Que triunfe la convivencia

Noviembre 27, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

"El deporte es la actividad llamada a la convivencia pacífica. A su alrededor todos son iguales, y si bien hay ganadores y perdedores, ello no puede llevar a desatar pasiones que terminen en tragedias".

Hoy se definirá el regreso del América de Cali a la primera división del fútbol colombiano. Aunque el triunfo debería ser motivo de alegría, y la derrota sería noticia triste, los dos resultados preocupan de manera grave a la ciudad. Cali amaneció con medidas especiales, cercanas a la emergencia. La Policía Metropolitana anunció el desplazamiento de 3.000 efectivos, la Administración Municipal dictó la ley seca a partir de ayer, estableció el toque de queda para menores los días sábados y domingos, y monto un operativo especial para controlar los accesos al Estadio Pascual Guerrero. Semejante movilización se explica por el deterioro que se presenta en el comportamiento de las barras de los equipos de fútbol. En el caso de nuestra ciudad, son los desmanes que se producen con la actuación de grupos que no son ya aficionados al fútbol sino organizaciones que usan las divisas deportivas para promover conductas antisociales que causan daño y en muchas ocasiones llevan la muerte a los hogares caleños. Por ello, este domingo es uno de los días de mayor tensión en la historia de nuestra ciudad. La razón no es otra que el temor a los desmanes que se produzcan con cualquier resultado. Si fuere el triunfo, por la celebración desenfrenada que puede desencadenarse por el ascenso del equipo rojo luego de cinco años de frustración. Y si se produjera la eliminación, por las mismas razones que en el pasado reciente han dado paso al vandalismo y el desafuero.Eso es producto de la tolerancia que se ha tenido en toda Colombia con un fenómeno delincuencial arropado con la falsa disculpa de los problemas sociales y la incomprensión. Son las barras bravas que causan tragedias en Bogotá o en Medellín, que se enfrentan en las carreteras dejando saldos de muertes y lesiones o que destruyen el estadio de Barranquilla, donde tratan de agredir a un futbolista por el sólo hecho de haber contribuido al triunfo de su equipo. En el caso de Cali, la situación es crónica. Ahora, el riesgo se agrava porque a 7.5000 miembros de esas agrupaciones se les prohibió la entrada al partido de hoy como sanción a una valla, sin duda injuriosa y rechazable, contra la rectora del fútbol colombiano. Serán entonces miles de personas regadas en la calle y dispuestas a dar paso a sus instintos. Y no debería ser así. El deporte es la actividad llamada a la convivencia pacífica. A su alrededor todos son iguales, y si bien hay ganadores y perdedores, ello no puede llevar a desatar pasiones que terminen en tragedias. Esos principios que acompañaron al fútbol colombiano durante cincuenta años, fueron reemplazados por comportamientos que desplazaron a los aficionados y al juego limpio, desembocaron en amenazas para la sociedad y causan zozobra, obligando a tomar medidas excepcionales como las que se han decretado en Cali.La ciudad se alegrará en caso de que el América regrese a la primera división. Pero tendría muchos más motivos para celebrar si la crucial jornada de hoy transcurre en paz, triunfa la convivencia y el resultado, sea cual fuere, no se convierte en motivo de tristeza.

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