Desde la tribuna de Cascajal, la sede del América, Luis Paz no pierde detalle del entrenamiento. Viste camisa blanca de manga larga, pantalón caqui y una manilla roja en la muñeca derecha. El atuendo contrasta con el de hace apenas un mes, cuando aún estaba de cortos, allá abajo, en la cancha.

Más tarde dirá que atraviesa un duelo: el del retiro del fútbol, después de siete años con los ‘diablos rojos’, 212 partidos, dos títulos de liga, ningún gol.

El gol se los quedé debiendo. Hice en amistosos, pero esos no cuentan. Mis compañeros me molestaban, que para cuándo el gol, y yo les aclaraba: a ustedes les pagan por hacer goles, a mí por evitarlos. Evité muchos.

Luís Paz exjugador del America y ahora delegado deportivo. Foto Jorge Orozco | Foto: El País

La elegancia al vestir tiene una razón: Paz es ahora delegado deportivo del América. El duelo, explica, se mezcla entonces con la alegría del nuevo rol, los nuevos caminos.

Sensaciones encontradas.

Nos sentamos a conversar justo detrás del afiche del título de 2019, cuando América venció a Junior en el Pascual, pese a que, en la madrugada previa, en el hotel, “todo era una recocha”. Entonces, Luis era inamovible en la titular del equipo donde empezó a jugar desde niño y donde terminó su carrera. El comentario final de la entrevista explica buena parte de su historia como jugador, su amor por el fútbol y por el equipo del que es hincha.

La casa mañana me la quitan, ¿pero el América quién me lo va a quitar? El carro me lo quitan, mi esposa se va, y ¿el América? ¿Quién me lo va a quitar? Eso es hasta la muerte.

Acaba de anunciar el retiro del fútbol para ser delegado deportivo del América. ¿Cómo es la vida tras el retiro? ¿En qué consiste ese rol?

Bueno, estos son días de sensaciones encontradas. La melancolía que queda después de tomar la decisión de dejar lo que he hecho casi toda mi vida, que es jugar al fútbol, y, por otro lado, la alegría de que, afortunadamente, tuve la posibilidad de prepararme a lo largo de mi carrera y hoy tengo los argumentos educativos para asumir este nuevo cargo que el club me abrió como delegado deportivo. Consiste en encargarse de varias tareas para que los jugadores estén bien, a punto. A grosso modo, es garantizar las condiciones para que todo marche de buena manera, tanto para los jugadores como para el cuerpo técnico, para que el día a día sea cada vez mejor y lograr los objetivos.

Luis Paz es nuevo delegado Deportivo de América de Cali. | Foto: América

El delegado es como el puente entre jugadores, cuerpo técnico y los directivos, el enganche…

Exactamente. Es esa persona que está ahí para que todo lo deportivo esté de forma cumplida, desde los balones hasta las canchas, y también adelanta labores administrativas.

¿Dan ganas de ponerse los guayos otra vez?

La verdad, ahorita mismo, no. De pronto pasado mañana, quién sabe. En estos días estoy viviendo el duelo del retiro, pero no quiero ponerme los guayos otra vez. Obviamente el fútbol es lo que me apasiona y me apasionará hasta que el de arriba nos la preste. Ahora estamos aprendiendo en este nuevo rol.

¿En qué momento se dio cuenta de que era hora del retiro?

Lo que fue marcando esa decisión era cómo me sentía en el día a día: en los entrenos, cómo salía, cómo me levantaba al otro día para volver a entrenar, cómo me sentía dentro de la cancha. Siempre, cuando hablaba con Adrián Ramos, desde hace años, le decía que el día que yo sintiera que no podía hacer lo que siempre hacía en una cancha, me retiraba. Empecé a sentir que no era el mismo.

