Un sinsabor de boca dejó las derrotas de la Selección Colombia ante Croacia por 2-1, y frente a Francia por 3-1. A dos meses de iniciar el Mundial 2026, el combinado nacional dejó más dudas que certezas y se desliga de ser protagonista del campeonato más importante del fútbol internacional.
La Selección Colombia dejó mal parado al técnico argentino Néstor Lorenzo, a quien se le vio nublado ante Croacia y Francia, al no saber descifrar la estrategia de sus rivales y mantener un esquema táctico que no viene dando resultados hace meses, ante el bajo rendimiento de varios jugadores.
Los cinco pecados de la Selección Colombia
La James-dependencia
Cuando James Rodríguez brilla, la Selección Colombia deslumbra; pero cuando su estrella está apagada, la Tricolor se esfuma. No hay otras variantes de juego que ilusionen con ver algo diferente.
James es un jugador clave. Sus pases a profundidad, su pegada, sus pensamientos rápidos y los cobros de tiros libres como alternativa de ataque, son las principales ‘armas’ de la Selección, aspectos que ningún otro jugador, salvo Juan Fernando Quintero, pueden tener.
Ante ello faltan alternativas de juego, buscar otro estilo con hombres más rápidos, más dinámicos, ya que a James se le nota la falta de ritmo y que no está físicamente.
Las fallas de Lorenzo
El técnico argentino Néstor Lorenzo no da muestras de cambios. Desde la Copa América 2024 en la que fue finalista con Colombia, en donde el equipo nacional tuvo variantes de juego como la pelota aérea, pero que dependió de la brillantez de James, no ha vuelto a encontrar soluciones.
Lorenzo, al depender mucho de James, sacrifica la dinámica que hoy en día exige el fútbol internacional.
Además, falta atacar por las bandas con jugadores habilidosos como Luis Díaz, quien a propósito no está bien rodeado desde el esquema de juego como sí lo está en el Bayern Múnich.
Además, falta generación de juego para que atacantes como Luis Suárez y Jhon Córdoba, que se cansan de hacer goles en sus clubes, puedan tener esa opción.
Por otro lado, el sistema defensivo genera dudas. No hay quien corte el juego del rival. Los defensas cometen errores infantiles y Lerma, quien habitualmente lo hace muy bien, en los últimos partidos en la Selección no corta el juego y su compañero, Richard Ríos, está desaparecido. A esto Lorenzo no le encuentra solución.
Inseguridad en el arco
Tras la gran aparición de David Ospina, quien está de salida en la Selección, el combinado nacional no encuentra un portero de garantía a largo plazo.
Camilo Vargas en el 2024 brilló. Tuvo una temporada exuberante, pero desde el 2025 anda un bajón en el que se le ha visto comprometido en varios goles.
Lo mismo ocurre con Álvaro Montero, quien pese a tener un gran nivel actualmente en el fútbol argentino, este no lo puede ratificar en la Selección.
Tanto Vargas como Montero estuvieron comprometidos en algunos goles ante Croacia y Francia.
Nivel individual en decadencia
Varios son los jugadores que no están dando la talla en la Selección desde hace más de un año. Daniel Muñoz no es el mismo de la Copa América 2024, y mucho menos aquel jugador que deslumbra en la Premier League.
Lorenzo no ha podido encontrar un central zurdo, ni Juan David Cabal, a quien ensayó en esta doble fecha, ni el titular fijo Jhon Jáner Lucumí, son prendas de garantía. Además, Johan Mojica no resuelve, ni en marca, ni en ataque, por la zona izquierda.
Y en la mitad del campo Richard Ríos está perdido. No es ni la sombra de aquel volante que se destacó en el Mundial de Clubes 2025 con el Palmeiras.
El juego aéreo
La pelota parada o los centros aéreos se han convertido en un dolor de cabeza para Colombia, que se está devolviendo al pasado.
A lo largo de la historia, el fútbol colombiano siempre ha tenido como un defecto el juego aéreo, sin embargo, desde el 2023 esto se había mejorado, incluso, se volvió una virtud de la Tricolor y mediante esta vía de juego se ganaron partidos.
Sin embargo, desde los últimos partidos de las Eliminatorias y más ante Croacia y Francia, reapareció un mal endémico que preocupa en la Selección.