El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el pasado lunes no solo volvió a poner en evidencia la alta actividad sísmica del Pacífico, sino que dejó una emergencia de grandes proporciones en Chocó, Valle del Cauca, Risaralda y otros departamentos del país.
El epicentro del movimiento fue localizado en el municipio chocoano de San José del Palmar, pero sus ondas se sintieron con fuerza en ciudades como Cali, Pereira, Buenaventura, Armenia, Manizales y Quibdó.
El balance preliminar de la emergencia da cuenta de más de 264 personas fallecidas, alrededor de 3494 heridas y al menos 496 desaparecidas en el país, mientras que más de 53.000 han resultado afectadas.
En Chocó, las autoridades reportan al menos catorce fallecidos, miles de damnificados y graves daños en la infraestructura del departamento.
Sin embargo, la Defensoría del Pueblo ha advertido que las cifras continúan siendo preliminares, tras varios días después del terremoto.
Incluso, hay territorios y comunidades indígenas con los que, hasta el cierre de esta edición, no se había logrado establecer comunicación.
Pero, ¿por qué un terremoto de esta magnitud tuvo su origen en el Chocó? ¿Por qué una zona tan amplia del suroccidente colombiano resultó tan afectada por ese movimiento telúrico?
Para Rodrigo León, sismólogo y profesor del Departamento de Geociencias de la Universidad de los Andes, la explicación está en una de las principales características geológicas del occidente de Sudamérica: la existencia de una zona de subducción.
En términos sencillos, explicó que la placa oceánica de Nazca se mueve en dirección al continente y se introduce por debajo de la placa Sudamericana.
Esa interacción genera una enorme zona tectónica que se extiende, aproximadamente, desde el límite entre Colombia y Panamá hasta Chile y está relacionada con la formación de la cordillera de los Andes y buena parte de la actividad volcánica y sísmica de la región.
“Tenemos en la costa del Pacífico una zona de subducción. Una zona de subducción significa que tenemos una placa oceánica, la placa de Nazca, y esta placa viaja en dirección hacia el continente o hacia la placa Sudamericana”, explicó León.
Sin embargo, el terremoto del pasado lunes tuvo una particularidad importante: no se produjo directamente en la zona donde las dos placas están acopladas y chocan.
El evento telúrico fue lo que en sismología se conoce como un terremoto intra-slab, es decir, un movimiento que ocurre al interior de la placa oceánica que continúa descendiendo hacia el manto terrestre.
“Básicamente, cuando la placa de Nazca logra entrar al manto y empezar a bajar, va a llegar a un punto en profundidad en el que se generan ciertas condiciones que pueden producir rupturas frágiles o sismos”, señaló el geólogo.
De acuerdo con su explicación, esa liberación repentina de energía se propaga en forma de ondas sísmicas y es la que finalmente produce el movimiento que perciben las personas en la superficie.
El hipocentro, es decir, el punto en profundidad donde se originó el terremoto, fue ubicado alrededor de los 100 kilómetros.
El epicentro, por su parte, corresponde a la proyección de ese punto sobre la superficie terrestre, razón por la cual fue localizado en jurisdicción del municipio de San José del Palmar.
Elkin Salcedo, director del Observatorio Sismológico y Geofísico del Suroccidente Colombiano, OSSO, coincidió en que la profundidad y la ubicación del fenómeno son fundamentales para entender lo ocurrido.
Según indicó, el movimiento estuvo asociado a la interacción de las placas en el occidente del continente.
En esa dinámica, la placa oceánica se introduce por debajo de la placa Sudamericana y, en ese proceso, se producen liberaciones de energía que viajan como ondas sísmicas.
¿Por qué se sintió tan fuerte en Cali?
Uno de los interrogantes que dejó el terremoto es por qué ciudades como Cali, que no estaban ubicadas en el epicentro, experimentaron fuertes movimientos y daños considerables.
Para León, en un sismo de magnitud 7,4 no puede hablarse necesariamente de Cali o el Valle del Cauca como territorios “alejados” del evento. Se trata de un terremoto de magnitud considerable, capaz de generar ondas que se propaguen a grandes distancias.
Pero la distancia no es el único factor que determina cómo se siente un movimiento telúrico: “Las ondas sísmicas, de alguna manera, amplifican sus efectos en suelos blandos y sedimentos poco consolidados”, explicó el sismólogo al referirse al denominado efecto de sitio.
Este fenómeno ocurre cuando las ondas sísmicas llegan a zonas con determinadas características geológicas y su energía puede amplificarse o permanecer más tiempo propagándose en los sedimentos.
Por eso, las ciudades construidas sobre valles, cuencas sedimentarias o antiguos depósitos lacustres pueden experimentar movimientos con características diferentes a las de otras zonas asentadas sobre terrenos más firmes.
El Valle del Cauca, precisamente, cuenta con amplias zonas de depósitos sedimentarios. Salcedo explicó que Cali presenta una importante diversidad de suelos: algunos han sido producto de la erosión de las laderas y otros corresponden a materiales depositados por los ríos durante miles de años.
En varios sectores esos materiales tienen un espesor considerable y no siempre están completamente consolidados.
Esa condición, sumada a la forma en que las ondas se propagan y a las características de las edificaciones, puede ayudar a explicar por qué los efectos de un mismo terremoto son diferentes entre barrios o municipios cercanos.
Sin embargo, ambos expertos advierten que para determinar con precisión por qué una estructura específica colapsó o sufrió daños es necesario realizar estudios de ingeniería y evaluaciones técnicas posteriores.
Ahí aparece otro de los puntos centrales de la discusión: un terremoto es un fenómeno natural, pero la magnitud de sus consecuencias está estrechamente relacionada con la forma en que están construidos y preparados los territorios.
Salcedo señaló que, además de las condiciones del suelo, es necesario tener en cuenta el cumplimiento de las normas de construcción y la resistencia de las estructuras.
Una ciudad con edificaciones vulnerables puede enfrentar consecuencias mucho más graves frente a un movimiento de la misma magnitud.
Cabe resaltar que después de un terremoto de esta magnitud es normal que la población permanezca alerta ante la posibilidad de réplicas.
Los expertos explicaron que todos los sismos tienen una secuencia de réplicas asociada y que, en general, los eventos de mayor magnitud pueden producir movimientos posteriores durante semanas, meses e incluso más tiempo. No obstante, indicaron que, debido a la profundidad del evento del lunes pasado, la secuencia suele ser menos intensa.
Este terremoto también volvió a poner sobre la mesa una pregunta fundamental: ¿qué hacer cuando la tierra empieza a moverse? Los expertos advirtieron sobre la gran cantidad de recomendaciones falsas que circulan después de estos eventos.
La sugerencia es evitar ese tipo de información y seguir solo los protocolos oficiales.
Durante el movimiento, la prioridad es mantener la calma, protegerse de objetos que puedan caer y no intentar evacuar de manera apresurada. Cuando el evento es fuerte, intentar evacuar de inmediato puede resultar más peligroso.
Lo cierto es que este terremoto volvió a recordar que Colombia está expuesta permanentemente a la actividad sísmica y que, aunque no es posible impedir estos fenómenos, sus consecuencias pueden reducirse con mejores construcciones, conocimiento del riesgo y comunidades preparadas.