La manera de las mujeres responder a la indiferencia de los dirigentes del fútbol colombiano desde sus cómodos escritorios siempre ha sido la misma: grandes resultados en la cancha.

El desdén con que las miran y las tratan los señores de corbata parece darles una inyección anímica. De coraje puro. Y, entonces, la valentía se vuelve un aliado de su talento para la conquista de las mayores gestas en Mundiales, Suramericanos, Panamericanos y copas Libertadores.

La última lección la está dando el América femenino, una apuesta de Tulio Gómez heredada a su hija Marcela y que en cuatro años ha sobrevivido con categoría frente a todos los embates: un título y un subtítulo en la Liga Profesional, y ahora una final en la Libertadores que se juega en Argentina.

Veremos, pase lo que pase este domingo en el juego contra Ferroviária de Brasil, si los dirigentes de la Federación Colombiana de Fútbol y de la Dimayor, como suele pasar, se montan en el bus de la victoria. Y digo desde ya victoria, porque llegar a una final del torneo continental más importante, cuando en Colombia no hay una liga seria de fútbol, es ya un triunfo. América llegó a esta Libertadores sin un solo partido oficial previo.

Lo que sucede con el fútbol femenino en Colombia es escandaloso. Penoso e irrisorio. Cruel, si se quiere. Para no sacar el espejo retrovisor, miremos simplemente lo que sucederá esta temporada. La Liga Profesional Femenina será un torneo de mes y medio. Mes y medio. Por allá en agosto o septiembre. No se sabe.

A las mujeres, antes de saltar a la cancha, les toca jugarse cada temporada el más duro partido en la Dimayor. Clamar porque los señores directivos del fútbol colombiano, entre ellos sus propios jefes en los clubes, aprueben, primero, la continuación del equipo; y, segundo, que haya una Liga. Y cuando la hay, ya saben, mes y medio. El argumento que exponen siempre los señores de corbata, los mandamases de la Federación y la Dimayor, es la falta de dinero.

En cambio, sí hay dinero para que la Federación pague 18 mil millones de pesos de sanción a la Superintendencia de Industria y Comercio por la reventa de boletería al Mundial de Rusia 2018 en la que están implicados nadie menos que el presidente Ramón Jesurún y otros dirigentes, cuando el dinero debe salir del bolsillo de los responsables directos, si de un castigo se trata. Y, como si le faltara la cereza al pastel, también de las arcas de la Federación salieron los 3 mil millones de pesos de los gastos en la defensa jurídica de los implicados. Vergonzoso.

Mientras que los señores de corbata hacen fiesta con dinero que no les pertenece, las mujeres tienen que raspar la olla. Y a veces, como les ha sucedido a varias de la Selección Colombia, pagar sus propios vuelos y concentraciones en competencias internacionales. Y, lo que es peor, gambetear el acoso sexual de técnicos como Dídier Luna.

Pase lo que pase hoy en la final, celebren, mujeres del América. Celebre, Marcela Gómez. Celebre, Tulio. Celebre, Andrés Usme. Solo ustedes y la hinchada se ganaron ese derecho. Los mandamases de la Federación Colombiana y la Dimayor, quédense confinados, por favor. No saquen pecho. Tengan alguito de vergüenza.