Una llamada a la Línea 123 puede cambiar el rumbo de una emergencia en cuestión de segundos. Eso ocurrió la noche del 6 de abril de 2026, cuando una madre reportó el hurto de su camioneta Nissan color champaña. Pero había algo más: su hija de siete años, Gabriela, estaba dentro del vehículo.
El reporte llegó a las 8:41 de la noche a los equipos encargados del seguimiento de incidentes de alto impacto. La descripción entregada por la familia fue clave: la niña llevaba puesta su pijama y unas pantuflas de unicornio. Con esa información comenzó un operativo contrarreloj para encontrar el vehículo y, sobre todo, poner a salvo a la menor.
Desde la sala SOARS (Sala Operativa de Análisis, Respuesta y Seguimiento) del C4 se empezó a coordinar el seguimiento del caso junto con la Policía Metropolitana de Bogotá, el Centro Automático de Despacho, la Fiscalía, Movilidad, TransMilenio y los gestores de convivencia.
Mientras en las calles se desplegaban unidades de Policía, también se activaron cámaras de vigilancia y redes de apoyo ciudadanas. Juntas de Acción Comunal, moteros, taxistas y otros grupos comenzaron a reportar posibles avistamientos de la camioneta.
Los reportes ubicaban el vehículo en diferentes puntos de la ciudad: la vía Suba-Cota, la Autopista Norte y la carrera 30. Cada información debía ser verificada y, cuando era necesario, se enviaban unidades a las zonas señaladas. Mientras tanto, desde el C4 se buscaban imágenes de las cámaras más cercanas a cada reporte.
El operativo también tomó fuerza desde el aire. Por orden del comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, se desplegó el helicóptero Halcón para apoyar la búsqueda. La presión aumentaba con cada minuto que pasaba sin encontrar el vehículo.
Finalmente, cerca de las 11:50 de la noche llegó la alerta que todos estaban esperando: desde la zona de atención del CAI Nicolás de Federmán reportaron una camioneta con las características del vehículo hurtado.
Estaba abandonada, con las luces encendidas y, dentro, estaba Gabriela. La niña fue encontrada sana y salva.
La familia llegó pocos minutos después para el reencuentro. Durante las más de tres horas de búsqueda, el alcalde, el secretario de Seguridad y el comandante de la Policía Metropolitana acompañaron a los padres mientras avanzaba el operativo.
Para Francisco Hoyos, coordinador de la sala SOARS, fue un momento especialmente significativo. Quienes trabajan allí están acostumbrados a recibir y hacer seguimiento a incidentes de alto impacto, pero cuando hay niños, niñas o adolescentes involucrados, la tensión es aún mayor.
Detrás de este caso hubo mucho más que un despliegue en las calles. Hubo llamadas a la Línea 123, cámaras públicas y privadas, información ciudadana, despachadores, unidades de Policía y un equipo monitoreando y articulando cada reporte desde el C4.
La sala SOARS funciona las 24 horas del día, los siete días de la semana. Allí se hace seguimiento a situaciones que salen de la normalidad, desde personas desaparecidas y paquetes sospechosos hasta emergencias en entornos escolares, homicidios, lesiones personales y jornadas de especial atención para la ciudad.
Según Hoyos, la sala ya ha atendido más de 14.000 incidentes de alto impacto desde 2020 y, en un día normal, puede hacer seguimiento a entre 70 y 80 casos. En jornadas especiales, esta cifra puede llegar a 200.
La noche del 6 de abril terminó con cansancio, pero también con la satisfacción de un reencuentro. Gabriela estaba a salvo y, detrás de esa noticia, quedó el trabajo coordinado de quienes, desde las calles y desde el C4, siguieron cada pista hasta encontrarla.
* Con información de la Alcaldía de Bogotá.