Renovación inaplazable

Junio 25, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Quienes ya están embarcados en las energías alternativas saben además que a la vuelta de un par de décadas el costo del kilovatio generado será en un 41%, en el caso de las energías eólicas, y en un 60%, en las solares, más barato que el de otras formas de producción. El beneficio adicional es que son instalaciones que requieren menor infraestructura, dependen de factores naturales y pueden llegar a rincones más apartados.

Hacer el tránsito de la energía generada por hidrocarburos a las llamadas energías limpias ya no es sólo cuestión de salud ambiental para el mundo. Es también un asunto económico por sus costos decrecientes y la posibilidad de brindar acceso del servicio a toda la población.Ya es conocido el impacto que tiene para el medio ambiente el uso de petróleo, gas o carbón en la producción de energía. La emisión de dióxido de carbono es la causa principal de la pérdida de la capa de ozono y el cambio climático que conlleva. Si se le quiere evitar un mayor daño y limitar a dos grados centígrados el aumento de la temperatura en las próximas décadas, como lo han prometido la mayoría de naciones, el primer paso es disminuir el consumo de esos hidrocarburos.Hacer ese cambio es la alternativa que han tomado varios países como un compromiso solemne, mientras otros lo hacen de manera más lenta y en algunos aún se ve como una posibilidad lejana. Hoy el 78,3% de la energía mundial sigue generándose con combustibles fósiles y otro 2,5% en las plantas nucleares. La parte positiva es que ya hay un 19,2% que se produce a partir de las fuentes limpias o renovables, e incluso en Europa esa capacidad llega al 32%. La decisión no tiene que ver sólo con ser un país desarrollado o estar entre los más pobres. Aunque hacer el tránsito de una tecnología a otra tiene un alto costo -se calcula que para hacer la renovación mundial se requieren 12 billones de dólares- que pueden asumir con más facilidad las naciones con mayor estabilidad y crecimiento económicos, el asunto es más de decisión, de gestión y de entender el beneficio que se recibirá en a futuro. Uruguay es ejemplo de cómo es posible conseguir los inversores o acceder a créditos para lograr que el 96% de la electricidad que consume ese país suramericano sea de fuentes de energía renovables como la eólica -a partir del viento- o la solar. Europa tiene previsto que en el año 2040 esa capacidad será del 70% mientras que China, agobiada por la peor contaminación del Planeta, acelera el reemplazo porque sabe que de lo contrario el costo para la salud de su país y de sus habitantes será terrible. Quienes ya están embarcados en las energías alternativas saben además que a la vuelta de un par de décadas el costo del kilovatio generado será en un 41%, en el caso de las energías eólicas, y en un 60%, en las solares, más barato que el de otras formas de producción. El beneficio adicional es que son instalaciones que requieren menor infraestructura, dependen de factores naturales y pueden llegar a rincones más apartados. Saber eso lleva a preguntare por qué Colombia, con su geografía privilegiada y variada, no ha aprovechado esas bondades y apenas produce el 0,2% de su electricidad con energías limpias. ¿No es acaso una solución al alcance para regiones como la Guajira, con su verano eterno y sus necesidades de servicios sin resolver? Quien no se suba en ese tren de las energías alternativas le hará un flaco favor al Planeta y a su medio ambiente, y de paso padecerá el rezago de no aprovechar sus ventajas.

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