Yo he sido muy exigente con mis compañeros y conmigo mismo. He tratado de exigir con el ejemplo: “Vamos a correr”, les decía, y yo era el primero en hacerlo. Y ya no tener esa posibilidad física de exigir con el ejemplo hizo que tomara la decisión de retirarme, porque trato de ser coherente entre lo que hago y lo que digo. Han pasado los años, el cuerpo tiene un trajín: muchos entrenos encima, muchos soles. Es normal.

Luis Paz, mediocampista del América, relató en Telepacífico cómo fue víctima de un fleteo en el sur de Cali. | Foto: El País

¿Influyó el partido con Nacional que se perdió en Medellín y en el que jugó después de una para larga, las críticas?

No, mira que no, porque al final es fútbol. Con el tiempo entendés que peores partidos que ese podés tener, o puede tener el equipo. Al final, si jugó mal un jugador y los otros diez están bien, difícilmente perdés. Ese día no estuvimos a la altura en tramos del partido donde ellos venían en otro momento, todo lo que les quedaba la metían.

Entonces coincidió una mala noche de nosotros con un buen momento de ellos. Pero fue un partido normal que se perdió, no marcó una diferencia en mi decisión.

Dicen que es clave, en el retiro, saber qué se va a hacer al siguiente día…

Sí. Yo le decía a mi esposa: el día que me retire, independientemente de la situación económica en la que esté, no quiero levantarme y mirar para el techo y decir: “¿Qué voy a hacer?”. Llevar la niña al colegio, volver a la casa, ir al gimnasio, sacar los perros, visitar una tía… no. Yo quería tener muchas cosas adelantadas para cuando tomara esta decisión, tener opciones para seguir logrando sueños. Se acaba el sueño de ser futbolista profesional, pero la vida sigue, con otros objetivos. Fue mi forma de ver la vida mientras fui futbolista.

Empezó a estudiar desde muy joven. ¿De dónde viene esa conciencia por la importancia de la educación?

La vaina del estudio fue algo que me inculcaron. Mi papá era muy cansón con el tema, me decía que estudiara. Y yo, desde que empecé a jugar fútbol profesional, siempre he estudiado. Cuando estaba en Boca Juniors, en Primera C, estudié una técnica en mecatrónica. Me tocó irme a Villavicencio para jugar en la B con Centauros y allá hice electricidad y electrónica. Luego me fui a jugar al Quindío y ahí empecé la contaduría. Cuando llegué a América ya me había graduado. Y en América continué estudiando: hice la licencia de entrenador, la A y la B, la Pro, que estoy cursando ahorita. Hice una maestría en gestión deportiva, de scouting deportivo, así que he ido tratando de prepararme en el camino para este momento.

Luís Paz exjugador del America y ahora delegado deportivo. Foto Jorge Orozco | Foto: El País

Tiene una empresa de servicios contables…

Sí, se llama LP Consultores, una empresa que lleva dos años trabajando en el tema de asesorías financieras y contables.

Me imagino que sus clientes son jugadores de América…

Tengo varios. Al tenerlos cerca, ellos tienen esa confianza de acercarse. Y cuando empecé a estudiar contaduría, uno ve las falencias que tenemos los futbolistas en lo financiero. De hecho, ese fue mi proyecto de tesis: asesorías financieras para futbolistas profesionales. Esa asesoría financiera hace mucha falta cuando el jugador quiere estar concentrado en el fútbol. Tener una empresa de confianza que le ayude a gestionar esa parte da mucho alivio para dedicarse exclusivamente al deporte.

Es decir que sabe cuánto se gana cada uno en el equipo y en qué lo invierte…

De los que trabajan conmigo, sí. El contador es como el médico o el abogado: tenés que decirles toda la verdad para que puedan trabajar mejor. Lo que hacemos es estructurar un plan de vida financiero, para irse proyectando de acuerdo con lo que quiere cada jugador y que, cuando ya no esté el contrato generoso que paga el fútbol, tenga condiciones idóneas para seguir viviendo de una manera cómoda.

