El fútbol europeo se sacudió en las mañana de este miércoles producto de la denuncia que se conoció contra el futbolista francés Lucas Francois Bernard Hernández, del Paris Saint-Germain (PSG), y su esposa Victoria Triay, por una familia de colombianos que los acusa de trata de personas y explotación laboral.
De acuerdo con la información que reportan medios locales, Hernández y Triay fueron acusados ante la Fiscalía de Versalles por estos presuntos actos cometidos entre septiembre de 2024 y noviembre de 2025.
“Llegaron llenos de esperanza, animados por varias promesas: una vida mejor y la oportunidad de ayudar a sus familias en casa. Pero todo cambió rápidamente. (...) Lucas Hernández, defensa del Paris Saint-Germain y campeón del mundo de Francia en 2018, es objeto de una denuncia por trabajo no declarado y trata de personas, presentada recientemente ante la fiscalía de Versalles”, indica el medio de Paris Match.
“El jugador y su esposa están acusados de trata de personas y trabajo no declarado por una familia colombiana. Entre septiembre de 2024 y noviembre de 2025, un padre, su esposa y sus tres hijos trabajaron para la pareja sin permiso de residencia y con jornadas laborales excesivamente largas”, agregó.
La familia colombiana, que hoy en día ya no trabaja con los franceses, le indicaron a las autoridades que durante todo ese tiempo trabajaron sin un contrato firmado y realizaron jornadas muy extensas de trabajo, que variaban entre las 72 y 84 horas semanales en la casa del jugador.
También dan más detalles de que la familia afectada arribó al país galo con la esperanza de progresar.
Según lo expresado por Marie, quien realiza la denuncia, fue contacta por Victoria Triay cuando vivía en Colombia para trabajar con la familia del campeón del Mundo de Rusia 2018.
La mujer viajó a territorio francés sin el permiso de trabajo y empezó a laborar con ella desde finales del 2024, a la espera de resolver su situación legal.
Hoy en día con 27 años, Marie trabajaba como enfermera en Colombia, se llevó a su padres y sus hermanos para laborar de igual forma con los Hernández-Triay.
Ella junto a su madres realizaban trabajos de empleada doméstica, cocinera y niñera a tiempo completo, con un salario de 2000 euros mensuales, pero sin derechos a días de descanso, seguridad social y con largas jornadas que se ampliaban a más de 12 horas. Su padre y sus hermanos estaban con guardias de seguridad y en las mismas condiciones laborales.