La final disputada en Rabat entre Marruecos y Senegal fue todo menos un encuentro convencional.
El ambiente en el estadio Prince Moulay Abdallah estaba cargado de tensión desde el inicio, con dos selecciones que representan proyectos futbolísticos distintos pero igualmente ambiciosos.
Marruecos, anfitrión y favorito por su condición de local, buscaba coronar un ciclo de crecimiento sostenido en el continente.
Senegal, por su parte, llegaba con la experiencia de haber ganado el título en 2021 y con la convicción de que podía repetir la hazaña. El partido se desarrolló con intensidad, aunque sin demasiadas ocasiones claras, hasta que en los minutos finales se desató el escándalo.
El árbitro señaló un polémico penalti a favor de Marruecos en el minuto 98, una decisión que desató la furia de los jugadores senegaleses.
La protesta fue tan contundente que el equipo llegó a retirarse del campo, siguiendo las instrucciones de su seleccionador, en un gesto que parecía condenar la final a un desenlace abrupto. Sin embargo, tras varios minutos de incertidumbre y discusiones con los oficiales del torneo, Senegal regresó al césped.
El penalti fue ejecutado por Brahim Díaz, pero su disparo terminó siendo errado, lo que añadió más dramatismo a la situación.
La tensión no se disipó y el partido se extendió al tiempo extra, donde apareció la figura de Pape Gueye. Con un golazo en el minuto 112, el mediocampista senegalés selló el triunfo y desató la euforia de los Leones de la Teranga.
El tanto no solo significó el título, sino también una reivindicación frente a lo que consideraban una injusticia arbitral. La imagen de los jugadores celebrando con rabia y orgullo contrastó con la desolación de los marroquíes, que habían acariciado la gloria en casa y terminaron derrotados en un escenario que parecía escrito para ellos.
La polémica del penalti y la retirada momentánea de Senegal del campo han abierto un debate sobre la organización y el arbitraje en la Copa Africana de Naciones.
Después del polémico episodio, este puede llegar a marcar un antes y un después en la manera en que la Confederación Africana de Fútbol gestiona sus torneos, pues la credibilidad quedó en entredicho.
Por otro lado, para Senegal, sin embargo, la historia se escribe en clave de gloria: con este triunfo, suma su segundo título continental y reafirma su lugar como una de las potencias emergentes del fútbol africano.
La victoria en Rabat, en medio de la adversidad y la controversia, será recordada como uno de los mejores partidos de este 2026.