La industria gastronómica colombiana perdió a una de sus figuras más representativas. A los 91 años falleció Eduardo Robayo Ferro, reconocido por impulsar el modelo de negocio del pollo asado en el país y por consolidar una de las cadenas más recordadas por los consumidores.
La noticia fue confirmada por su esposa, Alba Lucía Gómez, y rápidamente generó reacciones en distintos sectores. Figuras públicas y empresarios expresaron mensajes de condolencia tras conocerse el fallecimiento.
Uno de los pronunciamientos fue el del empresario Ferrán Martínez, quien informó sobre la muerte y envió un mensaje a la familia del fundador, destacando su trayectoria dentro del sector empresarial.
El nombre de Kokoriko está directamente ligado a la evolución del consumo de pollo en Colombia. Su fundador no inició su carrera en la industria de alimentos, sino que tuvo experiencia previa en actividades comerciales como la venta de mercancías y joyería.
Fue a finales de la década de 1960 cuando Robayo decidió incursionar en este sector, en un contexto donde el pollo no tenía el protagonismo que alcanzaría años después. Ese paso marcó el inicio de un proceso de transformación dentro del mercado.
En 1969, junto a Noé Cardona y Emilio Jordán, creó la empresa Avesco, considerada el punto de partida de su proyecto empresarial en alimentos. A partir de allí comenzó a estructurar un modelo enfocado en la preparación y comercialización de pollo.
El crecimiento del negocio tomó forma en 1971 con la apertura del primer restaurante Kokoriko en Cali. Este establecimiento marcó un punto clave en la consolidación de la marca y en su posicionamiento dentro del mercado nacional.
Con el paso de los años, la cadena logró expandirse y superar los 100 puntos de venta en distintas regiones del país, convirtiéndose en una referencia dentro del sector. La receta de pollo asado y su modelo operativo permitieron su expansión sostenida.
Durante las décadas siguientes, la familia Robayo también incursionó en otros sectores, incluyendo el financiero y el inmobiliario, ampliando su portafolio empresarial más allá del negocio gastronómico.
Aunque la marca sigue vigente, su administración cambió en 2017, cuando se consolidó el grupo Inmaculada Guadalupe y Amigos (IGA), que asumió el control de Kokoriko junto a otras marcas del sector.
Este conglomerado empresarial reúne actualmente diferentes líneas de negocio relacionadas con la gastronomía, manteniendo la operación de la cadena que Robayo ayudó a construir. La marca continúa siendo una de las más reconocidas en el país dentro del segmento de pollo preparado.