El edificio Arábico, ubicado en la Calle 5 con Carrera 66, continúa bajo revisión luego de las afectaciones tras el terremoto del pasado 10 de agosto. Aunque las autoridades anunciaron el pasado viernes nuevas labores, entre ellas trabajos de apuntalamiento, un ciudadano que hace seguimiento a la situación asegura que hasta ahora estas labores no se han ejecutado.
Según el ciudadano consultado, actualmente existe presencia permanente de la Policía en tres turnos, durante la mañana, la tarde y la noche, una disposición que, de acuerdo con su versión, ha contribuido a controlar las situaciones que se estaban presentando en los alrededores del edificio.
También fueron instaladas vallas metálicas sobre la Calle 5 para delimitar el área y regular el tránsito vehicular. A esto se suma la cancelación de la Carrera 66 en sentido occidente-oriente, medidas que modificaron la circulación en el sector mientras continúa la revisión de la estructura.
Ciudadanos solicitan medidas
Y es que la inquietud de los habitantes del sector se concentra en dos acciones que, aseguran, fueron anunciadas durante la visita del viernes 18 de septiembre y que todavía no se habrían llevado a cabo.
Una de ellas corresponde al retiro del agua acumulada en los parqueaderos del edificio y la otra al apuntalamiento de la estructura.
“En la visita del viernes los funcionarios de la Alcaldía se comprometieron que ese día iban a evacuar el agua de los parqueaderos, que lleva más de 5 años inundados, y que iban a hacer un apuntalamiento. Esas dos acciones no se han realizado”, afirmaron en diálogo con El País.
Uno de los ciudadanos señaló que hasta el momento no se observan actividades relacionadas con ninguno de esos dos trabajos.
Cabe mencionar que el edificio está en manos de la Sociedad de Activos Especiales (SAE) y, luego de su desmantelamiento, dejaron de funcionar las motobombas encargadas de evacuar el agua acumulada en los sótanos después de las lluvias.
Según explicaron a este medio, el inmueble cuenta con dos niveles de parqueaderos ubicados a la altura del alcantarillado de la ciudad.
Ingreso y vandalismo después del terremoto
Por otro lado, la situación de seguridad alrededor del edificio también había generado alertas antes de las nuevas medidas. Una residente del sector contó que, después de que se retirara el personal encargado de custodiar el inmueble, comenzaron a registrarse ingresos de personas que intentaban retirar elementos del edificio.
“Empezaron a aparecer amigos de lo ajeno a intentar llevarse todo lo que podían. Desmantelaron las cortinas de los locales, ingresaron a esos espacios a robarse cualquier objeto que puedan vender para así acceder a un recurso económico”, explicó a El País.
Incluso mencionaron que en uno de los jardines del edificio habían unas válvulas siamesas, que son las llaves de contacto de los servicios de bomberos.
Según el ciudadano, durante tres días algunas personas utilizaron herramientas para intentar sacar estos elementos. La situación, afirmó, dejó de presentarse con la presencia permanente de la Policía en el sector.
Además de las labores anunciadas, la comunidad planteó la necesidad de contar con mediciones que permitan establecer si el inmueble ha presentado desplazamientos desde el terremoto. “Una inspección visual no es un diagnóstico. Es una visita que simplemente es una primera actividad para producir posteriormente unos estudios técnicos”, sostuvo.
Asimismo, manifiestan que el acompañamiento es fundamental pues no saben que podría suceder con el edificio. “Sigue temblando y en cualquier momento puede derrumbarse todo el edificio, aunque los cierres viales ayudan toca revisarlo y hacer más cosas”, dijo uno de los afectados.
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