La temporada más impredecible de la NFL coronará a su campeón en el Super Bowl del domingo entre New England Patriots y Seattle Seahawks, protagonistas once años atrás de la definición del título más impactante que se recuerda.
De New England y Seattle no hubo rastro alguno en los dos playoffs anteriores de la Liga de Football americano (NFL). A lo largo del último lustro ambas franquicias han penado lejos de la cumbre que les perteneció la pasada década, especialmente a los históricos Patriots de Tom Brady.
Su reencuentro el domingo en Santa Clara, California, fue, sin duda, facilitado por el fiasco de todos los favoritos, desde los campeones Philadelphia Eagles hasta los Kansas City Chiefs de Patrick Mahomes, la dinastía que tomó el relevo de la de Patriots.
Aún así, la edición 60 del Super Bowl encumbra a los indiscutibles mejores equipos de la temporada, modelos de transformación exitosa que no requirieron de ninguna superestrella.
Renacer sin Brady y Belichick
Tras dominar la NFL durante casi dos décadas, los Patriots de Christian González, iniciaron su transición en 2020 con la marcha de Tom Brady a los Tampa Bay Buccaneers.
El entrenador Bill Belichick, el otro pilar de los seis títulos cosechados entre 2002 y 2019, no logró recomponer el barco y tiró la toalla en enero de 2024 tras 24 temporadas ocupando el banco.
El propietario de la franquicia, el multimillonario Robert Kraft, designó primero a Jerod Mayo, el sucesor previsto de Belichick después de haber estado a sus órdenes como jugador y asistente. Pero apenas una temporada después, y tras quedar fuera de playoffs por tercera vez seguida, al octogenario Kraft se le volvió a colmar la paciencia.
Libre para decidir, el dueño apostó esta campaña por Mike Vrabel, otro miembro de la dinastía Patriot que como entrenador había dirigido a los Tennesse Titans (2018-2023).
Con Vravel a los mandos, New England volteó el registro de tres victorias y 14 derrotas del año pasado a uno de 14-3, el mejor de esta campaña igualado con los propios Seahawks y los Denver Broncos.
El fortalecimiento de la defensa, con la madurez de jugadores como el esquinero de origen colombiano Christian González, ha sido la principal obsesión de Vravel. En ataque le brindó toda la confianza que necesitaba a Drake Maye, un quarterback de 23 años que, apadrinado por Brady, ha pasado de promesa a firme aspirante al premio a Jugador Más Valioso (MVP).
La intercepción de Butler
En la otra costa del país, los Seahawks también debieron recomponerse después de traspasar en 2022 a Russell Wilson, el mariscal de campo que los guio a su único trofeo de Super Bowl en 2014.
Tras el largo y doloroso divorcio con Wilson, el mánager general John Schneider quedó con las manos libres para orquestar otra plantilla capaz de llegar al Super Bowl. Dando protagonismo a los jóvenes, Seattle blindó una de las mejores defensas de la liga y, con la misma astucia en la agencia libre que los Patriots, optó por Sam Darnold para la posición de quarterback.
Etiquetado como un líder poco fiable, Darnold ya había jugado para otros cuatro equipos antes de afianzarse definitivamente en los Seahawks a los 28 años.
Su consagración llegó con un recital ante los Rams en la final de la Conferencia Nacional, que abrió las puertas a Seattle para su primer Super Bowl desde la devastadora derrota de 2015 ante los propios Patriots. Los Seahawks tuvieron aquel trofeo en sus manos cuando avanzaron hasta una yarda de su rival a pocos segundos del final y con una corta desventaja en el marcador de 28-24.
A la hora de buscar el touchdown ganador, Wilson renunció a la vía terrestre y lanzó un pase que interceptó Malcom Butler asegurando el cuarto título de los Patriots, que reactivaba la era Brady tras una década de sequía.