La ciudad de Cali se ha convertido en el epicentro de una estrategia sin precedentes para combatir los incendios forestales que amenazan la biodiversidad del occidente del país.
Bajo el liderazgo de la UNGRD y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), se dio inicio al Diálogo Intercultural sobre el Manejo Integral del Fuego (DIMIF). Este encuentro busca que la prevención no dependa solo de satélites o máquinas, sino de la memoria viva de quienes habitan el territorio.
Desde este 8 de abril y hasta el próximo viernes, representantes de pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y campesinos del litoral pacífico debaten junto a expertos internacionales.
El objetivo es claro, crear una hoja de ruta regional que permita anticiparse a las emergencias ambientales. En departamentos como Chocó y Nariño, donde la geografía es compleja, la participación de los consejos municipales de gestión del riesgo resulta vital para coordinar respuestas rápidas.
El evento no se limita a exposiciones técnicas; se fundamenta en herramientas como la cartografía social y los círculos de palabra. Estas dinámicas permiten que los habitantes de zonas rurales identifiquen puntos críticos donde las “bolas de fuego” han causado estragos en la última década.
El secretario de Gestión del Riesgo del Valle del Cauca, Francisco Tenorio Lara, destacó que el fuego es un elemento que conecta con el territorio y que debe verse como una forma de vida y equilibrio cuando se maneja desde el saber ancestral.
Este esfuerzo en el Pacífico representa el quinto encuentro regional de una agenda nacional que ya recorrió la Amazonía, la Orinoquía, el Caribe y el centro del país.
La intención es consolidar una capacidad técnica que respete las particularidades de cada ecosistema. Según los organizadores, la integración de la evidencia científica con las prácticas de armonización de los pueblos étnicos es la clave para reducir la vulnerabilidad de las zonas protegidas.
Indri Carrascal, habitante del corregimiento de San Bernardo Pelaya, en el Cesar, participó en el diálogo enfatizando que el fuego permite una conexión profunda con la lucha histórica de las comunidades. Para los asistentes, transformar la relación con este elemento es necesario para asegurar la resiliencia frente al cambio climático.
La gestión no solo se piensa desde la extinción de las llamas, sino desde las cocinas, la historia y la memoria que cargan los campesinos.
La jornada cuenta con un respaldo internacional significativo, pues el proceso tiene el acompañamiento técnico de la FAO y el financiamiento de los gobiernos de Canadá y Suiza, este último a través de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE).