“Allá donde estaba mi casa, no puedo hacer nada, pero aquí lo tengo todo”, dice Johana Duarte, resumiendo el contraste entre la vivienda que perdió durante el terremoto del pasado 10 de agosto y el apartamento en el que comenzó una nueva vida.

Su casa, ubicada en el barrio Colseguros, tuvo daños graves en los pisos, el alcantarillado, el techo, las paredes e incluso parte de la vivienda de su vecino terminó por derribarla, por lo que para ella, quien es el sustento económico de su hogar, la preocupación no era solo haberlo perdido todo, sino pensar cómo iba a pagar el arriendo, la alimentación y las necesidades de su familia.

La posibilidad de tener una nueva casa llegó de manera inesperada. La invitaron junto con su hija Mariángel, de 7 años, a un evento en el que el presidente de la República, Abelardo de la Espriella, les entregaría una ayuda económica para arrendar una vivienda.

Sin embargo, su pequeña se acercó espontáneamente al Mandatario para hablarle y de aquella interacción surgió la oportunidad de recibir un apartamento de la constructora Marval.

Johana recordó que la noticia la llenó de emoción. Ya instalada en su nueva casa, reconoció que todavía tiene dificultades económicas y cosas por resolver, pero también aseguró que contar con otro lugar al cual llegar le devolvió la tranquilidad.

“Es como estar uno acostado durmiendo y poderse levantar. Así es esto que nos pasó: tuvimos un sueño horrible y, cuando nos despertamos, nos dimos cuenta de que era una pesadilla”, cuenta.

Mariángel, hija de Johana, ya disfruta de su nuevo apartamento junto sus padres. Espera reunirse de nuevo con sus hermanos. | Foto: Suministrada a El País

Ya en su nuevo apartamento, su ilusión, además de seguir adelante para apoyar a su esposo y a Mariángel, ambos en condición de discapacidad, y a sus otros dos hijos, es compartir con los demás parte de su alegría.

Por ello espera poder cumplir otro sueño en esa casa: preparar un sancocho de gallina para recibir a las personas que les ayudaron en su momento más complicado.

Johana Duarte recibió las llaves de su nuevo apartamento, una oportunidad que llegó de manera inesperada después de que el terremoto del pasado 10 de agosto dejara gravemente afectada su vivienda en el barrio Colseguros. | Foto: Aymer Álvarez/ El País

“Quisiera tenerlos a todos en mi casa sentados y poderles servir un almuerzo con todo ese amor, con toda esa alegría, y decirles gracias”, afirma.

Esa invitación se la extendió al presidente De la Espriella, al alcalde Alejandro Eder, al Ministro de Vivienda, al gerente de la constructora Marval y a las demás personas que hicieron parte de su alegría.

Johana, quien además padece cáncer de seno, dice que tener un apartamento le alivió su carga y que ahora está más dispuesta que nunca a luchar por recuperar su salud y compartir con su familia.

Una casa para sanar

Para Marjorie Bastos, el cambio también significó recuperar algo que perdió después del terremoto: la tranquilidad.

Antes vivía en la Urbanización El Danubio, en Altos de Nápoles, y se quedó sin vivienda, por lo que recibir un apartamento de la constructora Marval le permitió dejar atrás la incertidumbre de no tener un lugar donde vivir.

“Me cambió la vida, me sacó de allá, del Danubio y me puso aquí. Me puso con una paz, con una tranquilidad, con una serenidad”, expresa desde su nuevo hogar.

Aunque el espacio aún tiene limitaciones y cuenta con pocos muebles, Marjorie ya piensa en lo que quiere construir allí, pues una de sus mayores ilusiones es reencontrarse con su hija, quien lleva cerca de 20 años viviendo en Costa Rica, y montar con ella un negocio de comidas.

En Altos de Nápoles y Altos de Santa Elena hubo afectaciones por el terremoto. | Foto: Tomada de X: @Kikaalzate

Su hija había trabajado en el sector gastronómico y, luego de la pandemia del Covid-19, comenzó a vender comida colombiana desde su casa. Por eso contemplan la posibilidad de poner en marcha un emprendimiento familiar o incluso un food truck.

Para ella, el apartamento no solo representa una solución habitacional, sino el punto de partida para imaginar un futuro en el que pueda compartir nuevamente y trabajar en un proyecto en común.

Además, reconoce: “Hay algunos caleños que siguen sin encontrar vivienda, siguen pasando necesidades, pero les digo que tengan fe y esperanza”.

Volver a comenzar después de la pérdida

La historia de María Camila Ospina estuvo marcada por una de las pérdidas más dolorosas que le dejó el terremoto del 10 de agosto: ella vivía con su esposo y sus dos hijos en la única edificación que colapsó en el barrio Alameda.

Su pareja murió durante la emergencia y desde ese momento ha tenido que aprender a continuar sola con sus hijos.

