En el país se confirmó oficialmente la presencia del fenómeno de El Niño, luego de varios meses de seguimiento a las condiciones del océano Pacífico y la atmósfera. Dicha decisión marca un nuevo momento en la preparación institucional frente a un escenario de posibles menores precipitaciones, temperaturas más elevadas y riesgos para el abastecimiento de agua y energía.

Aunque las señales climáticas se advertían desde junio de 2026, la consolidación del fenómeno responde a criterios científicos que van más allá del calentamiento del océano.

La confirmación oficial no significa que el fenómeno haya comenzado apenas ahora. La diferencia radica en la evolución de los indicadores científicos utilizados para determinar cuándo las condiciones observadas alcanzan los criterios necesarios para reconocer un episodio consolidado.

Entre los factores evaluados están las anomalías en la temperatura superficial del mar, su persistencia y la respuesta de la atmósfera, incluidos los cambios en los vientos, la nubosidad y los patrones de precipitación.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) también considera estas variables en el seguimiento del fenómeno.

Por eso, las alertas tempranas y la declaración oficial cumplen funciones distintas: las primeras permiten anticipar escenarios posibles, mientras que la segunda responde a la evolución de las condiciones climáticas observadas.

El Ideam confirmó oficialmente la presencia del fenómeno de El Niño en Colombia, un escenario climático que mantiene en alerta a las autoridades por sus posibles efectos sobre las lluvias, las fuentes hídricas y el suministro de energía. | Foto: El País

Menos lluvias y temperaturas más altas

Las proyecciones advierten que Colombia podría experimentar una reducción de las precipitaciones y un aumento de las temperaturas durante los próximos meses. Aunque todavía se presentan lluvias propias de la temporada en las regiones Caribe, Andina y Pacífica, el déficit de precipitaciones podría intensificarse a partir de diciembre.

Los efectos previstos se extenderían durante el primer semestre de 2027, en un escenario en el que el fenómeno podría alcanzar una intensidad fuerte o muy fuerte.

Uno de los puntos de mayor atención es la disponibilidad de agua. La disminución de las lluvias puede ejercer presión sobre las fuentes hídricas y aumentar la vulnerabilidad de las zonas que dependen de ellas para el abastecimiento. A esto se suma el riesgo de incendios forestales en áreas expuestas a condiciones secas.

Sin embargo, El Niño no implica que desaparezcan las lluvias en todo el territorio nacional. Su comportamiento varía según la región, la época del año y las condiciones locales. Por esta razón, la preparación también contempla la atención de eventos.

Las entidades nacionales deberán tener formulados y activados sus planes de contingencia antes del 30 de noviembre. | Foto: El País.

Ante la evolución de las condiciones climáticas, el Gobierno Nacional puso en marcha una respuesta interinstitucional para fortalecer las acciones de prevención y atención. Las medidas se enmarcan en la Directiva Presidencial 03 y la Ley 1523 de 2012, relacionada con la gestión del riesgo de desastres.

De acuerdo con las instrucciones impartidas, las entidades responsables deberán tener formulados y activados sus planes de contingencia a más tardar el 30 de noviembre. El plazo establece una fecha concreta para organizar las capacidades de respuesta antes de que puedan intensificarse los efectos del fenómeno.

Por su parte, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible adelanta medidas orientadas a la protección de los ecosistemas estratégicos, las fuentes hídricas y las zonas con mayor vulnerabilidad frente a la disminución de las precipitaciones.