Por Mario Lozada Tezna / El País

El Pacífico colombiano no suele ser el escenario de grandes discursos diplomáticos. Sin embargo, allí, entre el sonido del mar, la alegría persistente de su gente y las heridas abiertas de la violencia, se detuvo esta semana el nuncio apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli, para conversar con El País.

El embajador de la Santa Sede ante el Gobierno Nacional, es además, el decano del Cuerpo Diplomático en el país.

Desde Buenaventura, habló sin afán y con cercanía sobre las periferias, el papel social de la Iglesia, la dignidad humana, la democracia en tiempos electorales, el diálogo entre generaciones, el nuevo Papa, su historia personal y la esperanza que sigue encontrando en Colombia.

Monseñor Rudelli, usted ha asumido la tarea de visitar las periferias del país, especialmente la región pacífica. ¿Por qué toma esa decisión y cómo se ha sentido recorriendo estas regiones y ahora Buenaventura?

Llevo casi dos años y medio en Colombia, y me he dado la tarea —que hace parte de mi misión— de visitar las iglesias y las diócesis del país. Colombia es muy grande, tiene alrededor de 80 diócesis, y he tratado de recorrer todas las regiones.

En el Pacífico he estado varias veces, y siempre me impacta profundamente la alegría de la gente, su calidez. Cuando uno escucha las noticias del Pacífico, generalmente se habla de problemas, y sí, los problemas existen, pero al mismo tiempo hay algo muy fuerte: la gente vive su fe, vive su entrega, su cultura, la vida familiar. Y la Iglesia está ahí, acompañando a las comunidades.

Creo que esa es una de las grandes riquezas de la Iglesia Católica en Colombia: está presente en todo el país, en contextos muy distintos, desde las grandes ciudades hasta las selvas y las regiones del Pacífico. En todo lugar hay comunidades católicas que tratan de vivir su fe y de dar testimonio en medio de la realidad social.

El Nuncio Apostólico actual en Colombia es el Arzobispo Paolo Rudelli, nombrado por el Papa Francisco en julio de 2023, quien ejerce como representante diplomático de la Santa Sede ante el gobierno colombiano y la Iglesia local, con sede en Bogotá. Su misión es fortalecer los lazos entre el Vaticano y Colombia, especialmente en temas de paz y reconciliación, y sirve como enlace entre el Papa y la jerarquía eclesiástica colombiana. Fotos Raúl Palacios / El País. | Foto: El País

¿Cómo se mantiene ese acompañamiento social de la Iglesia, especialmente en territorios aislados?

Antes que todo, hay algo fundamental: para nosotros todos somos hijos de Dios. Eso es lo que nos da verdadera dignidad. El hecho de encontrarnos para celebrar, para rezar, para orar, es precisamente para celebrar que somos hijos e hijas de Dios. Eso es lo esencial. De ahí nace todo lo demás: el compromiso social, el compromiso con la comunidad.

Aquí en Buenaventura, por ejemplo, está monseñor Rubén Darío Jaramillo, que es un ejemplo de una Iglesia profundamente comprometida con lo social, pero hay muchas otras realidades diocesanas en Colombia.

Todo nace de sentirnos hijos de Dios, de saber que ninguna vida está perdida, que todos tenemos dignidad, una vocación y una misión, no solo en el plano espiritual, sino también en el plano humano, para construir país.

En Colombia estamos en un año electoral, un momento difícil, marcado además por la violencia. ¿Cuál es el mensaje en este contexto?

Colombia, a pesar de todos sus problemas, ha tenido siempre una gran tradición democrática. Eso es algo que hay que valorar y preservar.

Las elecciones son el momento en el que se confrontan visiones distintas, a veces opuestas, y eso es normal. Lo importante es que se haga en un contexto de diálogo, de escucha mutua. Cada uno puede subrayar su posición, presentar sus argumentos, pero es fundamental encontrarnos en el valor de la democracia.

Que el pueblo vaya a votar, que escuche las propuestas, que estas sean claras, transparentes, sin segundos fines. En un mundo tan difícil como el de hoy, la democracia tiene un valor en sí misma.

Cada voto no es un acto burocrático: es la expresión de una persona, de su idea. Y, al sumarse todas esas ideas, en el confronto democrático, muchas veces las posturas se matizan, se suavizan. No siempre funciona así, pero ese es el ideal.

Como Iglesia, apostamos a que la democracia siga siendo un valor arraigado en el pueblo colombiano.

