El deporte colombiano está de luto. Giovanni Hernández, considerado el mejor jugador de microfútbol en la historia del país, falleció este lunes 16 de febrero a los 55 años, dejando un vacío irreparable en la disciplina que ayudó a popularizar en Colombia y el mundo.

Hernández, quien creció en el barrio San Cristóbal de Bucaramanga, se convirtió en un ícono del microfútbol gracias a su técnica depurada, visión de juego y capacidad goleadora, que lo llevaron a brillar en canchas nacionales e internacionales.

Apodado ‘El Mago’ por su habilidad para resolver partidos con jugadas imposibles, el bumangués trascendió las fronteras del deporte amateur para convertirse en embajador de una disciplina que durante décadas fue considerada menor.

Su legado va más allá de los títulos y reconocimientos individuales. Hernández fue pionero en profesionalizar el microfútbol en Colombia, demostrando que la pasión por este deporte podía convertirse en una carrera seria. Su influencia inspiró a generaciones de jugadores que vieron en él un modelo a seguir, tanto dentro como fuera de la cancha.

“Su padre, don Rafael, prefería el fútbol tradicional,aunque con el tiempo terminó siendo su admirador más fiel. Giovanni incluso llegó a jugar con los tenis de quien luego sería su esposa, regresando a casa ‘disfrazado’ para evitar regaños. La pasión era más fuerte que cualquier obstáculo”, indicó el Qhubo Bucaramanga.

La noticia de su fallecimiento generó una ola de reacciones en redes sociales, donde compañeros, rivales y aficionados recordaron sus mejores momentos. Durante las últimas semanas, la comunidad del microfútbol había mantenido cadenas de oración por su salud, conscientes de la gravedad de su estado.

Nacido y criado en San Cristóbal, uno de los barrios tradicionales de Bucaramanga, Hernández representó el sueño de miles de jóvenes colombianos que encontraron en el microfútbol una alternativa de vida. Su historia es la de un deportista que supo convertir el talento callejero en arte, llevando el nombre de Colombia a escenarios internacionales donde dejó huella imborrable.

El microfútbol colombiano pierde a su máximo referente, pero gana un legado imperecedero. Giovanni Hernández demostró que no hacen falta grandes escenarios para ser grande, que la pasión y el talento pueden florecer en cualquier cancha, y que un balón y cuatro paredes son suficientes para escribir historia.

Su partida deja un vacío en el deporte nacional, pero su nombre permanecerá por siempre en la memoria de quienes lo vieron jugar y en el corazón de quienes encontraron en el microfútbol una razón para soñar. Descansa en paz, Mago.