Ánderson Zapata, el jugador que superó una trombosis y que sueña con jugar de nuevo

Ánderson Zapata, el jugador que superó una trombosis y que sueña con jugar de nuevo

Marzo 24, 2019 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos - Reportero de El País
Anderson Zapata

Ánderson Zapata, defensa de América de Cali.

Bernardo Peña/ El País

Cuando terminó el primer partido del segundo semestre de 2018, en el que América venció 1- 0 como local a Leones, el defensa central Ánderson Zapata se sentía muerto.

–Terminé con la sensación de que había jugado cinco partidos y no uno. Estaba muy cansado. Era algo muy raro porque físicamente siempre he estado bien preparado. ¿Qué me pasa?, me decía.

En el segundo juego contra el Deportes Tolima, esta vez como visitantes, el ahogo lo sintió en la cancha. Cada que metía un pique, o hacía un cierre, Ánderson debía tomar bocanadas de aire. Respiraba como quien pasa mucho tiempo bajo el agua y por fin sale a la superficie.

–Era como si no me llegara el oxígeno.

Un par de semanas después, en Tunja, la capital más alta de Colombia y una de las 15 ciudades más altas del mundo (2720 metros sobre el nivel del mar en promedio), el ahogo lo sintió apenas en el calentamiento previo al juego contra Patriotas de Boyacá, por la cuarta fecha del torneo.

Cuando finalizó el primer tiempo era tanto el cansancio, que en el camerino debieron ponerle oxígeno. El partido terminó 0-0 y Ánderson Zapata estuvo a punto de morir.

–Una semana después de ese partido, íbamos a jugar contra Nacional. En la concentración para ese juego no pude dormir. Sentía un dolor desesperante en la pierna derecha. Como unos corrientazos. Si me quedaba quieto, el dolor era más intenso. Tal vez ese día nadie se dio cuenta, o a lo mejor Pedro Franco, mi compañero de habitación, sí, pero salí a dar una vuelta alrededor del hotel porque no aguantaba el dolor.

Ánderson le da un sorbo a un chai en el café El Viajero, ubicado en Pance y propiedad del futbolista y amigo suyo Héctor Quiñones, donde acostumbran a reunirse algunos jugadores del América. Después de girar hacia su derecha para observar a su hijo Joel y a su esposa, que permanecen en los juegos infantiles de una plazoleta, continúa.

–Pasé toda la noche en vela a apenas horas del partido contra Nacional. Al otro día era una obligación bajar temprano a desayunar. Me paré rápido del comedor del hotel y le dije al médico del equipo (Carlos Alexánder Restrepo): “me voy a dormir porque no he dormido nada”.

Intenté dormir otra vez y no pude. Ahí me preocupé. El dolor en la pierna seguía. Volví a buscar al médico en su habitación. Cuando me vio la pierna, dijo: “¡vámonos!”. La tenía inflamada. El gemelo estaba hinchado. Fuimos a la clínica Sebastián de Belalcázar. Unas horas después le pregunté a un doctor de la clínica a qué horas me podía ir para jugar el partido. Y él me contestó: “usted debe quedarse hospitalizado. No murió de casualidad. Tiene una trombosis”.

Cuando lo examinaron, Ánderson tenía un trombo en la pierna derecha que impedía que la sangre fluyera. Por fortuna la masa de sangre sólida estaba ubicada abajo de la rodilla. De lo contrario, había que operar inmediatamente para evitar que el coágulo viajara al corazón o al cerebro. En una resonancia de contraste aparecieron dos trombos más en los pulmones, lo que explicaba su agotamiento en los partidos.

A los médicos que atendieron su caso les costaba entender cómo pese a ese diagnóstico había jugado al fútbol en una de las ciudades más altas del mundo y aún estuviera ahí, conversando con ellos.

Ánderson Zapata

***

Ánderson Zapata nació en Medellín hace 34 años. Cuando tenía 9 a su padre, Óscar Tulio Zapata, un arquitecto y alguna vez boxeador aficionado, lo asesinaron durante un operativo del DAS. Al parecer todo se debió a unos amigos de Óscar Tulio, que llevaron a su casa unos cuadros robados.

Cuando llegaron los hombres del DAS, alguien, desde adentro, disparó y mató al encargado del operativo. Eso hizo que el DAS allanara la casa, pusieran a todos contra el piso, y dispararan. En las investigaciones se determinó que un hombre gritaba: ¡entréguense!, ¡entréguense!
–Nosotros dedujimos que era mi papá, que no tenía nada que ver con lo que pasó. Era el hombre más correcto del mundo.

Tras el fallecimiento de su padre, Ánderson, junto a su madre y sus cinco hermanos, decidieron trasladarse a Cali, donde tenían familiares que les tendieron una mano. Llegaron al sur, al barrio Capri, y allí Ánderson se hizo ayudante en un club de tenis.

El club estaba ubicado atrás de donde actualmente está el supermercado La 14, sobre la Avenida Pasoancho, y por cada media hora recogiendo pelotas, le pagaban $500. Era 1994, así que $500 o $1000 era más que suficiente para que un niño comprara en las tiendas los dulces que quisiera.

Los fines de semana jugaba al fútbol en la cancha del barrio. Fue así como lo vio Diego Marmolejo, en ese entonces goleador de la Selección Valle y del Boca Juniors de la ciudad, quien le preguntó si le gustaría jugar en un equipo. Anderson aceptó y Marmolejo arregló todo para que hiciera las pruebas en el Boca.

Al entreno fue con su hermano, Andrés Zapata, que no pasó las pruebas. Ánderson las superó el mismo día y ese fue el comienzo de su carrera como futbolista. En ese entonces, tal vez por su rapidez —alguna vez su padre lo llevó a practicar atletismo— jugaba como delantero.

