Recuerdos del balón: cuando Rosario Central 'exorcizó al diablo' en solo dos minutos

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Recuerdos del balón: cuando Rosario Central 'exorcizó al diablo' en solo dos minutos

Abril 10, 2020 - 04:16 p. m. Por:
Álvaro José Carvajal Vidarte- Reportero de El País

América de Cali fue eliminado de la Copa Libertadores 2001 por Rosario Central.

Diseño: Henry Ríos Daraviña - El País

El fútbol está lleno de momentos épicos, gestas que parecen improbables hasta para el hincha con más fe: esas que rompen con cualquier tendencia, desafían la estadística y el sentido común y confirman por qué este deporte despierta tantas pasiones y alegrías... pero también, tristezas.

Porque las hazañas siempre tienen dos lados: en uno, las sonrisas, las lágrimas de felicidad, las manos en la cabeza y la mirada al cielo; en el otro, las manos en el rostro, la mirada en el vacío y la búsqueda de explicaciones en lo terreno y en lo divino. Y en este último costado estuvieron los hinchas del América de Cali, un 29 de mayo de 2001.

Copa Libertadores. Cuartos de final. Un solitario gol de Juan Antonio Pizzi, nombre que quedaría grabado en la mente de los hinchas escarlatas, le dio el triunfo a Rosario Central en la ida, jugada el 22 de mayo. Un marcador que se veía corto y remontable para el equipo caleño, que en la 'caldera' del barrio San Fernando buscaría darle vuelta y seguir con el sueño de lograr la anhelada Libertadores.

El día que Alexis Viera atajó dos penales en un partido ¡Y marcó uno!

Pasó una semana. Estadio Olímpico Pascual Guerrero. 8:00 p.m. Miles de almas escarlatas vivieron el partido desde las tribunas del 'Pascual', otros millones lo vieron a través del extinto canal PSN. Todos, esperanzados en una remontada que se hacía real con los tempraneros goles de Julián Vásquez (6') y José el 'Mono' Herrera (9') cuando hasta el reloj apenas estaba acomodando sus manecillas.

La tribuna latía a ritmo del 'y dale rojo dale' y en los barrios ya se escuchaba el estribillo de 'América tierra firme'. En el campo, los de azul y amarillo buscaban recuperarse del golpe, mientras los de rojo dominaban y se iban al camerino con un cómodo 2-0.

La segunda parte parecía solo un alargue innecesario de un desenlace obvio, una espera casi agónica para un Rosario Central que sufría el partido y deambulaba mientras América bailaba, animado por una tribuna que hacía el 'ole' y que volvería al éxtasis con un soberbio gol de tiro libre de Jersson González (68').

¿Algo más podría salir mal para el equipo argentino? Sí: quedarse con un hombre menos, tan solo ocho minutos después del 3-0. “Prácticamente liquidamos desde el primer tiempo el partido, ya lo demás fue trámite o manejar el resultado” respondía a la transmisión un joven Fabián Vargas, quien además decidía no escoger entre River Plate y Cruz Azul como el rival que más prefería en semifinal.

'El Mono' parecía reliquidar el marcador con un 4-0 lapidario a 10 minutos del final, pero el línea anuló el grito de gol. Ya antes David Ferreira había tenido un disparo al travesaño y otro claro que quedó en las manos de Laureano Tombolini. De todas maneras, para muchos que apagaron el televisor y se fueron a tomar una siesta o se levantaron de sus asientos y partieron rumbo hacia sus casas, la historia ya había terminado.

Pero en el fútbol nada está dicho hasta que todo esté escrito. Y cuando solo faltaban dos minutos para el final del tiempo reglamentario, bastó una desconcentración, un pestañeo, un error de cálculo de Luis Barbat para que Pizzi recibiera un centro lanzado desde oriental y pusiera el 3-1.

Herido en su orgullo, América tuvo segundos después cómo espantar los fantasmas y calmar los nervios, pero justo esa falta de cabeza fría impidió que un contragolpe que tenía a Vásquez, Herrera y Ferreira en frente de Tombolini terminara en un nuevo grito de gol que, a estas alturas y de manera increíble, tenía tintes de alivio.

Y pasó lo impensado, lo increíble, lo que solo estaba en la cabeza de los hinchas rosarinos que a esas alturas solo esperaban una intervención sobrenatural. El mediocampo de América pasó de bailar un vals coordinado a enredarse con su propia sombra; Barbat completó una noche de pesadilla con una nueva salida en falso y Pizzi, el héroe 'canalla', puso el 3-2 que empataba el global. Minuto 90. Silencio en el Pascual.

Claro está, el empate no garantizaba el milagro: Rosario debería vencer en los penales a un América que, aunque herido en su orgullo, aún tenía la ventaja en su campo. Sin embargo, los 'diablos' parecían condenados a una maldición que hizo recordar, por un momento, aquel 31 de octubre de 1987. Foad Maziri y Barbat fallaron sus cobros ante un Tombolini inspirado. Daniel Díaz anotó el primero de los rosarinos.

¿Podría tener esta historia más drama y mística? El dios del fútbol sonrió socarronamente: Barbat se sacudió de su mala noche y tapó los dos siguientes cobros, mientras Ferreira y Vásquez no fallaron. Líber Vespa mantuvo la paridad. Los últimos cobros de la serie de 5, de la 'Guama' Cardona y Pizzi, también fueron adentro.

De ahí en adelante la balanza no se desequilibraba. “¡Tapó Barbat! ¡Tapó Tombolini!” repitió en varias ocasiones el narrador del encuentro hasta que Diego Erroz se encargó de poner el punto final al cuento épico de Rosario Central, silenció el Pascual Guerrero y dejó (aún más si se podía) helados a jugadores e hinchas escarlatas.


Hoy, casi 19 años después, los rosarinos siguen recordando ese juego como el “Milagro de Cali”. Hasta el gran Roberto Fontanarrosa rememoraba ese día con orgullo de hincha y su recuerdo lo convertía en mito, épica y poema. “Esa noche fue algo que se vive muy pocas veces en la vida” confesó hace unos años el arquero Tombolini en entrevista con el sitio web de su club.

El otro lado de la moneda lo vive la hinchada escarlata, que hoy en día sigue tratando de buscarle explicaciones a lo que pasó esa noche. A veces, la única explicación es que, por esas cosas del fútbol, en esa ocasión le tocó estar en el lado de la hazaña en el que nadie quisiera estar.

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