El mapa político para las elecciones al Congreso de la República empieza a reconfigurarse al ritmo de las coaliciones, alianzas que les permitirán a los partidos políticos ampliar fuerzas, al tiempo que juegan el papel de salvavidas para esas colectividades en las urnas.
En el Valle del Cauca, siete de esas uniones ya están plasmadas en los tarjetones con los que los colombianos elegirán el próximo 8 de marzo las curules de sus voceros en la Cámara y el Senado.
Ahora, la tarea para ellas estará en superar el umbral de votos, para garantizar que cada uno de esos pequeños partidos que las componen tengan representación en el periodo legislativo 2026-2030.
“En sistemas fragmentados y polarizados como el nuestro, la coalición es muchas veces la diferencia entre existir o desaparecer. Los partidos suman votos donde solos no alcanzarían, para llegar a mayorías simples, y reducen el riesgo electoral, porque comparten costos, se diluyen las posibles derrotas y llegan a una antesala de acceso al poder para obtener ministerios y ampliar la burocracia vía sus militantes”, explica el analista y consultor político Álvaro Benedetti.
Para tener participación en el Senado, es necesario que los partidos logren el 3 % de los votos válidos; es decir, más de 600.000 sufragios, para luego aplicar el sistema de la cifra repartidora, que determinará cuántas curules tendrá.
En la Cámara es diferente, ya que, cuando hay más de dos curules, por ejemplo, el umbral es el 50 % del cociente electoral, que se obtiene al dividir el número total de votos válidos entre el número de curules.
Por ello, en estas elecciones legislativas solo se atrevieron a ir solos partidos como el Centro Democrático, el Pacto Histórico, el Conservador, la U y el Liberal, aunque el último anunció el año pasado una pequeña coalición con Colombia Renaciente para la Cámara de Representantes en el Valle.
Según se supo, esa unión se dio casi que de manera obligada porque la lista ‘roja’ solo tenía dos candidatos con la capacidad de lograr una votación importante; sin embargo, la coalición permitió ampliar la posibilidad de éxito y ambas fuerzas esperan lograr mínimo dos curules entre sus trece aspirantes.
Otra coalición que llamó la atención fue la anunciada por Cambio Radical, que en pasadas elecciones se había arriesgado a ir sin compañía a las urnas.
Tanto en la Cámara Valle como en el Senado, los opositores se aliaron con otras cuatro colectividades. Se trata de la coalición ya estructurada ‘Alma’, que está integrada por la Liga de Gobernantes Anticorrupción, Colombia Justa Libres, Dignidad Liberal y Alianza Democrática Amplia, con los que lograron sumar trece candidatos.
Por parte del Nuevo Liberalismo, al que el año pasado no le alcanzó para pasar el umbral y tener curules aseguradas, pese a su estructura partidista, este año estará compitiendo en unión con los partidos Mira y Dignidad & Compromiso para Cámara y Senado con la coalición ‘Ahora Colombia’. Igualmente completaron los trece candidatos.
En esta alianza hay una llamativa disyuntiva que demuestra esa necesidad urgente de algunas colectividades por garantizar el umbral, así sea con uniones que no compartan su mismo sello.
Lo anterior se explica en que cada partido está apoyando a un candidato presidencial diferente. Por ejemplo, el Nuevo Liberalismo tiene su propio director, Juan Manuel Galán, compitiendo a través de la consulta interpartidista de centro- derecha.
Dignidad & Compromiso, por su parte, está apoyando a Sergio Fajardo y Mira todavía no se decide por quién se la jugará para suceder la Casa de Nariño.
Ese mismo dilema lo vive el Partido Oxígeno, que aunque no está en coalición por el Valle, sí se sumó a Cambio Radical, Alma y la U en la Cámara por Bogotá, y actualmente está apoyando a dos candidatos a la Presidencia, Juan Carlos Pinzón y Enrique Peñalosa.
El ‘Frente Amplio Unitario’ es otra coalición que se inscribió tanto para la Cámara de Representantes del Valle y el resto de las regiones, como para el Senado. Está conformada por Fuerza, que antes se llamaba La Fuerza de la Paz (partido del presidenciable Roy Barreras), el Partido Unitarios (de la senadora Clara López) y los movimientos Mais, Esperanza Democrática, El Trabajo de Colombia y el Ecologista Colombiano.
Además, están apoyando otros movimientos sin personería jurídica que se ubican en el ala de la izquierda del país.