Luís Paz exjugador del America y ahora directivo. Foto Jorge Orozco | Foto: El País

Hablemos de la historia en América. Lo trajo el profesor Fernando ‘Pecoso’ Castro…

Yo llegué del Tolima por pedido del ‘profe’ Pecoso. A él le agradezco estar donde estoy; me decía que debía ser buena persona fuera de la cancha, pero adentro tenía que ser de los malos. Porque ‘Pecoso’ era uno en la línea y otro muy distinto cuando te sentabas a hablar con él. Como persona te orientaba, te protegía, te quería sacar lo mejor dentro y fuera de la cancha, para que fueras buen hijo, buen esposo, sacaras tu familia adelante, no desperdiciaras el dinero.

Son personas que se vuelven guías, aparte de tus padres, que están lejos. Los técnicos como ‘Pecoso’ se vuelven como tus padres también, pocos entrenadores hacen ese trabajo. Él tenía ese espíritu de paternidad.

En 212 partidos con América, ¿cuántas tarjetas rojas?

Como cuatro en América, no fueron muchas en siete años. Amarillas, sí, muchas. Jugar con tarjeta amarilla era una de mis especialidades. Me molestaban a cada rato porque me sacaban la amarilla, pero yo les decía: tranquilos, que eso no pasa nada. En toda la carrera me sacaron como doce rojas.

¿Cuál fue el momento más feliz?

Obviamente, los títulos que logré con América. Y cuando firmé el contrato con el equipo, por todo lo que había soñado de estar acá. Del título contra Junior recuerdo muchas anécdotas. El día anterior al partido, a las 3:00 de la mañana, todos estábamos en el hotel despiertos y jugábamos al otro día a las 5:00 de la tarde. Estábamos en los cuartos, joda y joda. Estábamos tan enrutados que eso no interesó y se logró el objetivo.

América de Cali ganó la estrella 14 en el año 2019 con Guimaraes como entrenador. Foto: Dimayor. | Foto: Foto: Dimayor.

Y la rivalidad con Teo...

Sí, se marcan diferentes situaciones, pero esa rivalidad la crea más la gente que uno como jugador, porque, al final, somos compañeros de profesión. Uno las vive en la cancha y ya, pero el que las marca más es el hincha, y los periodistas, que le meten ese picante a ese tipo de rivalidades.

¿Y momentos difíciles?

Varios. Las lesiones, sobre todo. Para uno como futbolista las lesiones lo marcan porque representan una pausa que no querés. Despedirme, el retiro, ha sido duro para mí. El semestre pasado estábamos de últimos en la tabla. Yo les decía a mis compañeros que en siete años nunca había estado de último. Bueno, me faltaba vivir esa situación y me tocó. O quedarse fuera de los ocho, eso para mí es muy duro, porque uno piensa en las consecuencias.

Adrián Ramos y Luis Paz se quedaron en el América por la gestión de Marcela Gómez. Son líderes en el equipo y con ellos mantiene contacto directo y les comparte su proyecto deportivo.

¿El jugador piensa en el hincha, en su dolor, cuando se pierde?

Claro. En mi caso pensaba en todo: en el que viene desde lejos, del pueblo, a ver un partido; en el que, si no clasificamos y está afuera vendiendo chorizos, no los va a vender. Y uno trata de expresarles eso a los compañeros. A veces no se dimensiona todo lo que genera perder y todo lo que genera ganar, aparte de lo que le genera a uno en su carrera, en dinero. Es un mundo tan grande que uno, a veces, en una cancha tan pequeña, no lo dimensiona.

¿Cómo manejaba esa presión, el significado de ganar o perder en un equipo como América?

Como al final el fútbol es un deporte de conjunto, yo trataba de canalizarlo en que iba a hacer todo lo que estuviera a mi alcance para ganar. Esa era mi tranquilidad. Me iba para la casa y empezaba a revisar el partido: qué hice, qué no hice. Y me quedaba tranquilo de que había hecho todo lo que tenía que hacer. Si se lograba ganar, bien; si no, hay que entender que es un deporte de conjunto y pasan situaciones que uno no controla.

