El panorama en esta importante zona residencial del sur de la capital del Valle del Cauca es profundamente desolador tras el fuerte sismo que sacudió a la región la semana pasada. En las inmediaciones del tradicional barrio Cuarto de Legua, el constante flujo de habitantes caminando por las calles pavimentadas con pertenencias a cuestas se ha convertido en la escena desgarradora y predominante tras la catástrofe natural.

Decenas de familias enteras han tomado la dura y amarga decisión de abandonar de forma definitiva o temporal sus propiedades habitacionales. Las severas afectaciones observadas en las estructuras residenciales y el miedo latente a posibles movimientos telúricos de consideración han forzado este éxodo masivo e inevitable en este tradicional sector caleño.

Decenas de familias enteras han tomado la dura y amarga decisión de abandonar de forma definitiva o temporal sus propiedades habitacionales. | Foto: Jorge Orozco/El País

A través de registros en audiovisuales captados directamente en el lugar de los hechos, se observa con claridad a los ciudadanos desplazándose por las vías principales cargando maletas de viaje, bolsas plásticas, cobijas, enseres básicos y mascotas. La incertidumbre generalizada sobre el estado real de habitabilidad de los edificios acelera la evacuación voluntaria de los predios por parte de la población golpeada.

Muchas de las edificaciones multifamiliares del vecindario muestran notorias grietas profundas, desprendimiento masivo de fachadas y daños irreversibles en elementos estructurales clave tras el potente terremoto ocurrido el pasado lunes. El deterioro visible en los muros externos ha llevado a que los organismos técnicos delimiten de inmediato las zonas de mayor peligro y acordonen el paso peatonal cercano.

La constante zozobra por la ocurrencia inminente de nuevas réplicas de gran magnitud mantiene en alerta máxima a las golpeadas comunidades del sur. Varios pobladores prefieren buscar refugio inmediato en viviendas de familiares cercanos o en albergues temporales adecuados por la alcaldía, antes que pernoctar dentro de los apartamentos gravemente sacudidos por la falla sísmica.

En los alrededores de las vías intervenidas, el ruido y tránsito constante de maquinaria pesada se mezcla con el paso apresurado de residentes que regresan por breves minutos a sacar ropa, medicinas y documentos esenciales. Las autoridades locales de gestión del riesgo han insistido en que cualquier ingreso a las estructuras con severas averías debe realizarse con extrema precaución y bajo supervisión oficial.

Grupos especializados de ingenieros civiles y evaluadores de emergencias han comenzado a recorrer minuciosamente el vecindario para determinar cuáles edificios deben ser objeto de demolición inmediata y cuáles podrían someterse a procesos de reforzamiento. Entretanto, las calles lucen progresivamente vacías en contraste con la intensa vida comunitaria que solía caracterizar a esta franja residencial caleña.

Grupos especializados de ingenieros civiles y evaluadores de emergencias han comenzado a recorrer minuciosamente el vecindario. | Foto: Jorge Orozco/El País

El complejo drama humanitario de los propietarios y arrendatarios que se han quedado repentinamente sin vivienda se suma a las difíciles tareas de reconstrucción que afronta la administración municipal en toda la zona urbana. Los censos de damnificados continúan en desarrollo para canalizar de manera prioritaria los apoyos económicos y subsidios de arrendamiento temporal destinados a las familias que perdieron su patrimonio material.