En Cuarto de Legua, uno de los sectores más golpeados por el terremoto del pasado 10 de agosto, la noche del jueves se encendieron velas en memoria de las 35 personas que perdieron la vida cuando varios edificios colapsaron durante la tragedia.
La ceremonia, convocada por familiares, vecinos, líderes comunitarios y representantes de la Alcaldía de Cali, buscó transformar el dolor en un acto colectivo de recuerdo y acompañamiento para quienes hoy enfrentan la reconstrucción de sus vidas.
La plaza principal del barrio se llenó de luz y de silencio. Cada vela representó la historia de una víctima: un nombre, una familia, un proyecto de vida interrumpido. Los asistentes caminaron en procesión entre las llamas, depositando flores y fotografías junto a las velas mientras se escuchaban relatos breves sobre quienes ya no están.
Para muchos, la acción fue una forma de humanizar las cifras que desde los primeros días circularon en los reportes oficiales y en los medios: “Hoy quisimos mostrarle a Cali y a Colombia que no estamos hablando de cifras, sino de seres humanos, con nombre y apellido. Nos juntamos con la comunidad para recordarlos y demostrarles que, como ciudad, los vamos a seguir llevando en el corazón”, dijo Felipe Montoya, representante de la Alcaldía de Cali, durante el acto.
Vecinos como María José Rodríguez describieron la ceremonia como un espacio necesario para procesar el duelo y reafirmar la solidaridad entre quienes permanecen en el territorio.
“Las víctimas no son un número: son un papá, una mamá, un hijo, una hija; personas con sueños y una vida que merece ser recordada. Estamos en medio del dolor, pero debemos fortalecernos por ellos y por lo que queda”, afirmó Rodríguez, visiblemente conmovida.
Para otros residentes, la reunión fue también un llamado a la esperanza y a la reconstrucción comunitaria. “Encender esta luz, después de todo lo que hemos vivido, es muy reconfortante. Es un llamado a volver a juntarnos como caleños. Cali somos todos y este es un mensaje de esperanza para el resurgir de nuestra ciudad”, señaló Pedro Benítez, habitante del sector.
El homenaje no se limitó a las familias de las víctimas fatales. Organizadores y autoridades recordaron a quienes, aunque sobrevivieron, lo perdieron todo: viviendas, pertenencias y, en muchos casos, fuentes de ingreso.
Montoya subrayó la necesidad de acompañamiento integral: ayuda humanitaria inmediata, apoyo psicológico para el manejo del duelo y programas de vivienda y reconstrucción que permitan restituir condiciones de vida dignas.
“Hay personas que no perdieron la vida, pero sí lo perdieron todo. También queremos decirles que no están solas. Como ciudadanos y caleños, estamos dispuestos a darles la mano”, agregó.