El artífice de esta alianza fue el aspirante a la Presidencia Barreras, quien logró que en la misma vayan políticos tradicionales y jefes del sindicalismo: Gustavo García, Fabio Arias, Andrea Ángel, Domingo Ayala y Martha Alfonso.
En la línea de izquierda también está la coalición ‘Fuerza Ciudadana’, que lleva el mismo nombre del partido del exgobernador de Magdalena Carlos Caicedo, quien el año pasado oficializó su distanciamiento con el presidente Petro.
A esa alianza también se ‘subió’ Comunes, de los exFarc y M-19, colectividad en la que militó el Mandatario, y otros movimientos más pequeños como Voz Pública, Vocex, Movimiento por la Constituyente Popular, Movimiento Ciudadano Blanco, Comunal Campesino, Gente Nueva y Movimiento Campesino Colombiano.
‘Alianza por Colombia’ es una coalición más para el Senado, conformada por Alianza Verde, En Marcha, ASI, Colombia Renaciente y el Partido Demócrata Colombiano. Aunque no cuentan con un candidato oficial, tienen apoyos divididos.
Militantes del Verde apoyan la aspiración a la Presidencia de Juan Fernando Cristo y ASI avaló al exministro Mauricio Lizcano.
Por último, está la unión liderada por el candidato presidencial Abelardo de la Espriella, quien respalda todas las listas a Cámara y Senado del Movimiento Salvación Nacional, que por poco se queda por fuera de la contienda electoral.
¿Qué ganan y pierden?
Los ejemplos descritos anteriormente demuestran que los partidos, en su mayoría, más que buscar conformar un frente político coherente, solo intentan mantenerse con vida y alcanzar los umbrales exigidos, análisis en el que también coinciden fuentes consultadas.
“La identidad ideológica se pierde; el electorado, sobre todo el que no es muy avezado en análisis político, deja de saber quién es quién, porque hay una muy leve capacidad de diferenciarse, sobre todo en el caso de los actores de centro. La disciplina interna también queda en entredicho, porque surgen facciones, disidencias, hay rupturas y el partido se vuelve más un socio que un protagonista del poder”, anota Benedetti.
Asimismo, el director del doctorado en Estudios Sociales de la Universidad del Rosario, Carlos Charry, señala que el hecho de que los partidos tengan que hacer coaliciones demuestra que solos no pueden llegar al poder o no les alcanzan los votos, tanto a nivel de elección, como a nivel de Parlamento.
“Es una forma de reconocer que necesitan alianzas y eso implica negociar la agenda, pero, al mismo tiempo, acceder a cargos, contratos, cuotas de poder, entonces es como un gana gana, reconociendo que tienen que ceder en algunos asuntos para poder viabilizar el ejercicio de la política”, comenta.
En los comicios del 2022 fue difícil para varios partidos llegar al umbral, por lo que colectividades como Nuevo Liberalismo, Fuerza Ciudadana y movimientos emergentes como Estamos Listas y Salvación Nacional se quedaron sin representación en el Congreso.
Ya que la meta aumentó el número, se prevé que este año sea más difícil alcanzar los más de 600.000 votos necesarios para pasar el umbral. Por ello, esos partidos que se vieron afectados hace cuatro años son los mismos que este 2026 se están lanzando en coalición.
“Organizaciones pequeñas han utilizado este mecanismo fundamentalmente para mantener sus personerías jurídicas y, ya que la coalición permite que sus partes coaligadas sean partidos, pero también movimientos políticos, en algunos casos se utiliza para llegar y luego dividirse, y así obtener esa personería jurídica con la que van a intentar actuar en las siguientes elecciones locales o nacionales”, advierte Alejandro Sánchez, profesor de Ciencia Política de la Universidad Javeriana de Cali.
No obstante, Charry añade que algunos partidos como la U, y Alianza Verde “se han caracterizado por ser colectividades que, si bien no tienen el objetivo de tener grandes números en el Congreso en términos de senadores y representantes a la Cámara, sí empiezan a tener una cantidad lo suficientemente considerable que pueda en algunas votaciones determinantes desequilibrar la balanza a favor o en contra del Gobierno”.
“Es decir, su poder no está tanto en el volumen, sino en la capacidad de hacer acuerdos y negociaciones, y se vuelven una especie de actor recurrente de la política en términos parlamentarios”, anota.