Andan callados. Escondidos. Como si no fuera con ellos. Como si no les asomara culpa alguna en su conciencia. Como si la vergüenza les pasara por un lado. Como si no fueran colombianos...

Los intocables, podríamos decirles. Porque cuando las cosas no andan bien con la Selección, les endilgamos responsabilidades al técnico y los jugadores, y ruedan cabezas, pero las de ellos se mantienen firmes, altivas, como si hicieran siempre lo correcto.

¿Cuándo pagarán sus culpas los directivos de la Federación Colombiana de Fútbol? La eliminación del Mundial de Catar obedece en gran parte a sus acciones. Porque fueron ellos los que le dieron una patada a Pékerman y lo sacaron por la puerta de atrás luego de que el argentino más colombiano que existe hubiera puesto a la Selección en dos Mundiales. Y fueron ellos los que apostaron por Queiroz tras una larga interinidad de siete meses en el banquillo tricolor, y luego lo echaron sin darle posibilidad de la reivindicación. Y fueron ellos los que pusieron sus ojos en Rueda aun cuando hacía una mala campaña con Chile en las eliminatorias.

Está claro que siempre hubo buenas intenciones y ahora, cuando el muerto está bajo tierra, es más fácil emitir juicios y encontrar culpables. Pero den la cara. Acepten sus equivocaciones. Díganle al país qué pasó.

Cuenten en qué condiciones se fue Queiroz y si el equipo de verdad se rompió por dentro o no. Si hubo un complot contra el portugués o aquello fue una falacia. Si el grupo de jugadores estaba dividido o no y ustedes terminaron haciéndole imposiciones a Rueda por cuenta de los patrocinadores.

Tengan al menos respeto por la afición y explíquenle lo que ustedes, las cabezas de la misión de estar en Catar, consideran que falló hasta llegar a este rotundo fracaso. Acepten que no tuvieron un proyecto serio y bien construido, y que la confianza la depositaron en disparos que hicieron al aire.

¿Cuándo saldrá el señor Jesurún a poner el pecho y decir verdades? Si tuviera vergüenza, hace rato habría dejado su cómoda silla. Y más que por la debacle colombiana, por su censurable comportamiento al frente de una Federación podrida y corrupta, que se ha valido de una cuestionable autoridad y un enfermizo poder para sacar provecho propio, como ocurrió con la reventa de boletas de las eliminatorias al Mundial de Rusia y cuya millonaria sanción impuesta por las autoridades terminó saliendo del bolsillo de la propia entidad. Un total de 16 mil millones de pesos que fueron camuflados en los balances financieros. Mejor dicho, Jesurún y su corte ganaron por punta y punta.

¿Y cuándo dejará su silla Álvaro González, afincado por décadas en la Difútbol, su vaca lechera, desde donde quita y pone y hace lo que quiere? Pero no, los señores de la Federación acaban de hacerse reelegir, con la complicidad de quienes deciden hacer silencio si algún pedazo sacan de la torta. Y hoy, los honorables directivos andan encorbatados y sonrientes en Doha, como si nada hubiera pasado. Qué feo huele el fútbol colombiano. Qué podrido está. Hiede desde hace rato. Y hoy lamentamos las consecuencias.