Un mes más tarde un técnico le sugirió que bajara a la posición de volante diez. Hasta que el profesor Rubén Darío Tintinago lo ubicó como volante seis y poco después terminó consolidándose como defensa central.

–Conocer todas las posiciones me ha ayudado mucho para entender el fútbol. En Rionegro, por ejemplo, jugué hasta de volante extremo y quedé cuarto goleador del torneo de la B, con unos 8 goles.

Cuando tenía 15 o 16 años, mucho antes que eso, su familia decidió regresar de Cali a Medellín y Ánderson no se sentía en condiciones de quedarse solo, por lo que hizo maletas.

En Medellín pasó las pruebas en el Envigado, que a su vez tenía un equipo alterno: Apuestas Ochoa. Alguien del Independiente Medellín lo vio jugar allí y le ofreció un contrato.

En la liga profesional del fútbol colombiano debutó un 16 de diciembre contra Junior de Barranquilla, en un partido extraño. Cuando el Medellín llegó al estadio Atanasio Girardot, los hinchas les pedían a los jugadores que perdieran.

– Si Nacional ganaba y nosotros ganábamos, Nacional (el rival eterno del Medellín) llegaba a la final. En cambio, Junior ganándonos a nosotros, pasaba automáticamente. Pero ese día todo salió bien. Le ganamos a Junior 1-0 y Nacional empató, por lo que no clasificó, que era lo que nuestros hinchas querían. Y yo debuté con triunfo.

Unos años más tarde, y gracias al profesor Hernán Torres —“mi papá en el fútbol, siempre estaré agradecido con él”—, Ánderson firmó con América tras haber salido campeón en la segunda división con Águilas Doradas, y militar en otros equipos como Millonarios y Patriotas.

(Lea también: La Selección Colombia, instalada en Seúl, prepara el amistoso ante Corea del Sur).

***

Cada 12 horas, Ánderson Zapata debe tomar un anticoagulante. La medicación hace que la sangre sea más líquida, por lo que previene la formación de trombos. Sin embargo, debe tener cuidado con los roces, una cortada, lo que podría generar hemorragias. Esa condición le impide, de momento, jugar al fútbol profesional, así los trombos que le detectaron hace 7 meses hayan desaparecido.

–Yo guardo la esperanza de jugar cinco años más. Tengo 34, nunca he tenido una lesión, he sido un buen profesional, no soy de trasnochar, salir a la calle, tomar. Me cuido en la alimentación porque tengo tendencia a engordar, entonces espero volver. Pero pasarme esto, te imaginarás lo duro que ha sido para mí, para mi esposa, para la familia.

Hay que tener cuidado, sin embargo. El diagnóstico pareciera lo que le sucedió al arquero Miguel Calero...

Casualmente me encontré a Mario Alberto Yepes (compañero de Miguel en la Selección Colombia) y yo no sabía mucho el tema de Calero, porque en Internet no sale mucha información. Pero me dice Mario que debo cuidarme, que no debo jugar hasta que los médicos determinen si puedo hacerlo o no. Parece que Miguel dejó de tomarse las pastillas y el coágulo le llegó al cerebro y falleció.

¿Qué han dicho los médicos de su caso?

No saben por qué se formaron los trombos. He ido donde neumólogos, reumatólogos, hematólogos y no saben por qué me ha pasado esto. Me han hecho cualquier cantidad de exámenes de sangre, y salen bien. Han descartado cáncer. Todo sale bien, gracias a Dios.

¿Entonces podría jugar pronto?

Todavía no. Ninguno de los doctores se anima a decirme: ‘deja de tomarte las pastas y juega’. Tampoco me dicen: ‘no puedes volver a jugar’. Por eso esta es la hora en que sigo incapacitado, a la espera de un diagnóstico definitivo.

¿A qué se ha dedicado mientras se define su situación médica?

Estoy haciendo el curso de técnico en la ATFA. Es un curso que reinicié. Porque como le dije a mi familia, yo no me veo en otra cosa distinta al fútbol.

¿Tiene contrato con América?

El contrato se me renovó automáticamente debido a lo que me pasó. América ha estado cumpliendo hasta enero. De febrero para acá no. Mi recibo de febrero fue cero. Estoy con el abogado de la Agremiación de Futbolistas para analizar por qué no me pagaron algo que me debían pagar.

¿Ha hablado con los directivos y con el médico Germán Ochoa?

Con el médico Ochoa he hablado muy poco. Él me preguntó cómo estaba después de lo que pasó, me preguntó cómo estaba la familia. Con don Tulio Gómez (el dueño del equipo) conversé el día que estuve hospitalizado. También hablaba con el ‘Gato’ (Ricardo Pérez, el presidente) y con Hárold Lozano, cuando podía ir al club a hacer mi recuperación. Hacía bicicleta, trotadora, hasta que llegó el momento en que, digamos, me cerraron las puertas.

¿Por qué?

Decían que por mi lesión no podía estar en la sede del club porque si me pasaba algo, ya eso sería un tema que pasaría a la Administradora de Riesgos Laborales, ARL. Ellos, curándose en salud, creo, tomaron esa decisión.

La vida cambió muy rápido, en cuestión de semanas...

La vida me cambió totalmente. Pasa uno de estar en concentraciones, en viajes, en el día a día entrenando, en los partidos, a estar en la casa y en citas médicas. Inclusive, he estado yendo donde una psicóloga. Extraño el fútbol. Ahora que América está bien, gracias a Dios, el hincha tiene que apoyar sí o sí, como siempre lo ha hecho. Apoyar a los jugadores. Cuando ese estadio se llena, 35 mil personas, ese apoyo que se siente, uy, te estoy contando y me erizo.

Ánderson Zapata se frota sus brazos.

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad