En territorios marcados durante décadas por el conflicto armado, hoy comienzan a abrirse espacios para el diálogo, la reconstrucción de la confianza y el trabajo colectivo.
Ese es el propósito de las Agendas Comunitarias, Diálogos para el Futuro, una estrategia liderada por la Agencia para la Reincorporación y la Normalización, ARN, que desde octubre del año pasado se desarrolla en el Cauca y otros departamentos del país para acercar a comunidades y firmantes de paz.
En zonas rurales de municipios históricamente afectados por la guerra, como Santander de Quilichao y Miranda, estos encuentros han comenzado a transformar relaciones que durante años estuvieron marcadas por la desconfianza, la estigmatización y las heridas del conflicto.
Cada quince días, desde muy temprano, habitantes de distintas veredas se reúnen para hacer algo que hasta hace poco parecía imposible: sentarse en la misma mesa para conversar, construir acuerdos y pensar proyectos conjuntos.
Uno de ellos es Óscar Amaya, firmante de paz, quien recorre periódicamente el trayecto entre el casco urbano de Santander de Quilichao y la vereda Vilachí para participar en estos espacios.
“Las Agendas nos han permitido desarrollar la esencia de lo que fuimos nosotros durante el proceso revolucionario, nuestra razón de ser era trabajar por las comunidades. En estas zonas hubo bastante estigmatización y se generó mucha conflictividad. Ahora estos procesos nos ayudan a intentar restaurar y reparar un poco las afectaciones que se hicieron”, explica.
En las veredas Vilachí y El Águila, las reuniones congregan a firmantes de paz, líderes comunitarios, docentes, integrantes de iglesias, deportistas y habitantes que hoy buscan construir proyectos comunes orientados a mejorar las condiciones de convivencia.
Una experiencia similar ocurre en Monterredondo, zona rural del municipio de Miranda, donde participan organizaciones campesinas, comunidades indígenas, mesas de víctimas, juntas comunales y colectivos sociales.
“Nunca habíamos trabajado en juntanza. En esta Agenda se ha logrado estar unidos por un solo propósito y ese es el logro en este territorio; además es una apuesta por la paz, pensando en nuestros niños, jóvenes y adolescentes”, afirmó Lucy Adriana Cunda, integrante del Comité Semillas de Paz.
Los diálogos adelantados durante varios meses comenzaron a traducirse en acciones concretas.
En Monterredondo, las comunidades acordaron crear dos murales colectivos en instituciones educativas como una acción simbólica para resignificar la memoria territorial a través del arte y el reconocimiento de las historias locales.
Adicionalmente, se proyecta la creación de una Red de Memoria y Reconciliación mediante la adecuación de espacios en colegios y la biblioteca pública de la vereda, donde se construirán salones dedicados a preservar las memorias del territorio y promover ejercicios de reflexión y convivencia.
Mientras tanto, en Vilachí, las comunidades definieron como prioridad la adecuación de la cancha de fútbol local, incluyendo graderías, baterías sanitarias y espacios para almacenamiento deportivo, con el objetivo de fortalecer este escenario como punto de encuentro comunitario.
Más allá de las obras físicas, quienes participan coinciden en que el principal resultado ha sido recuperar la capacidad de dialogar.
En departamentos como el Cauca, donde el conflicto dejó profundas fracturas sociales, estas iniciativas buscan demostrar que la reconciliación territorial no solo depende de acuerdos institucionales, sino también de la capacidad de las comunidades para reencontrarse, reconstruir confianza y proyectar un futuro compartido.
Las Agendas Comunitarias continúan avanzando mientras comunidades, víctimas, líderes sociales y firmantes de paz intentan reconstruir, desde los territorios, los lazos que durante años fueron quebrados por la guerra.