Siempre se decía, en los malos resultados, que Luis Paz y Adrián Ramos manejaban el equipo, que se hacía lo que ustedes dijeran...

Si ni siquiera mi hija hace lo que le digo, que tiene 4 años. Le digo: “bájese”, y se sube, imagínese estos manes acá. Pero esos comentarios son normales en el fútbol cuando uno es líder o capitán. Obviamente, uno exige cosas, y es así aquí y en cualquier lado. Pero también es normal que afuera digan que uno como capitán maneja los temas. Es más, muchos jugadores, teniendo liderazgo, dejan de ejercerlo por esos comentarios, porque no quieren que se esté hablando de ellos. Yo sí daba la cara. Al final, tengo la tranquilidad de que puedo mirar a la cara a cualquier persona, porque siempre hice las cosas bien.

Luís Paz exjugador del America y ahora delegado deportivo. Foto Jorge Orozco | Foto: El País

¿Escucha programas deportivos?

No. Fue una guerra con mi papá para que dejara de escucharlos. Él iba en el carro y me decía: “Hijo, dijeron tal cosa de usted”. Yo le decía: “No le pare bolas a eso. ¿Usted no me está viendo aquí?”. Decían que yo iba para no sé qué equipo, y yo estaba al lado de él. Entonces uno entiende los medios, aunque no comparte muchas cosas, y pone la barrera.

¿Cómo empieza en el fútbol?

Yo nací en Bogotá. Mi papá es muy apasionado por el fútbol y desde que estaba en la barriga el primer regalo que me dio fue un balón. A los dos años nos vinimos a Puerto Tejada, Cauca, de donde es mi familia, y a los 6 años empecé en un equipo del barrio. Justo en ese equipo estaba Adrián, que es mi primo y uno de mis mejores amigos. Ahí empezó todo, con don Miro, el equipo Súper Crack. Era un señor que le gustaba el fútbol y sacaba a los niños a jugar. Él nos trajo a probar a América y quedamos. Y comenzó el camino.

Mi familia toda es americana. El 90 % de Puerto Tejada es americano. De niño jugaba de delantero, después de central y me quedé de volante. El ídolo era Claude Makélélé, el francés del Real Madrid. El ‘profe Buki’, en América, fue quien me puso de volante y ahí me quedé.

América de Cali campeón de la estrella 14 (2019-ll). | Foto: El País

Cuando se es hincha, ¿cómo se vive ese momento? Vestido con el uniforme, el Pascual Guerrero lleno, alentando…

Es difícil decir que se vive así o asá. Son sentimientos que uno no puede explicar. Pero es el sentimiento más lindo del fútbol. Ver ese estadio rojo, salir del túnel y escuchar el aliento, es una cosa de otro mundo.

¿Qué decirle a esa hinchada que está molesta aún por perder la final con Nacional, o por cómo se jugó contra Fluminense, América se hace dos goles en 20 minutos y hubo un quiebre entre aficionados y equipo?

El mensaje al hincha es que aliente hasta el final. Por lo que hablábamos sobre lo que pasa en una cancha, lo único que podemos controlar es lo que está a nuestro alcance. Y en el caso del hincha, es el apoyo, el aliento. Es lo que trato de hacer: alentar a mi equipo esté en el momento que esté, porque es lo que puedo controlar como hincha. A eso es a lo que invito: a que cada uno haga lo que puede hacer para alcanzar el objetivo.

Se lo decía a un amigo hace poco: lo único que voy a tener en mi vida siempre es al América. La casa mañana me la quitan, pero el América, ¿quién me lo va a quitar? El carro me lo quitan, mi esposa se va, y ¿el América, quién me lo va a quitar? Eso es hasta la muerte. Siendo así, debemos tomarlo como tal: atesorarlo, quererlo y hacer sentir eso al jugador que llega, al que está al lado, para que se note aún más la grandeza de nuestro equipo.