“¿Cuál es el gas más caro?, el que no se tiene”. Con esta frase, Óscar Izasa, presidente de la Regasificadora del Pacífico, resume el desafío que enfrenta el Valle del Cauca en materia de seguridad energética. Mientras la región se prepara para la entrada en operación de un proyecto que busca garantizar el suministro de gas para hogares, industrias y plantas térmicas, la iniciativa se perfila como una de las principales apuestas de infraestructura energética del suroccidente colombiano.
La Regasificadora del Pacífico comenzaría a operar entre el 15 de noviembre y el 1 de diciembre. El proyecto contempla recibir gas natural licuado en Buenaventura, almacenarlo en un buque y transportarlo posteriormente en isocontenedores hasta El Vínculo, corregimiento de Buga, donde será regasificado e incorporado al gasoducto.
En entrevista con El País, Izasa explica cómo funcionará esta operación, cuál será su impacto para el Valle del Cauca y Buenaventura y por qué considera que esta infraestructura puede marcar un antes y un después para la independencia energética de la región.
¿Cómo avanza el proyecto de la Regasificadora del Pacífico?
Muy bien. Gracias a Dios, ya estamos a unos 45 días de comenzar. Este es un proyecto soñado, porque vamos a hacer una contribución muy importante para el Valle del Cauca: vamos a tener gas, a tener independencia energética y vamos a cumplir un sueño que durante muchos años se había planteado.
Los costeños hicieron la regasificadora de Cartagena en 2016-2017 y nosotros no fuimos capaces de hacer la de Buenaventura en aquella época. Durante mucho tiempo estuvimos discutiendo quién iba a pagarla. Hoy estamos en otra situación. Incluso se ha planteado que una sola hora de racionamiento en Colombia podría representar pérdidas enormes para la economía.
Entonces uno piensa que en ese momento estábamos discutiendo quién iba a pagar unos cientos de millones de dólares por una planta, cuando hoy estamos ante la necesidad de garantizar el suministro energético. Estamos muy contentos porque este año vamos a comenzar a regasificar.
¿Cómo comenzó todo este proceso?
Comenzó en 2024, cuando Ecopetrol nos invitó a participar en una convocatoria cerrada. Era una invitación plurilateral. Ecopetrol nos envió los términos de referencia y nos dijo que teníamos seis días para decidir si presentábamos una oferta.
A los seis días le dijimos a Ecopetrol que sí. Presentamos la oferta y comenzamos a discutir con ellos. Fueron meses de conversaciones, entre octubre, noviembre, diciembre y enero.
Finalmente, en febrero nos dijeron que nuestra oferta había sido la mejor.
¿Qué significa que la propuesta haya sido la mejor y cómo se está financiando?
Primero quiero dejar algo muy claro: aquí no hay plata de Ecopetrol. Cero. No hay un peso de Ecopetrol. Todo el riesgo es riesgo de contratista y riesgo de banco. El proyecto está financiado por tres bancos: la Financiera de Desarrollo Nacional, FDN; BTG Pactual y Banco de Occidente, del Grupo Aval. PIO SAS, Puertos, Inversiones y Obras también participa.
Entre los bancos y nosotros estamos colocando alrededor de un billón de pesos. Es una inversión muy importante y, sobre todo, es una inversión en la que nosotros asumimos el riesgo. Si no arrancamos, no se cobra la regasificación. No se cobra absolutamente nada.
¿Cuándo comenzará a operar?
La expectativa es comenzar entre el 15 de noviembre y el 1 de diciembre. Estamos muy cerca. Por eso hemos invitado a todos a que conozcan el proyecto y vean cómo funciona.
¿Qué significa para el Valle tener esta infraestructura?
El Valle del Cauca va a tener independencia energética. Eso es fundamental. Ya se está hablando de los riesgos que puede tener el país de cara al próximo año y nosotros vamos a hacer todo lo posible para que no ocurra un racionamiento.
