La primera tragedia del terremoto que sacudió a Venezuela fueron los casi 4.000 muertos y los edificios reducidos a escombros. La segunda apenas comienza: miles de familias tendrán que reconstruir sus viviendas con sus propios recursos porque nunca contrataron un seguro contra sismos.

Según el programa satelital europeo Copernicus, alrededor de mil edificios quedaron destruidos o gravemente afectados por el doble movimiento telúrico del pasado 24 de junio. Otras estimaciones elevan la cifra a 10.000 edificaciones con algún grado de daño, entre casas, apartamentos y locales comerciales. Pero el dato que más preocupa es otro.

La Cámara de Aseguradores de Venezuela (CAV) calcula que 94 de cada 100 inmuebles afectados no estaban asegurados, por lo que sus propietarios dependerán del apoyo estatal o de las ayudas internacionales para reconstruir sus viviendas.

Lo ocurrido en el país vecino deja una pregunta para Colombia: ¿qué pasaría si un terremoto de esa magnitud golpeara ciudades como Cali? Las cifras muestran que este país tampoco está preparado desde el punto de vista financiero.

Mientras avanzan las labores de evaluación de daños, miles de venezolanos enfrentan una segunda tragedia: reconstruir sus viviendas sin el respaldo de una póliza de seguro. | Foto: Viory

Según datos de Fasecolda, al cierre de 2025 apenas 1.259.323 viviendas contaban con un seguro de hogar, frente a 17.906.871 casas ocupadas proyectadas por el Dane. En otras palabras, solo el 7 % de las viviendas colombianas están aseguradas, mientras que el 93 % tendría que asumir por su cuenta la reconstrucción de su patrimonio después de un terremoto, un incendio u otra emergencia de gran magnitud.

Lo paradójico es que proteger una vivienda resulta mucho más económico de lo que la mayoría imagina.

Una cotización realizada por El País con varias compañías aseguradoras encontró que asegurar un apartamento con un valor cercano a $ 300 millones cuesta entre $ 550.000 y $ 700.000 al año, es decir, entre $ 46.000 y $58.000 mensuales, dependiendo de las coberturas, el deducible y las características del inmueble: lo que cuesta un plan de celular.

- El problema de los seguros en Colombia no es el precio. El verdadero problema es la falta de cultura alrededor de la importancia de la prevención - explica Angélica María Garzón, asesora y directora de Garbo Seguros.

Mientras avanzan las labores de evaluación de daños, miles de venezolanos enfrentan una segunda tragedia: reconstruir sus viviendas sin el respaldo de una póliza de seguro. | Foto: Viory

Según su experiencia, la mayoría de los colombianos percibe mucho más fácilmente el riesgo de sufrir un accidente de tránsito que el de perder su casa, lo que explica que el seguro del carro esté más extendido entre los ciudadanos.

- La gente piensa en asegurar su vehículo porque conduce todos los días. Con la vivienda ocurre lo contrario: se tiene la idea de que nunca va a pasar nada y por eso no se considera necesario protegerla.

Angélica advierte que quienes tienen seguro de hogar, en la mayoría de los casos, es porque el banco lo exige al adquirir un crédito hipotecario y se incluye dentro de la cuota mensual, pero no porque se considere importante adquirirlo. Tampoco se conocen los beneficios que incluye. Por citar un caso sencillo, es posible solicitar un cerrajero sin costo en caso de que se les cierre la puerta con las llaves adentro.

- Cuando terminan de pagar el crédito hipotecario, cancelan el seguro porque creen que no vale la pena.

Para Fasecolda, esa baja cultura del aseguramiento representa una enorme vulnerabilidad para el país.

La devastación en la zona de La Guaira es evidente. | Foto: El País

- La brecha de protección sigue siendo muy alta. Si ocurriera un evento similar al registrado en Venezuela, alrededor de nueve de cada diez familias tendrían que asumir por cuenta propia los costos de recuperación de sus viviendas -dice el gremio.

A Daniel Abril le sucedió. Su casa en el barrio Brasilia, de Armenia, se derrumbó tras el terremoto de 1999.

- Estábamos en el segundo piso. La placa se partió y caímos al primero. Como pude, salí y saqué primero a mi hija. Después regresé por la mamá de ella, que había quedado atrapada -recuerda.

Su hija sufrió una grave lesión en el rostro y la madre de la niña resultó con un pulmón perforado.

- Uno entra en shock. No siente el dolor. Solo piensa en salvar a la familia.

La tragedia no terminó cuando logró salir de los escombros. La casa no estaba asegurada.

