, fórmula de De la Espriella, plantea que es un tecnócrata que deja tranquilo el Establecimiento e intenta copar la centro derecha.
“Sin embargo, es una fórmula sinsabor, no genera emociones”, sostiene Ávila.
Y de la selección de Juan Daniel Oviedo anota: “Tiene simbolismo y búsqueda de votos. Paloma se corre al mundo urbano, medio progresista en lo social, pero de derecha en lo económico y político”.
Otro aporte sobre el tema hace el analista político John González: “La fórmula de Aída Quilcué es un enrroque dentro de la izquierda misma, con la apelación al factor étnico, que es interesante desde el punto de vista de la novedad e incluso político, pero que es arriesgada”.
Agrega que Oviedo parece la figura vicepresidencial más atractiva. “Sin embargo, el condicionamiento que hizo a Paloma Valencia sobre la JEP y el Acuerdo de Paz de La Habana, para luego terminar aceptando sin chistar, le pueden alienar un importante sector de centro o progresista que lo veía como buena opción”.
La otra ganadora de la jornada electoral del pasado domingo y, por ende, ahora candidata presidencial es Claudia López, quien escogió como coequipero a Leonardo Huerta, con quien se midió en la Consulta de la Soluciones.
En esa misma orilla política está el antioqueño Sergio Fajardo, quien escogió a la exsecretaria de Educación de Bogotá Edna Bonilla como su fórmula vicepresidencial.
Para el analista político Álvaro Benedetti, “lo que hoy muestra el panorama es que el centro político tiene que converger alrededor de un liderazgo competitivo. Tal y como están las cosas, va a ser muy difícil definir esos roles. Lo que va a pasar es que van a llegar fragmentados y se van a dividir el voto”.
Sobre la fórmula a la Vicepresidencia de Fajardo, el analista Jhon González dice que poco le suma al exalcalde de Medellín ni desde el punto de vista electoral ni de planteamientos de fondo sobre el país.
“Es difícil que un candidato más atractivo le vaya a aceptar a Fajardo, dado que es muy remota la posibilidad de pase a segunda vuelta”, sostiene.
El partidor por la Presidencia de Colombia lo complementan otra decena de candidatos y sus ‘llaves’, quienes ayer adelantaban su inscripción ante la Registraduría Nacional.
Ellos son Luis Gilberto Murillo y Luz María Zapata; Clara López y María Consuelo del Río; Santiago Botero y Carlos Fernando Cuevas; Miguel Uribe Londoño y Luisa Fernanda Villegas; Mauricio Lizcano Luis Carlos Reyes; Sondra Macollins y Leonardo Karam, y Carlos Caicedo y Nelson Alarcón, quien fuera presidente de Fecode.
Esto después de que Maurice Armitage, Felipe Córdoba, Daniel Palacios y Juan Fernando Cristo desistieran de competir para suceder en el cargo a Gustavo Petro a partir del próximo 7 de agosto.