La regasificadora tendrá que tener la capacidad suficiente para entregar gas no solamente a las residencias y a la industria, sino también a las plantas térmicas. Por eso este es un proyecto estratégico para el Valle del Cauca y Colombia.
¿Cómo funcionará todo el proceso desde que llega el gas a Buenaventura?
El gas viene en barcos, en estado líquido. El gas natural, cuando sale, es gaseoso y luego pasa por un proceso de licuefacción. Se enfría progresivamente hasta llegar aproximadamente a menos 164 grados centígrados y, a esa temperatura, se convierte en líquido.
Al convertirse en líquido, se reduce unas 600 veces su volumen. Eso facilita muchísimo su transporte.
La idea es que Ecopetrol traiga ese gas, que es metano, en un buque metanero. Nosotros tenemos un barco de almacenamiento que se llama Tura, que estará ubicado aproximadamente a cuatro millas de Buenaventura, en una zona autorizada por la Dimar, que se conoce como Zona Charlie. El barco metanero descarga el gas líquido y se va. Nosotros quedamos con el Tura lleno de gas licuado.
¿Y cómo se transportará desde allí hasta Buga?
Todos los días tendremos una barcaza con 72 isocontenedores. Esa embarcación llegará hasta el Tura, llenará los isocontenedores y después irá hasta el puerto
Cuando llega el buque con los contenedores, la grúa los recoge y los monta en los camiones. Esos camiones salen de Buenaventura y llegan específicamente al corregimiento de El Vínculo, que está entre Buga y Guacarí. Allí tenemos toda la estructura de regasificación.
¿Qué beneficios concretos obtendrá Buenaventura por participar en este proyecto?
Buenaventura tendrá un beneficio muy importante. Hoy el gas llega comprimido. Desde Yumbo se le entrega gas comprimido al gasoducto y este se lleva hacia Buenaventura. Cuando se presentan problemas en la carretera, el gas no llega y se generan dificultades en el suministro.
Ahora tendremos permanentemente un isocontenedor en Buenaventura. Estamos construyendo una pequeña planta de regasificación y Gases de Occidente tiene toda la distribución en la ciudad. Eso significa que siempre habrá gas disponible.
¿Y existe la posibilidad de llevar este modelo a otros municipios de la Costa Pacífica?
Sí. Estamos pensando que el mismo isocontenedor pueda montarse en un barco de cabotaje y comenzar a llevar gas a Guapi, Satinga, El Charco y Tumaco. La idea es instalar pequeñas plantas de regasificación en esos lugares.
Esto tiene además un componente social que para mí es muy importante. Hay una enfermedad que me ha sensibilizado mucho, que es la Epoc, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Muchas de nuestras madres y mujeres han tenido que inhalar durante años el humo del carbón y de la leña y en la Costa Pacífica mueren muchas personas por problemas asociados a esa exposición.
Si podemos llevar gas natural a esos pueblos, vamos a tener una mejor manera de vivir en pleno Siglo XXI. Es increíble que todavía haya personas que tengan que cocinar o trabajar con leña. Tener gas natural significa también mejorar las condiciones de vida.
El proceso de adjudicación ha generado comentarios. ¿Qué responde usted frente a esos cuestionamientos?
Ecopetrol nos envió una comunicación ratificando que el proceso fue transparente y que se cumplió con todos los parámetros establecidos.
Se hizo mediante una metodología de negociación plurilateral y bajo principios de eficiencia, igualdad, moralidad, eficacia, economía, celeridad, imparcialidad, equidad, publicidad y valoración de los costos.
Me siento sumamente honrado y contento de decirle al país que nuestra oferta fue una oferta transparente y fue la mejor. Tuvimos que ser competitivos en precio, en tiempo de entrada en operación y en seguridad para Ecopetrol.
Y vuelvo a repetirlo: aquí no hay plata de Ecopetrol, no tenemos un peso de anticipo. Esto es puro riesgo, pero nos sentimos orgullosos de poner un grano de arena en el Valle del Cauca y en la soberanía energética.
