La escena de los bebés siendo alimentados en el patio del Hospital Universitario del Valle se convirtió en una de las imágenes que dejó la emergencia. Detrás de ella estuvo Aurora Mercedes Luna Verbel, enfermera líder de la Unidad Cirena, dedicada al cuidado intensivo de recién nacidos, quien llevaba apenas unos minutos de haber iniciado su jornada cuando comenzó el temblor.

Según contó Luna a El Espectador, el terremoto comenzó a las 7:34 a.m. del lunes. En ese momento, la enfermera tenía a su cargo 36 bebés y se encontraba realizando el cambio de turno. La fuerza del movimiento provocó daños en la estructura del hospital, mientras el personal buscaba ponerse a salvo.

Luna recuerda que inicialmente pensó que el movimiento terminaría rápidamente. Sin embargo, al observar cómo caía parte del cielorraso y se abría una pared, comprendió que la situación era más grave.

Una evacuación en medio del caos

Aunque la infraestructura presentaba daños, los bebés permanecían tranquilos. En la zona de cuidados intensivos, algunos monitores habían terminado en el piso y había paredes abiertas, pero ningún elemento cayó sobre los recién nacidos.

“Mi prioridad era sacar a esos bebés. Cuando nos vio la gente, muchos se unieron y subieron por ellos”, expresó, y con apoyo de una de las jefas que terminaba su turno y de otros trabajadores, comenzaron a colocarles las identificaciones y a trasladarlos.

La evacuación también incluyó a los recién nacidos que dependían de equipos médicos. El personal llevó monitores, bombas de infusión, medicamentos y leche para continuar con la atención fuera de la unidad.

El terremoto dejó paredes abiertas y equipos médicos en el piso dentro de las áreas de atención del Hospital Universitario del Valle. | Foto: Gobernación del Valle

Cuando llegaron al patio, los recién nacidos fueron ubicados en una zona destinada al ingreso de ambulancias. Allí, las enfermeras tuvieron que adaptar las condiciones para continuar con su cuidado.

“Bajamos todo lo que necesitábamos para poder atenderlos: monitores, bombas de infusión, medicamentos y leche. Cuando vi que llegaron los últimos de cuidado intensivo, no volví a subir. Me temblaban las manos y los pies. Jamás lloré, luego sí, pero en ese momento no, por la adrenalina”, explicó a El Espectador.

Al lugar también comenzaron a llegar familiares que buscaban conocer el estado de los niños. Las enfermeras fueron las encargadas de transmitirles tranquilidad y confirmarles que los bebés se encontraban bien.

La imagen de los recién nacidos siendo alimentados en medio de la emergencia posteriormente comenzó a circular en redes sociales. Para Luna, sin embargo, en ese momento no había espacio para dimensionar lo ocurrido. Su atención estaba concentrada en mantener con vida y proteger a los pequeños.

Además, las consecuencias de la emergencia también modificaron por completo el funcionamiento de la Unidad Cirena (Unidad de Cuidado Intensivo para Recién Nacidos). Según el relato de Luna, antes del terremoto el servicio podía atender simultáneamente hasta 44 pacientes. Después de los daños, únicamente quedó capacidad para dos.

El miedo después de la emergencia

Días después del terremoto, Luna y sus compañeras trabajan en la zona de urgencias, debido a que el quinto piso no puede ser utilizado. Las condiciones también han reducido la capacidad del hospital para albergar a todos sus trabajadores.

“La gente tiene miedo de quedarse sin trabajo, pero me siento segura; se hicieron inspecciones. Más que miedo, siento incertidumbre de que vuelva a repetirse el temblor”.

La emergencia en el hospital incluyó el rescate de personas atrapadas en medio de los daños ocasionados por el terremoto. | Foto: Especial para El País

Tras 32 años en el hospital, Luna describe el terremoto como el día más difícil que ha vivido allí. El cansancio, explica, apareció después de la emergencia, cuando la adrenalina había disminuido.

No obstante, su recuerdo principal está relacionado con la respuesta de quienes estuvieron en el hospital. Según su relato, trabajadores de distintas unidades, personal de vigilancia y otros colaboradores participaron en la evacuación y cuidado de los bebés.

“Los bebés nunca estuvieron solos” es la idea que resume lo ocurrido aquel día. Mientras la infraestructura del hospital sufría los efectos del terremoto, el personal mantuvo como prioridad la atención de los recién nacidos.