En los años 2000 surgió la necesidad de crear un equipo de fútbol femenino en Palmira. Felipe Taborda, el extécnico de las selecciones Colombia juveniles y de mayores femenino, fue el impulsor. Ver el talento y las afugias que las niñas pasan por la violencia que azota a muchos rincones del país, lo llevó a consolidar un club que forja grandes talentos femeninos y masculinos.

Nombres como los de Ingrid Vidal, Marcela Restrepo, Manuela González, entre otras, nacieron en un equipo que se creó por la necesidad de arropar a Vidal, quien era la jugadora más destacada de la ciudad.

Viendo el potencial de una chiquilla (Ingrid Vidal), cuando apenas era una adolescente, llevó a Taborda a fundar el club Generaciones Palmiranas, ese que empezó con un grupo de no más de 10 niñas y que hoy en día cuenta con más de 350 jugadores y jugadoras.

Ingrid Vidal le abrió las puertas a muchas talentosas jugadoras que hoy están regadas por el país en distintos clubes.

Por eso ella se siente muy orgullosa de haber sido forjada en el elenco palmirano: “crecer aquí, trascender y haber hecho todo el proceso de Selección Palmira, Valle y Colombia lo obliga a uno a esforzarse más por las niñas que están persiguiendo este sueño”.

felipe taborda, el líder de Generaciones Palmiranas, tiene un completo staff de entrenadores, fisioterapeutas, utileros, médicoos y demás para Generaciones Palmiranas. | Foto: El País

Según el profesor Felipe Taborda, hoy en día Concejal de Palmira, la creación de Generaciones Palmiranas, un club que no cobra nada, ha transformado vidas.

“Ha sido un trabajo social de muchos años. He visto tantas historias de vida; por eso me enfoqué en esta labor en donde el club no cobra nada. Tenemos una casa hogar, les damos estudio y buscamos cumplir sus sueños”.

Por esa misma línea va Ingrid Vidal, quien jamás pensó la dimensión que tomaría el club: “uno no visiona que se volviera tan grande. Yo jugaba para ser feliz; era un momento donde el fútbol, femenino era rechazado y estigmatizado, donde nosotras las mujeres no teníamos peso”, indicó.

Shaira Vásquez, la joven que salió del violento Arauca buscando en el fútbol una salida

Todas las tardes en la Villa Deportiva de Palmira, en los alrededores del Estadio Francisco Rivera Escobar, llegan centenares de niños y niñas de 4 a 19 años, en busca de la felicidad detrás de una pelota.

Sin embargo, el equipo profesional de Internacional de Palmira, formado por jugadoras de Generaciones Palmiranas, entrena en las mañanas.

Al ‘profe’ Felipe le han llegado jugadoras de Guachené, Tumaco, Arauca, Amazonas, el Eje Cafetero y otras regiones más, a las que cobija en la casa hogar y donde se escuchan historias de pobreza violencia, el abandono de hogar y narcotráfico.

Shaira Vásquez es la jugadora de Generaciones Palmiranas que llegó del Arauca con una sonrisa dispuesta a triunfar. | Foto: El País

Precisamente, del Arauca arribó Shaira Yisdel Vásquez, una niña de 21 años que llegó al fútbol, por su padre, pese a que a ella no le gustaba el fútbol.

En Yopal, Casanare; el técnico Taborda la vio jugando, habló con ella y sus padres para que probara y aceptaron.

Shaira, una inocente criatura que no sabía lo que era viajar en avión, se vio emocionada porque el fútbol le abrió ese sueño de volar.

Yo le decía a mi mamá que cuándo me montaría en un avión. A mí me decían que cuando eso arrancaba se le subían las tripas a la garganta y me asustaría, pero fue muy chévere y no dejo de montar en avión”, relató muy emocionado Shaira, quien juega de lateral derecha.

Futbolistas de muchas regiones del país llegan a Generaciones Palmiranas en busca del sueño. | Foto: El País

Tenía 17 años cuando dejó su casa por cumplir el deseo de su padre. Dejó su casa en La Vereda Los Laureles del Municipio de Tame, Arauca; una zona marginal fronteriza con Venezuela en donde prolifera la guerrilla y el narcotráfico.

Y aunque a su familia no la ha tocado la violencia, si la veía de cerca: “Desde la casa vemos pasar la guerrilla. Cuando uno pasaba el río se escuchaban los disparos, veía los enfrentamientos”.

Shaira Vásquez nació en un humilde hogar donde sus padres son campesinos, por eso en su adolescencia trabajó sembrando y recolectando cacao, y cuidando vacas. Su jornada empezaba a las 5:00 a.m.

Sin embargo, pese a que era muy feliz en la finca, tuvo que dejar su amada familia, algo que “me dio muy duro, estaba sola en la casa hogar. Todas las noches llamaba a mi mamá llorando porque quería devolverme”, pero ella sacó fuerzas en buscar mejores oportunidades para sacar de la pobreza a sus padres.

“Yo empecé a ver el fútbol de otra manera, me comenzó a gustar y lo veía como una vía para salir adelante y ayudar a mi familia”, esa que no la ha podido acompañar a un partido de fútbol profesional en los cuatro años que lleva a este nivel.

Por eso ahora, aunque sueña con “irme al fútbol del exterior y ser jugadora del Real Madrid”, antes de pasar a esa meta tiene otra más importante que le alimentará su corazón.

Niñas desde los cinco años hacen parte del equipo Generaciones Palmiranas, en busca de seguir los pasos de Ingrid Vidal. | Foto: El País

“Mi familia no ha podido visitarme, no han podido verme en un estadio y ese es mi sueño, que vengan y me acompañen. No se ha dado por falta de dinero, pero estoy reuniendo porque quiero que venga toda mi familia y con el poder de Dios lo voy a cumplir”.

Historias como la de Shaira Vásquez son las que han llevado al entrenador Felipe Taborda a realizar esa labor social con generaciones Palmiranas, equipo que se ha convertido en el trampolín que lleva a dar el salto a muchas jugadoras a cumplir su sueño y alejarse de la violencia.