¿Cómo proyecta la Regasificadora hacia el futuro?
Yo creo que aquí hay una tarea pendiente. Buenaventura tiene que tener una regasificadora conectada con un gasoducto Buenaventura-Yumbo.
Un gasoducto Buenaventura-Yumbo y una planta de regasificación en Buenaventura nos permitirían evitar el transporte del gas en camiones. Con absoluta certeza sería más económico y seguramente más seguro.
Colombia también tiene un potencial importante de gas en Sirius, cerca de Cartagena. La idea podría ser que parte de ese gas se licúe y se lleve hasta Buenaventura. Así se podría tener un barco que regasifique y envíe el gas por gasoducto.
Cada vez que se transporta gas por un gasoducto hay un costo asociado al transporte. Si tenemos gas licuado en Buenaventura y lo regasificamos allí, podemos construir una verdadera plataforma energética para el Valle y para el país.
¿Eso podría reflejarse en el precio que paga el consumidor por el gas?
Absolutamente, tiene que verse reflejado en el precio. Pero yo siempre hago una reflexión: ¿cuál es el gas más caro?, el que no se tiene.
Cuando uno necesita un producto que no tiene disponible, termina pagando lo que sea por conseguirlo. Lo mismo pasa con la energía, el kilovatio más costoso es el que no se tiene y el metro cúbico de gas más costoso es el que no se tiene.
En 2018 y 2019 discutíamos en el Valle del Cauca quién iba a pagar la planta de regasificación. Hoy estamos a la puerta de un posible racionamiento. Una decisión que en aquel momento parecía costosa hoy se ve de otra manera.
Usted tiene una larga trayectoria ligada a Buenaventura. ¿Cómo llegó al sector portuario?
Yo nací aquí en Cali. Mi papá era maquinista del ferrocarril y mi mamá era modista. Soy ingeniero civil de la Universidad del Valle. Después de graduarme, a finales de los años 70, fui a Venezuela y allí aprendí sobre puertos.
Después regresé a Buenaventura y trabajé en Colpuertos. Yo digo con mucho orgullo que lo que sé de puertos, lo aprendí en Colpuertos. Después comencé a trabajar en el desarrollo de hidrocarburos y en 1991 fui presidente de la Junta Directiva de la Cámara de Comercio.
Participé en el proceso de privatización de los puertos con la Ley 1 y posteriormente asumí la promoción de la Sociedad Portuaria de Buenaventura.
La Sociedad Portuaria comenzó el 17 de marzo de 1994. Después desarrollamos otros proyectos en Costa Rica y Buenaventura, entre ellos TCBuen, y posteriormente Puerto Solo y Puerto Antioquia.
Puerto Antioquia terminó hace unos ocho meses, con una inversión de alrededor de 850 millones de dólares. Me siento muy orgulloso de que un vallecaucano haya podido hacer un puerto en Antioquia.
¿Qué nuevos proyectos portuarios tiene ahora en Buenaventura?
Siempre estamos pensando en qué viene para Buenaventura. Este fin de semana se publican los edictos de dos nuevos proyectos portuarios que queremos desarrollar: Puerto Mujeres y el Terminal Portuario 363.
A partir de ahí comenzaremos todo el proceso ante la ANI y la Anla, además de los estudios ambientales, sociales y el trabajo con las comunidades. Es un proceso que seguramente nos va a tomar dos o tres años, incluyendo la estructuración financiera y posteriormente el inicio de la construcción.
¿Por qué considera necesario construir nuevos terminales?
Porque la Sociedad Portuaria y Aguadulce van creciendo y llegará un momento en que se saturarán. Eso es lo que está pasando también en otros lugares, como Cartagena, donde la Sociedad Portuaria está desarrollando nuevos terminales.
En Buenaventura tenemos que anticiparnos. Qué bueno que podamos hacer inversión y empresa. Yo siempre he querido que llegue industria a Buenaventura.