El aumento del costo de vida está modificando la manera en que los colombianos administran sus ingresos. Ya no se trata únicamente de reducir productos de la lista de compras: los hogares están revisando qué adquieren, cuánto pagan y, sobre todo, qué beneficios reciben a cambio de cada peso gastado.
El fenómeno hace parte de una tendencia más amplia en América Latina. De acuerdo con el estudio Consumer Pulse, de Bain & Company, el 90 % de los consumidores de la región percibe un incremento constante en el costo de vida, mientras que el 67 % de los hogares ha tenido que realizar ajustes directos en sus presupuestos.
En este escenario, el consumidor se vuelve más selectivo. Compara precios, busca promociones y analiza el rendimiento de los productos, pero también procura mantener aquellas categorías que considera esenciales para el funcionamiento del hogar.
Una de ellas es el aseo. Según Julio César Bonilla, gerente de Ventas de Azul K, las familias están buscando alternativas que les permitan ahorrar sin necesariamente sacrificar calidad.
“El colombiano no está dispuesto a arriesgar la ropa, las vajillas o la limpieza y desinfección de su hogar con opciones que no cumplen lo que prometen”, señala Bonilla.
Para el ejecutivo, esta transformación implica que la decisión de compra no está determinada exclusivamente por el producto más barato. El consumidor también evalúa aspectos como la duración, los beneficios y la cantidad de necesidades que puede resolver una misma solución.
Hogares más pequeños, nuevas necesidades
Los cambios en el consumo también están relacionados con la transformación de los hogares colombianos. Según la información citada en el estudio, los hogares unipersonales representan el 20,2 % del total nacional, es decir, aproximadamente uno de cada cinco hogares.
Esta modificación en la composición familiar tiene efectos sobre distintas industrias, incluido el mercado de productos para el hogar. A esto se suma la tendencia hacia viviendas con menores áreas, especialmente en segmentos donde el costo de la vivienda obliga a optimizar el espacio disponible.
En consecuencia, practicidad y multifuncionalidad adquieren mayor relevancia. Para consumidores que viven solos o cuentan con espacios reducidos, productos capaces de atender varias necesidades pueden representar una alternativa para reducir el número de artículos almacenados y simplificar las labores domésticas.
Para las empresas nacionales, el reto está en responder a un consumidor que conoce mejor sus opciones y que, ante un presupuesto limitado, analiza con mayor detenimiento sus decisiones.
En este sentido, Bonilla sostiene que el conocimiento de las dinámicas locales, junto con su capacidad de distribución y el desarrollo de diferentes formatos, le permite atender los cambios en las necesidades de los hogares.
La tendencia, sin embargo, trasciende a una empresa o una categoría específica. La presión sobre los presupuestos familiares está creando un consumidor que busca hacer rendir más su dinero y que incorpora nuevos criterios antes de comprar.
Así, la economía de los hogares colombianos se está reflejando no solo en cuánto se gasta, sino también en cómo se decide gastar: comparar, priorizar, buscar rendimiento y encontrar productos que justifiquen su precio se han convertido en parte de la nueva rutina de compra.