El Giro de Italia pisa suelo italiano este martes 12 de mayo con una etapa entre Catanzaro y Cosenza de 138 kilómetros que, aunque parece diseñada para velocistas, esconde un obstáculo serio: el Cozzo Tunno, un puerto de 2ª categoría de 14,5 kilómetros al 6% de media.
La cuarta jornada de la carrera rosa aterriza en Calabria y promete más complejidad de lo que el perfil sugiere a primera vista. La salida desde Catanzaro transcurre por terreno llano, pero la organización ha insertado el Cozzo Tunno como elemento disruptivo: una ascensión que se corona a 43 kilómetros de meta, con tiempo suficiente para que los equipos de velocistas intenten reagrupar, pero con margen también para que los escaladores intenten algo decisivo.
Un puerto que no perdona a los sprinters puros
Con 14,5 kilómetros de subida al 6% de pendiente media, el Cozzo Tunno no es un coloso alpino, pero tampoco es un simple repecho. Los trenes de sprinters que quieran mantener a sus líderes al frente se verán obligados a un desgaste significativo, y si fuerzan demasiado el ritmo, podrían quemar a sus propios hombres antes de llegar a Cosenza.
La situación abre un escenario táctico claro: los equipos interesados en la clasificación general tienen el terreno para atacar sobre la ascensión, ya sea por los puntos de montaña, por intentar ganar la etapa o incluso por asaltar la maglia rosa. Un grupo pequeño que abra hueco en la cima podría mantener la ventaja en los 43 kilómetros restantes.
Vingegaard, Bernal y Rubio del Movistar Team en el radar
Jonas Vingegaard ve en este final una oportunidad para comenzar a acumular bonificaciones, algo que encaja con la filosofía de ataque del Visma. Egan Bernal, reconocido por su inteligencia táctica en finales comprometidos, también estará atento a cualquier apertura sobre la carretera calabresa.
Por su parte, el Movistar Team tendrá trabajo doble: escoltar a sus dos líderes, Einer Rubio y Enric Mas, en un final que el propio análisis de la etapa califica como “ratonero”. Para los colombianos que siguen la carrera, el nombre de Rubio es motivo de atención especial en esta jornada.
Si la etapa termina en esprint —el desenlace más probable, aunque con pelotón reducido—, el último tramo en Cosenza añade otro nivel de dificultad. Los últimos 1,5 kilómetros presentan varias curvas cerradas y chicanes que se mantienen hasta los 400 o 500 metros finales, elevando el riesgo de caídas y obligando a los equipos a estar bien posicionados antes de ese punto.
El último kilómetro incluye además un repecho al 3,7% sobre la Calle Trieste, suficiente para filtrar a los velocistas menos completos y abrir la puerta a un rematador con algo de punch.
*Este artículo fue creado con ayuda de una inteligencia artificial que utiliza machine learning para producir texto similar al humano, y curado por un periodista especializado de El País.