La estrategia “Conservamos la Vida” cumple una década mostrando resultados concretos en la conservación del oso andino, especie emblemática de los ecosistemas de montaña y única en Suramérica.
El balance presentado en Bogotá por la alianza público-privada que lidera este proceso confirma que hoy hay más presencia de este mamífero en las cordilleras Occidental y Central, gracias a la protección de corredores biológicos, la restauración de bosques y la participación activa de comunidades rurales.
Las cifras son contundentes: la ocupación del oso pasó de un 52% a un 76% en la cordillera Occidental y alcanzó un 61% en la cordillera Central, indicadores que reflejan la recuperación de hábitats estratégicos y la efectividad de las acciones implementadas.
Por su parte, la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), junto con Parques Nacionales Naturales de Colombia, Fundación Grupo Argos, WCS y la Fundación Smurfit Westrock Colombia, ha liderado procesos de declaratoria de áreas protegidas, siembra de más de 12 millones de árboles en seis años y restauración de más de 10 mil hectáreas.
Además, ha fortalecido el monitoreo comunitario y científico con la red Otus, que cuenta con 240 cámaras trampa en el Valle del Cauca y ha permitido registrar la presencia del oso andino y otras especies, confirmando el equilibrio en los ecosistemas.
La ausencia de reportes de ataques a animales domésticos en las zonas de intervención demuestra que es posible la coexistencia entre comunidades rurales y fauna silvestre, consolidando un modelo de armonización entre actividades productivas y conservación.
El proyecto también ha impulsado negocios verdes como Café Oso Andino, que entre 2019 y 2025 produjo más de 34 mil kilos y comercializó más de 2 mil en mercados sostenibles.
Este café, cultivado en El Águila (Valle del Cauca), recibió el sello Aval de Confianza de Negocios Verdes de la CVC y el reconocimiento Andean Bear Friendly, lo que ha permitido a las familias cafeteras acceder a mejores precios y abrir mercados internacionales. Estos logros reflejan cómo la conservación puede integrarse con alternativas productivas sostenibles, generando beneficios económicos y ambientales.
A la fecha, se han firmado 90 acuerdos voluntarios de conservación con comunidades rurales, involucrando a 15 instituciones educativas y cerca de 1.900 estudiantes en procesos de educación ambiental.
Este trabajo ha fortalecido la gobernanza local y la confianza en las regiones, demostrando que la conservación del oso andino es viable cuando se construye desde los territorios y con la participación de múltiples actores.
La presencia del oso en áreas protegidas es considerada un indicador de la salud de los ecosistemas, pues su rol como dispersor de semillas y regulador ecológico contribuye a la regeneración de la flora y al mantenimiento de servicios ambientales vitales para millones de personas.