Antes del sismo, cuenta, ambos trabajaban para cumplir muchos sueños y uno de ellos era tener una vivienda propia. Incluso recuerda que su última conversación por WhatsApp fue sobre esos planes que tenían pendientes para el 2027.

Por ello, cuando recibió las llaves de un apartamento, sintió una mezcla de felicidad y tristeza. El sueño de tener un hogar propio se cumplió, pero ya no estaba la persona con quien lo había imaginado.

María Camila vivía en el barrio Alameda. Su vivienda colapsó, | Foto: El País

“Fue lindo porque tener un apartamento, tener su casa propia, es una gran ayuda. Pero también sentí tristeza porque era el sueño de mi esposo. Estar ahí cumpliendo ese sueño sin él es duro”, anota.

María Camila aún vive en casa de algunos familiares mientras adecúa el inmueble que le fue entregado por la constructora Las Galias en obra gris. Además, se continúa recuperando de una fractura, pero tiene claro que quiere seguir trabajando para sacar adelante a sus hijos.

“Es duro continuar sin él, porque llevábamos once años juntos, pero toca asimilar la realidad y seguir luchando. La idea es recuperarme y acomodar la vivienda al gusto de mis hijos y al mío”, comenta.

Asegura que está más motivada que nunca para sacar adelante su hogar y reitera su agradecimiento por la oportunidad de tener otra vivienda.

Al recordar lo ocurrido, deja un mensaje para las familias que aún pueden compartir con sus seres queridos, pues su reflexión nace de una ausencia que afirma nunca podrá reemplazar:

“Yo perdí a mi esposo en 90 segundos, que fue lo que duró el terremoto. Por eso les digo que amen a sus familias, que abracen a esa persona que tienen al lado, que compartan todo lo que puedan. La vida se nos puede ir en un minuto”.

Un hogar adaptado para una nueva vida

Para Estefany Echeverría, sobreviviente del colapso del conjunto residencial Iriguaní, en el barrio El Refugio, al sur de Cali, recibir las llaves de su apartamento significó tener un lugar al cual llegar luego de una larga recuperación.

Ella permaneció ocho horas bajo los escombros, junto con su Sofía, de 2 años, y sufrió heridas que llevaron a la amputación de sus dos piernas.

En el terremoto también perdió a su mamá y a su abuela.

El apartamento entregado por la constructora Meléndez fue acondicionado para facilitar su movilidad. Sin embargo, adaptarse a ese nuevo espacio ha sido un duro proceso emocional.

Estefany recuerda que al llegar sintió una alegría inmensa, pero que le tomó varios días entender que ese lugar sería su nuevo hogar.

“Cuando entré y las cámaras se apagaron, volví a mirar a mi alrededor. Todo era hermoso, pero no estaba mi mamá, no estaba mi abuela. Me costó entender que esta era mi casa”, confiesa.

Las primeras noches tampoco fueron fáciles; al cerrar los ojos, recordaba el movimiento del terremoto y tenía que repetirse a cada minuto que estaba a salvo.

Con el paso de los días logró sentirse más tranquila y encontró en su nueva vivienda el lugar para continuar su recuperación junto con su hija y otros familiares.

Su próximo objetivo será avanzar en la rehabilitación y, más adelante, retomar su profesión como psicóloga; sueña con dar terapias, volver a los talleres, una labor que ama profundamente.

A pesar de los sufrimientos que le dejó el terremoto, hoy es una voz de esperanza para todos los caleños, pues afirma que la ciudad cambió por completo luego del movimiento.

“Yo les digo que no pierdan la fe, que sean unas personas completamente resilientes y apegadas a Dios. Sé que hemos pasado por momentos muy difíciles, por pérdidas muy grandes, tanto económicas como personales y emocionales, pero la vida sigue y, así como hay cosas malas, también han sucedido cosas muy buenas. No nos dejemos nublar por lo sucedido y veamos las nuevas oportunidades”, dice.

Estefany Echavarría superó 21 cirugías y regresó con su familia dos meses después del terremoto | Foto: Montaje con captura de video @NoticieroNoti5/ foto de Cortesía

Todos los caleños tienen recorridos distintos, pero comparten algo: la decisión de seguir adelante aun cuando el camino no ha sido fácil.

Para algunas personas el nuevo hogar significó recuperar la tranquilidad y, para otras, cumplir un sueño que habían imaginado junto a quienes ya no están.

Las viviendas que recibieron no borraron las pérdidas ni resolvieron todas las necesidades que les dejó el sismo, pero sí son un espacio para volver a hacer planes, cuidar a sus familias e iniciar una nueva etapa.

Reconstruir no consiste únicamente en levantar paredes o entregar llaves, sino en recuperar, poco a poco, la confianza en el futuro y encontrar motivos para volver a empezar.