David Ospina era el único que podía premiar ese esfuerzo que hizo anoche Colombia en el estadio Mane Garrincha de Brasilia por derrotar a la siempre aguerrida selección uruguaya.
Porque Colombia tuvo garra por encima de Uruguay en este duelo por las semifinales de Copa América. Dejó todo en la cancha. Y pudo redondear su buena actuación con ese gol que nunca llegó, pero Ospina, que en los 90 minutos había salvado una jugada de gol, contó con dos estupendas atajadas a Giménez y Viña cuánto valen y pesan sus guantes. Y cuando no llegan los goles de sus compañeros, él ataja los de los rivales. Y eso, cómo no, también vale.
Tan grande como Ospina en la noche del sábado en Brasilia fueron Mina y Dávinson. La pareja de centrales dejó sin opciones a los temibles Cavani y Suárez. No existieron.
También con nota alta estuvieron Barrios y Cuéllar. Barrios por todos lados tratando de quitar balones. Y Cuéllar en un partidazo en doble función, en defensa y ataque.
¿Y qué decir de Borré? Que es una ‘Máquina’, como bien le dicen. Anticipó y robó balones, generó llegadas, mandó centros.
Díaz, a mil revoluciones. Agitó la defensa charrúa por el costado izquierdo. Le pegaron. Muchas veces. Se levantó y siguió jugando.
Sigue sin marcar gol Duván, pero este sábado en la noche lo buscó con valentía, batallando a veces con Godín y sacándole ventaja.
Terminados los 90, vino un sabor amargo, porque Colombia lo había hecho todo para ganar. Había estado concentrado, obediente en la marca, con iniciativa en ataque —se lo cuestionaron contra Brasil— y sintiendo la camiseta. El 0-0 era injusto. Pero Ospina, silencioso y humilde, como suele serlo, sacó su casta y les mostró a sus compañeros, y a Rueda, y a Colombia, de qué está hecho. Un héroe con guantes. No en vano, ayer marcó un récord: 112 partidos con la amarilla.