Paolo Rudelli, nuncio apostólico en Colombia, durante la entrevista con El País en Buenaventura. | Foto: El País

En la Iglesia colombiana se han visto cambios, como el nombramiento de obispos afro y otros muy jóvenes. ¿Cómo lee usted esa transformación?

En ese proceso, el Santo Padre elige a las personas que los obispos presentan; ese es el camino normal de la Iglesia. La fe es la misma, pero es cierto que las visiones cambian con las generaciones.

El Papa Francisco hablaba mucho del diálogo entre generaciones: que los mayores hablen a los jóvenes, pero también que los jóvenes puedan hablar a los mayores.

La Iglesia puede ser un ejemplo de ese diálogo. No solo entre obispos, sino entre sacerdotes, religiosas, laicos. Necesitamos la voz de cada generación.

¿Cree usted que la Iglesia sigue siendo joven?

La Iglesia es joven, porque siempre está en contacto con el Evangelio. Un teólogo decía que cada generación cristiana es como si fuera la primera, porque el Evangelio llega siempre a una generación nueva y tiene resonancias nuevas.

El mensaje es el mismo: Jesús de Nazaret, muerto y resucitado. Pero ese mensaje resuena de manera distinta, según la época histórica. Incluso en un país como Colombia, con siglos de historia cristiana, hay que preservar esa novedad, permitir que cada generación pueda decir: a mí, hoy, el Señor me está diciendo algo.

El legado de Francisco fue enorme y ahora llega el Papa León. ¿Existe la posibilidad de que el nuevo sumo pontífice visite Colombia?

Tenemos toda la esperanza. Hay invitaciones del Gobierno, de los obispos. Como todo el mundo lo está invitando, no se puede decir cuándo, pero hay esperanza.

Para nosotros, el Papa es el centro de la unidad de la Iglesia, más allá de la nacionalidad o la edad. Y tenemos la ventaja de que este Papa conoce bien Latinoamérica, ha estado en Perú, ha estado varias veces en Colombia. Eso nos da confianza y esperanza de que esa visita pueda realizarse.

Más allá del cargo que ocupa, ¿quién es Paolo Rudelli?, ¿qué hace cuando no está ejerciendo como nuncio?

Para nosotros, los sacerdotes, el ministerio no es una profesión, nos involucra completamente. Cuando no estoy en Bogotá, visito las diócesis. Cuando tengo algo de tiempo libre, leo.

Soy italiano, de la diócesis de Bérgamo, en el norte de Italia, que fue la diócesis del Papa Juan XXIII, quien convocó el Concilio Vaticano II y también fue nuncio. Él era hijo de campesinos y siempre decía que lo más importante de su vida lo había aprendido en su casa.

Esa espiritualidad me identifica: una Iglesia cercana al pueblo, que acompaña su desarrollo. Eso es parte de mi historia y de la Iglesia de donde vengo.

¿Qué le gusta leer?

Leo teología y también historia. Son temas que a veces parecen aburridos, pero en realidad ayudan a entender el mundo.

¿Qué es lo que más le gusta de Colombia?

Su gente. La humanidad que uno encuentra en culturas tan distintas. El Pacífico no es Bogotá, Bogotá no es el Guaviare. He estado en muchas regiones y eso me da esperanza.

A pesar de la violencia y los problemas, el gran tesoro de este país es su gente. Desde ahí hay que construir la paz y la reconciliación.

Finalmente, ¿qué encontró en Buenaventura?

Visitamos el puerto, que es un punto crucial del sistema económico del país. Está el desafío de cómo esa presencia se refleja en el desarrollo de la ciudad.

También he conocido más la figura de monseñor Gerardo Valencia Cano, un obispo que se identificó profundamente con este pueblo, que puso sus pies en el barro de esta tierra, fundó colegios, escuelas y muchas obras sociales.

Es una figura que sigue dando esperanza y que deja un legado enorme para esta Iglesia y para la comunidad.

¿Dele a nuestros lectores un mensaje final para Colombia y para el Valle del Cauca?

Quisiera darles el mismo mensaje del Papa León: “La paz esté con ustedes”. Recibamos esa paz como un don del Señor y que nuestra vida esté a la altura de ese don.

El Nuncio Apostólico actual en Colombia es el Arzobispo Paolo Rudelli, nombrado por el Papa Francisco en julio de 2023, quien ejerce como representante diplomático de la Santa Sede ante el gobierno colombiano y la Iglesia local, con sede en Bogotá. Su misión es fortalecer los lazos entre el Vaticano y Colombia, especialmente en temas de paz y reconciliación, y sirve como enlace entre el Papa y la jerarquía eclesiástica colombiana. Fotos Raúl Palacios / El País. | Foto: El País