Conozca los atentados contra la creatividad que se cometen en casa, en la escuela y hasta en las empresas.

Qué sería de nuestra época si la creatividad de Steve Jobs, creador del iPhone, hubiera sido cercenada por unos padres que lo hubieran castigado por desarmar el televisor para ver cómo funcionaba o por unos maestros que lo hubieran humillado por hacer tantas preguntas. Sencillamente, el mundo sería “más frío, más feo y más aburrido”, como dijo uno de sus admiradores al lamentar su muerte.Lo más curioso o triste, es que “en la mayoría de los casos los niños con capacidades excepcionales no son identificados ni por sus padres, ni por sus profesores, mucho menos por sus pares. Lo peor es que están sometidos a un contexto que no les provee la información que requieren, de acuerdo con su potencial”, asegura Eduardo José Bueno, neuropsicólogo clínico de la Clínica Imbanaco de Cali.Según Joseph Renzulli, profesor de la Universidad de Connecticut, hay tres aspectos que definen que una persona tiene capacidades sobresalientes: “Y no es solamente que saquen en una prueba un coeficiente superior a 75, se deben medir muchos otros aspectos, como sus altos niveles de compromiso, la gran implicación en las tareas y la alta creatividad”.Hay muchos más indicadores que pueden ayudarnos a identificar a una mente brillante o a una persona superdotada: “Son observadores críticos, analizan la información, tienden a ser incrédulos, buscan siempre información adicional, pues no tragan entero, son líderes y los reconocen por eso. Tienden a ser independientes y a valerse por sí mismos”, explica el neuropsicólogo Eduardo José Bueno.“Son individualistas, buscan ser libres, son menos ajustados a las normas y a las convenciones. Suelen ser excéntricos. Les atrae lo novedoso. Siempre están pensando de manera vanguardista y creando teorías propias”.“Siempre están buscando sus propias respuestas e intereses, son persistentes, tienen un vocabulario rico, buena memoria y un pensamiento lógico bastante elaborado”, continúa el médico. Y en algunas áreas del conocimiento, no en todas, su capacidad está por encima de lo que se espera.Ese último es uno de los mitos que se tienen sobre los niños con capacidades excepcionales: que todo lo pueden y que todo lo hacen. Eso no es cierto, no necesariamente son buenos para todo. Tampoco es verdad que todos suelen ser apáticos o desorganizados, pues muchos son muy ‘bien comportados’, adecuados y organizados, pues para evitar ser vistos como “raros” tienden a ocultar ese rasgo de ‘sabelotodo’ por miedo a las reacciones adversas. Si las familias no entienden sus necesidades, si los sobrevaloran y les exigen demasiado (bien sea porque ponen en ellos expectativas muy altas o porque ignoran sus capacidades), o si no les dan acceso a las ayudas que requieren para su integración y desarrollo, esto afectará su autoconcepto y desarrollo afectivo y se dará el efecto Pigmaleón negativo: ocultar sus habilidades como estrategia para encajar en el contexto.Cómo definirlos: no a los estereotiposActualmente hay un gran debate científico sobre cómo definir a los mal llamados ‘niños genios o súperdotados’. Según el neuropsicólogo Eduardo José Bueno, “ahora se prefiere llamarlos ‘niños con capacidades excepcionales’, dentro del modelo educativo y social de inclusión, que pretende generar paradigmas que expliquen a los grupos sin generar diferenciaciones y evitar que sean segregados”. Llamarles ‘genios’ o ‘súper dotados’ es ponerlos en una categoría de personas “extrañas” o “raras”. Son términos segregadores, que los apartan de la normalidad y los aíslan. Ahora se propende por una sociedad incluyente, independiente de su condición cognitiva. De alguna manera, dice Bueno, hay que diferenciarlos para proveerles estrategias educativas y adaptativas curriculares necesarias, pero siempre dentro de la integración y evitando etiquetarlos. Consejos para los padresHay que basarse en el concepto del respeto por los intereses y aficiones que el niño va mostrando, sin sobre forzarlo o comprometerlo en cosas que este no puede hacer. A los niños se les puede decir que tienen unos grados de inteligencia superiores al común denominador, lo cual, bien manejado, será un estímulo. Evitar estereotipos que asocien la excepcionalidad con rareza o enfermedad. Brindarles seguridad psicoafectiva, para que salven su autoestima, ya que pueden pensar que su inteligencia es mala o tener sentimientos de culpa, al sentirse incomprendidos por su entorno. No hay que creerlos adultos, sino tratarlos como lo que son: niños. Hoy en día, en cuanto a la educación, se aboga por el derecho a la participación en igualdad de condiciones. Hay opciones como ‘Homeschooling’ o educación desde el hogar o enseñanza individual en clases heterogéneas. Según la psicóloga Marta Elena Osorio, es recomendable matricular a estos niños en colegios de educación personalizada con énfasis en inteligencias múltiples o donde puedan aprender dos o más idiomas. Y apoyarlos en actividades extracurriculares.