En las calles polvorientas y empinadas de la Comuna 5, al oriente de Popayán, la Semana Santa no solo se contempla, se vive en carne propia. Allí, lejos de los grandes templos y las procesiones multitudinarias, un grupo de familias decidieron, desde hace casi dos décadas, experimentar en cuerpo y espíritu lo que para ellos significa el sacrificio de Cristo: cargar su propia cruz.

Mujeres de la comunidad acompañan la jornada brindando apoyo y refrescos, mientras fortalecen el sentido de unión y fe. | Foto: Francisco Calderón

Todo comienza días antes del Viernes Santo. Aún no amanece completamente cuando varios hombres, acompañados por mujeres, se reúnen frente a la parroquia Parroquia San Antonio de Padua. No hay túnicas ni vestuarios especiales. Visten como cualquier jornada de trabajo: botas, camisas desgastadas, gorras para el sol. Son obreros, campesinos, padres de familia. Pero ese día, también son creyentes católicos dispuestos a revivir la Pasión del Señor Jesucristo.

El destino es la parte alta del barrio Los Sauces, una zona rural donde el verde espeso guarda los árboles que servirán para construir la cruz. El camino es largo, empinado, y a medida que avanzan, el silencio se mezcla con conversaciones sobre la fe, la vida y el sacrificio.

Con herramientas en mano, feligreses de la Parroquia San Antonio de Padua inician la tala de los troncos que simbolizarán la pasión de Cristo. | Foto: Francisco Calderón

“Esto no es solo cortar un árbol, es prepararnos para entender lo que vivió Jesús”, dice uno de los participantes mientras afila su machete. Luego otro poblador presta una motosierra para agilizar la labor, en medio de un intenso sol.

Elegir el árbol no es una tarea cualquiera. Lo observan, lo rodean, lo tocan. Debe ser lo suficientemente fuerte, lo suficientemente grande. Cuando finalmente lo derriban, el son de la madera al caer rompe la quietud y el silencio del bosque. Es el inicio del verdadero viacrucis. Porque lo más difícil apenas comienza.

Con esta jornada aprendemos el verdadero Vía Crucis, es tener que sentir lo que vivió nuestro señor durante los 14 momentos de la pasión, muerte y sepultura, pero como hijo de él, entonces lo volvemos vivir entre todos para honrar ese momento, después de que Pilatos lo condenara a cargar la cruz, ese es el significado de esta actividad que cada año adelantamos”, explican estos feligreses al momento de internarse a la zona boscosa para así extraer el pesado madero, uniendo fuerzas para cumplir con ese propósito. | Foto: Francisco Calderón

Los troncos, pesados y toscos, deben ser cargados entre varios hombres. No hay maquinaria, no hay atajos. Solo manos, hombros y voluntad. Cada paso cuesta. El sudor corre, la respiración se agita. Algunos se detienen, otros toman su lugar. Nadie se queda atrás; es una actividad peligrosa, lo saben, pero esa fe los obliga a trabajar duro, a entregarlo todo.

En ese esfuerzo colectivo, muchos dicen entender el significado de las caídas de Cristo camino al Gólgota. Aquí también hay pausas obligadas, cansancio extremo, momentos en los que el cuerpo parece no responder, como lo vivió el hijo de Dios.

A un lado del camino, las mujeres acompañan. No cargan los troncos, pero sostienen el ánimo. Reparten aguapanela con limón, secan el sudor, ofrecen palabras de aliento. Son parte esencial de ese recorrido silencioso y duro.

“Esto es fe, pero también es unión. Aquí nadie puede solo”, comenta una de ellas mientras extiende un vaso a uno de los hombres exhaustos, en medio de la tupida vegetación.

Tras varias horas de recorrido, los troncos son llevados hasta la carretera con ayuda colectiva y gestos solidarios de la comunidad. | Foto: Francisco Calderón

La escena cambia cuando, tras horas de esfuerzo, logran sacar los maderos hasta la carretera. El alivio es momentáneo. A veces deben continuar cargándolos por más distancia. Pero en esta ocasión, como dicen ellos, “Dios no los abandona”.

Un pequeño transportador que pasaba por el lugar se detiene. Observa la escena y, sin dudarlo, ofrece ayuda. Los troncos son subidos al vehículo. Hay sonrisas, agradecimientos, miradas al cielo.

Para muchos, ese gesto no es casualidad. “Cuando la carga pesa, siempre aparece alguien. Así es Dios y su obra”, dice una mujer.

De regreso en la parroquia, el ambiente cambia. El cansancio sigue, pero ahora se mezcla con satisfacción. Los troncos son descargados y comienza otro momento simbólico: la construcción de la cruz.

Allí, entre martillos, cuerdas y manos curtidas, la madera toma forma. No es perfecta, no busca serlo. Es pesada, rústica, real. Como el sacrificio que representa.

La cruz, construida por la comunidad, se convierte en símbolo vivo de fe y tradición en esta zona del oriente de Popayán. | Foto: Francisco Calderón

Esa misma cruz será cargada el Viernes Santo por las calles del barrio por toda la comunidad. Ya no desde el bosque, sino entre casas, vecinos y miradas que reconocen en ese acto algo más que una tradición: una forma de creer, de fe. De ahí que realizan el viacrucis hacia el sector cercano de Siloé, donde ya plantan la cruz.

Para quienes participan, no se trata solo de recordar la historia bíblica, sino de sentirla. De entender, aunque sea por un instante, el peso físico y espiritual de aquel recorrido hacia el Gólgota.

En las afueras de la parroquia, los feligreses ensamblan la cruz que será cargada durante la conmemoración del Viernes Santo. | Foto: Francisco Calderón

Diecinueve años después de haber iniciado esta práctica, los nombres cambian, las generaciones avanzan, pero la esencia permanece. Cada año, nuevos hombros se suman, nuevas manos sostienen la cruz, como lo explica el padre Óscar Páez, párroco del templo San Antonio de Padua, como jocosamente lo llaman estos pobladores, la Catedral de Los Sauces.

En cada paso, en cada gota de sudor, en cada pausa para respirar, los habitantes de este rincón de Popayán siguen demostrando que la fe, cuando se vive en comunidad, también se carga y se comparte comunitariamente.

Habitantes de la comuna cinco de Popayán se internan en zona rural para seleccionar los árboles con los que construirán la cruz del Viernes Santo. | Foto: Francisco Calderón