Las imágenes duran apenas unos segundos. En ellas se observan grupos de estudiantes rodeando a dos adolescentes que se golpean mientras varios compañeros graban con sus celulares. Los videos, registrados dentro de la Institución Educativa Oficial INEM Jorge Isaacs de Cali, se difundieron rápidamente en redes sociales y provocaron una ola de reacciones entre padres de familia, estudiantes y ciudadanos.
La primera lectura fue inmediata: una crisis de disciplina.
Sin embargo, detrás de los videos emerge una pregunta más profunda: ¿qué está pasando dentro de las escuelas para que conflictos entre adolescentes terminen convertidos en espectáculos grabados y difundidos masivamente?
Los recientes enfrentamientos ocurridos en el INEM, protagonizados principalmente por niñas, llevaron a la Secretaría de Educación de Cali a activar una intervención institucional. Una comisión especial fue enviada al plantel para adelantar una investigación y acompañar a las directivas en la implementación de medidas orientadas a contener los episodios de violencia.
La respuesta oficial busca atender una situación puntual, pero el debate trasciende las paredes de una institución educativa.
Para muchos especialistas en convivencia escolar, las peleas son apenas la manifestación más visible de tensiones que se vienen acumulando desde hace años y que involucran factores familiares, sociales, emocionales y tecnológicos.
Las redes sociales, por ejemplo, han transformado la forma en que los adolescentes gestionan sus conflictos. Lo que antes podía resolverse en privado hoy encuentra una audiencia inmediata. Los enfrentamientos ya no solo ocurren frente a los compañeros de clase; también circulan en plataformas digitales donde se multiplican los comentarios, las burlas y las presiones.
El caso del INEM llega además en un momento particularmente complejo para la institución.
En abril de este año, el colegio fue escenario de una denuncia por presunto acoso sexual contra un docente. Según informó entonces la Secretaría de Educación, el caso fue trasladado a la Fiscalía General de la Nación luego de que varias estudiantes denunciaran presuntos tocamientos indebidos. Aunque el profesor había sido apartado del contacto con menores desde octubre de 2025, el episodio impactó la percepción de seguridad dentro de la comunidad educativa.
A ese antecedente se suma la controversia registrada en julio del año pasado por el presunto cobro para utilizar los baños del plantel. En aquella ocasión, las directivas defendieron la medida como parte de una estrategia para evitar que estos espacios se convirtieran en escenarios de consumo de sustancias, microtráfico y vandalismo.
Vistos de manera aislada, los hechos parecen responder a problemáticas distintas. Pero juntos dibujan un panorama más amplio sobre los desafíos que enfrenta una de las instituciones educativas más emblemáticas de Cali.
El debate que hoy rodea al INEM no se limita a determinar quién inició una pelea o cuántos estudiantes participaron en ella. La discusión de fondo apunta a la capacidad de la escuela para seguir siendo un espacio de protección, formación y convivencia en medio de una realidad social cada vez más compleja.
Mientras avanzan las investigaciones de la Secretaría de Educación, los videos continúan circulando. Pero más allá del impacto momentáneo de las imágenes, el episodio deja una inquietud que trasciende a una sola institución: si las peleas son el síntoma, ¿cuál es realmente la enfermedad que están reflejando las aulas?