La constante actividad del volcán Puracé, ubicado en el departamento del Cauca, ha transformado drásticamente la vida de las comunidades indígenas y campesinas que habitan en sus alrededores.

Este coloso, que forma parte del Parque Nacional Natural Puracé, ha mantenido en alerta máxima a la región debido a la constante emisión de gases, cenizas y material particulado, generando una crisis ambiental, económica y social que amenaza el sustento de miles de familias.

Uno de los impactos más severos se registra en las fuentes hídricas. La contaminación de los ríos y quebradas de la zona con azufre y otros componentes químicos ha deteriorado la calidad del agua indispensable para el consumo humano y el riego.

La caída persistente de ceniza ha provocado que baje drásticamente la producción de leche, ya que los pastizales se contaminan y el ganado padece problemas respiratorios y digestivos que merman su rendimiento. | Foto: El País

Esto no solo pone en riesgo la salud de los habitantes, sino que altera profundamente los ecosistemas locales, dejando a las comunidades en una situación de alta vulnerabilidad frente al desabastecimiento de agua limpia. La agricultura y la ganadería, principales motores económicos de la región, también sufren las consecuencias directas de este fenómeno natural.

La caída persistente de ceniza ha provocado que baje drásticamente la producción de leche, ya que los pastizales se contaminan y el ganado padece problemas respiratorios y digestivos que merman su rendimiento.

“Ha sido bastante complejo porque las caídas de cenizas nos han afectado en lo que somos Pasto. Esta es una zona que mayoritariamente es productora de leche, papa y fresa. Esto nos ha causado mucho daño porque los cultivos y pastos se han quemado, el ganado ya no tiene que comer y la producción de leche ha bajado”, afirmó en entrevista con El País un líder indígena de la zona.

Ante este panorama, los pobladores del Puracé enfrentan el doble desafío de convivir con la constante amenaza de una erupción mayor y mitigar el desgaste diario de su economía. | Foto: El País

Paralelamente, la actividad volcánica afecta gravemente los cultivos de subsistencia y comerciales como la papa y las hortalizas, arruinando cosechas enteras bajo mantos de polvo gris.

Ante este panorama, los pobladores del Puracé enfrentan el doble desafío de convivir con la constante amenaza de una erupción mayor y mitigar el desgaste diario de su economía.

Pese a los esfuerzos y monitoreos de las autoridades, el llamado de las comunidades locales es urgente: se requiere un apoyo integral que incluya asistencia técnica para el campo, sistemas alternativos de abastecimiento de agua y planes de contingencia económicos que les permitan resistir el embate de vivir a la sombra de un volcán activo.

“Las aguas ya dejaron de ser potables debido a que están con mucha contaminación de cenizas (...) Aun así, mantenemos la calma y estar preparados ante cualquier eventualidad”, agregó.