- Nadie pensaba en eso. Uno veía terremotos por televisión en otros países, pero jamás imaginaba que algo así pudiera pasarle.

Estragos del terremoto de Armenia. | Foto: si

El subsidio de 8 millones que le entregó el Gobierno apenas alcanzó para levantar una parte de la casa donde hoy vive. Daniel hizo dos habitaciones, un baño y una sala pequeña; la casa era de tres pisos antes del terremoto. 27 años después todavía resume aquella experiencia con una frase:

- Es como si la vida lo reseteara a uno. Se empieza desde cero.

Cali: una ciudad con suerte, hasta ahora

Si hay una ciudad donde la discusión sobre la importancia de los seguros debería ser prioritaria es Cali. Durante los últimos 50 años la capital del Valle no ha sufrido un terremoto devastador. Sin embargo, está ubicada en una de las regiones con mayor actividad sísmica del continente.

- Cali está localizada en el Cinturón de Fuego del Pacífico y toda esa zona, desde Chile hasta Alaska, es sísmicamente muy activa. Por eso las exigencias de construcción aquí son mayores que en Bogotá, Medellín o Barranquilla -explica Gilberto Areiza Palma, profesor de ingeniería civil de la Universidad del Valle.

La ciudad también está rodeada por varias fallas geológicas activas, entre ellas Cali-Patía, Guabas-Pijao, Palmira-Buga y Dagua-Calima.

- Ese sistema genera sismos superficiales muy cercanos a la ciudad -comenta el ingeniero Uber Francisco Gallego, especialista en evaluación de riesgo sísmico.

Los especialistas estiman que entre el 70 % y el 90 % de las edificaciones de Cali presentan algún grado de vulnerabilidad sísmica. | Foto: Montaje con foto de El Pais / SGC / AFP

Y aunque Cali no ha sufrido recientemente un terremoto de grandes proporciones, sí ha sentido los efectos de algunos de los más destructivos registrados en Colombia: Tumaco (1979), Popayán (1983) y Armenia (1999).

Pero la amenaza no depende únicamente de la ubicación geográfica. También de la forma como fue construida la ciudad.

Los especialistas estiman que entre el 70 % y el 90 % de las edificaciones presentan algún grado de vulnerabilidad sísmica, principalmente porque fueron levantadas antes de 1984, cuando entró en vigencia el primer reglamento colombiano de construcción sismorresistente, expedido después del terremoto de Popayán. Eso significa que miles de viviendas en Cali fueron construidas cuando todavía no existían normas para soportar movimientos de gran magnitud.

Barrios tradicionales como San Antonio, San Fernando y San Nicolás, El Peñón y buena parte del centro concentran numerosas edificaciones anteriores a esa reglamentación.

En sectores como Aguablanca, Siloé o Terrón Colorado ocurre un fenómeno distinto: muchas viviendas fueron levantadas mediante procesos de autoconstrucción por las mismas familias, sin diseños estructurales ni supervisión técnica.

- Las edificaciones construidas entre 1984 y 1998 también requieren revisiones porque las exigencias técnicas eran diferentes a las actuales -comenta Albert Ortiz, de la Escuela de Ingeniería Civil y Geomática de la Universidad del Valle.

Angélica María Garzón, directora de la compañía Garbo Seguros. | Foto: El País

Entonces, si un terremoto de gran magnitud golpeara a Cali, viviría una situación muy similar a la que están viviendo los venezolanos. Según Fasecolda, apenas 72.585 viviendas de la ciudad cuentan hoy con seguro de hogar, una cifra reducida frente al total de casas.

Quindío registra la mayor cobertura del país, cercana al 15 % de las viviendas. Bogotá, Risaralda y Cundinamarca superan el 10 %. En contraste, departamentos como La Guajira, Amazonas, Chocó y Vaupés tienen coberturas inferiores al 1 %.

Para Angélica María Garzón, la explicación sigue siendo cultural:

- Los colombianos todavía creen que los seguros son un gasto y no una inversión para proteger el patrimonio e insisto, se desconoce todos los beneficios. Por ejemplo, un seguro de hogar también puede incluir responsabilidad civil. Si un visitante sufre un accidente dentro de la vivienda o si, por alguna circunstancia, usted causa un daño a otra persona en su inmueble, la póliza puede cubrir esos perjuicios. Sin embargo todavía hay personas que creen que un asesor llega a venderles algo que nunca van a necesitar y le cierran la puerta. La realidad es que nadie se levanta un domingo diciendo: ‘Hoy voy a comprar un seguro’. Solo empiezan a pensar en él cuando ocurre una tragedia como la de Venezuela.